domingo, 13 de agosto de 2023

XXI. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

    

    Buenas, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos: se trata de elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

    Dependiendo de la función que desempeñe cada término deberemos tener en cuenta las siguientes objeciones: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo); igualmente no se puede utilizar "amado" cuando la palabra a incluir es "amar", deberíamos poner, en todo caso, "había amado" (tiempo verbal).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: POESÍA, ALTABACA, FRAGMENTAR, HUECO, SALITRE, DESPERTAR, MUSARAÑA, VISLUMBRAR, EDIFICIO y PRISA.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Rafa Núñez Rodríguez
CAMINOS
    Siempre que camino por esa carretera, junto a la curva donde está el olivo sajado, me imagino cómo un rayo intentó fragmentar el tronco, que al final quedó como un fantasma leñoso.
    Por allí veo moverse las altabacas, a veces me detengo, me imagino que son unas musarañas que trabajan creando un edificio bajo tierra, uno profundo con los cimientos engarzados a los huesos que allí duermen. Incluso creo vislumbrar unos huecos en forma de chimeneas que hacen llegar al exterior la poesía, aletargada entre la pizarra y las raíces añejas, esa que espera despertar con el olor a salitre que nunca llega.
   Intento no hacer ruido, pero el movimiento siempre se detiene. Con cuidado muevo las hierbas, pero nada encuentro. Entonces sigo caminando sin prisa, sin notar cómo varios pares de pequeños ojos me observan con curiosidad mientras me voy alejando.
   Se miran entre ellos y siguen tocando las palmas, verde que te quiero verde.

Laura Pérez Alférez
CERCA DE TI
    Clavas en mí tus ojos, pintados con rasgueos de guitarra, y se me erizan las ganas. 
    —Qué bien te quedan esas poesías imposibles que has enredado en el hueco de tus rizos  —le decía.
  Te despiertas pensando en las musarañas, siempre, 'rokanroleándole' a la vida, fragmentando canciones de las que no recuerdas la letra. 
    —Pero te enamoraste de mí, creo que fue porque te servía los tequilas como nadie —me contestaba ella.
     Todo sigue igual, olores a altabaca, a mar y salitre. A través del cristal se vislumbra la resaca de las olas al retirarse de la orilla.
     Los años pasaron sin prisa, dejando grietas en el edificio y surcos en el corazón y los dedos.
   "Y si, después de todo, la mejor manera de ganarle tiempo al tiempo fuera olvidarse de él", sé que llegó a pensar ella.
     Continúas andando descalza por mis sueños.

Benet da Silva
INSPIRACIÓN 
    Las busqué en los huecos repletos de recuerdos de mi memoria y fragmenté mis pensamientos en breves ideas. Observé el despertar del sol en el amanecer frente al mar dejando que el salitre acariciara mi piel. Incluso las intenté vislumbrar en aquel histórico edificio, hasta me dediqué a pensar en las musarañas, por si se confiaban y se dejaban ver. Detuve las prisas con el olor de las altabacas de mi jardín. Pero a pesar de las tentativas, tan solo aparecieron al escuchar tu cantarina voz y observar tu largo y azabache cabello cubrir parte de tu rostro. Fue entonces cuando las musas acudieron a mí y en sus voces escuché la poesía imaginada.

Monse Martínez Serrano
VOLVER
    He fragmentado el hueco de tu ausencia en tantos pedazos como flores amarillas tenía la altabaca que vimos florecer en nuestro último otoño. Y, allá donde voy, me encuentro con trocitos de vacío quebrado en las grietas de edificios viejos y mohínos, en el salitre de los baños vespertinos que me sigo dando sin ti, en las musarañas en las que me sumo, sin prisa, para no anidarme en una cama desierta. 
    Anhelo despertar de este quebranto para vislumbrar poesía en las sombras de tus resquicios.
    Pasan los días y todos los fragmentos vuelven a mí con desdén. Como un mendigo famélico, los recojo con desgana. Los amontono sobre la mesa, aquella en la que nos rozábamos los pies bajo las sayas. Quizá ensamblando la amalgama, vuelvas. Con el deseo de restablecerte, acaricio cada pieza dándole el lugar que debe ocupar. Al acabar, algo en mi pecho se tensa y se rompe para abrir hueco a un corazón remendado que nunca tuvo que salir de mí.

Encarni Navas
ESPERANZA
    Me tachas de pensar solo en las musarañas, pero más allá de la prisa, del hormigón de los edificios, de los restos que se han fragmentado amontonándose en los huecos, cada amanecer despierto con el sutil aroma de la altabaca, del salitre que invade mi ventana y en  ellos vislumbro la esperanza de la poesía.

Mª Carmen Jiménez Aragón
POEMAS ATÍPICOS 
    Ella salió del edificio a toda prisa sin querer aceptar el "no" que le habían dado en la editorial. Debió estar soñando con las musarañas al vislumbrar la remota posibilidad de que le publicaran y hacerse un hueco en el Círculo de Escritores de Poesía Terrorífica. Pero este jarro de agua fría la despertó y la trajo a la realidad dejándole, incluso, un sabor a salitre en la boca.
    Aun así no se rendiría, ya encontraría dónde le aceptaran su "Altabaca sangrienta" o "El delfín del fin". Solo se trataba de fragmentar estrofas y meter algo melodioso de relleno.

Lidia Molina Zorrilla
MEDITAR PARA (NO) SAN(GR)AR
    Me vuelve a sangrar la nariz como en aquella ocasión en la que, gracias a un remedio casero de mi hermano, descubrimos que soy alérgica a la altabaca. Solo una señal más de mi cuerpo tratando de frenar esta prisa que conduce mis días.
    Necesito entregarme un rato a las musarañas. Meditar.
    ―Antes de dormir busco el hueco  ―me prometo.
    Ya en la cama. Meditar. ¿Cómo era? Unas escaleras, había que bajarlas creo, vislumbro la salida, pero el edificio comienza a fragmentarse, trato de ignorar los daños y continúo concentrada, encontrar un lugar seguro, eso era... Y aparece ante mí un escritorio impoluto, unas cuartillas, un boli bic y un lápiz, elección sencilla esta.
    Me siento y el grafito parece escribir solo...
«La tristeza se disfraza de cansancio,
las sonrisas forzadas saben a salitre,
poesía amarga que mi llanto calla».
    Una voz cálida me despierta. Busco la hora, agobiada.
    ―Tranquila, son las tres, parecías tener una horrible pesadilla.
    No respondo, si no lo escribo ahora mañana lo olvidaré, cojo el móvil y tecleo «Me vuelve a sangrar la nariz...»

Antonio Mora
VOLVER A NACER
   Dejó su fama, su dinero y su éxito por volver.  Para su tranquilidad, todo aparentaba estar tal y como quedó cuando decidió irse. La fachada tenía ya muchos desconchones, pero la puerta seguía conservando algo de su antaño color azul.
    Con mano temblorosa giró el pomo y entró. Un torbellino de recuerdos le asaltaron. Se vio con nueve años, cuando aquellas paredes tenían vida y el olor a salitre lo inundaba todo junto a las hierbas de su abuela en el rincón que hacía de cocina. Hierbabuena para los guisos, altabaca para curar sus heridas.
    Unas amarillentas hojas, firmadas por un tal Manuel Altolaguirre, plasmaban los versos de una poesía dedicada a su abuela.
    Por el pequeño hueco del ventanuco podía vislumbrar la perenne orilla donde la mar iba a morir, y se distraía, como cuando era pequeño y pensaba en las musarañas en vez de darse prisa por terminar los deberes del colegio. El edificio seguía estando justo detrás. Recuerda que el maestro le obligaba a fragmentar incomprensibles ecuaciones que lo hacían despertar de su mundo, aquel que vino a recuperar.

Dori Calderón Ramos
ADIVINA, ADIVINANZA
    Alta me llamo, Baca también...
    Sin prisa salgo del coche y, al mirar aquel matojo de flores amarillas, viene a mi memoria aquella adivinanza que mi abuela me canturreaba de pequeña sobre la altabaca. Ante mí, un edificio por cuyos balcones, con barrotes roídos por el salitre, se pasea una musaraña.
    Desde mi posición puedo vislumbrar un enorme hueco en el techo y una gran grieta fragmenta la casona en dos.
    Trato de despertar de la terrible pesadilla, pues aquello no puede ser la hermosa casa junto al mar con exuberante jardín y bellos balcones desde donde contemplar el mediterráneo que había alquilado con el fin de pasar el verano y terminar mi libro de poesía.
  El precio me pareció astronómico, pero la foto del lugar lo merecía.
    Atónita, bajé la mirada al matojo amarillento... Alta me llamo, Baca también, quien no sepa mi nombre, un tonto es. Pues sí, ¡tonta de remate!

Carmen Danna
LA SANADORA Y EL MAR

    Este viaje por la isla había sido por vacaciones. Tal vez no sea casualidad, toda la vida es una serie de acontecimientos llenos de coincidencias mágicas fuera de todo fragmentar racionalista.
    Aquel día, al despertar, tuve prisa en el paseo para la búsqueda de la altabaca, para poder aplicarla en pacientes que trataba en mi consulta. El salitre me llegaba. El mar parece que te habla en sus olores, la vida misma es una ráfaga de olor en el universo, no el tiempo lineal en el que creemos vivir.
    La musaraña rebuscaba entre los matorrales, ella se metió en un hueco dejándome a un lado, como la que deja a un lado un edificio en su camino. Los rayos de sol de la mañana hicieron vislumbrar ante mí la maravillosa planta sanadora. Pedí permiso al universo vegetal y la envolví en un hermoso pañuelo, dándome prisa en volver al hotel, para que no se me muriera.
    Aquel día llevaba dentro de mí toda la energía del mar y las flores que me inundaron de poesía.

Maite de la Cámara
CICATRICES
    María, cada mañana, abría  la ventana de su dormitorio y quedaba impregnada del salitre que desprendía el mar.
    Desayunando, ensimismada en sus pensamientos, le costaba salir del mundo de musarañas que había fabricado desde aquel día en  que Luis desapareciera de su vida sin ninguna explicación.
    Llegaba tarde al trabajo, salió a toda prisa del edificio y, a lo lejos, vislumbró la silueta de alguien familiar. Al intentar alcanzarle, metió el pie en el hueco de una alcantarilla rota. De repente, frente a ella, una mirada cautiva que la sobrecogió hasta llevarla al desmayo.
    En el hospital, cuando despertó, le dijeron que se había fragmentado un tobillo y que la habían traído en una ambulancia. Ella preguntó si le había acompañado alguien hasta allí, a lo que la enfermera respondió que no, que estaba sola.
    Le entregaron una bolsa con sus pertenencias y entre ellas había una nota que decía: 
   "Querida María, ponte altabaca para el dolor del pie y para curarte el alma lee poesía. Cuídate siempre, Luis."




viernes, 4 de agosto de 2023

I VELADA POÉTICA "PERIANA BAJO LAS ESTRELLAS"

    
























 El 4 de agosto tuvo lugar nuestra I Velada Poética en el pueblo vecino de Periana. Agradecemos enormemente al Excmo. Ayto. y a la Concejalía de Cultura la oportunidad de poder desarrollar nuestras actividades en su municipio.
    El recital comenzó a las 21:30h con la actuación especial del actor veleño Eduardo Roberto, quien interpretó al celebre personaje don Quijote de la Mancha en varios pasajes de la obra de Cervantes. 
  Seguidamente disfrutamos de la participación de numerosos miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela que recitaron poemas, propios o no, interpretaron una bella canción en lengua de signos y se arrancaron a cantar algunos versos de un poema, todo ello acompañado por la guitarra del maestro Manuel Fernández.
    Tras otra breve actuación de don Quijote, se dio paso al micrófono abierto donde los asistentes podían acercarse al micro y compartir su poemas.
    Cerró la velada nuestro amigo don Quijote nombrando a quien sería su fiel escudero, "Rafalón de La Viñuela". Una sesión de 'photocall' y un refrescante y suculento aperitivo pusieron broche final al acto. 
    Emociones que surgieron bajo el cielo estrellado de Periana y que nos dejaron muy buen sabor de boca por la gran acogida y la notable participación. Esperamos contribuir a la difusión cultural próximanente con nuevas aportaciones.

martes, 18 de julio de 2023

XX. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

    Buenas, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos: se trata de elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

    Dependiendo de la función que desempeñe cada término deberemos tener en cuenta las siguientes objeciones: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo); igualmente no se puede utilizar "amado" cuando la palabra a incluir es "amar", deberíamos poner, en todo caso, "había amado" (tiempo verbal).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: HIGUERA, DESPROPÓSITO, ASOLAR, TEMPERAMENTO ALMA, GUITARRA, LUMINISCENCIAS, ICONO VELAR y ACARICIAR.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Maite de la Cámara
RAÍCES
    Aquel día de verano, bajo un árbol, Manuel tocaba la guitarra. Al fondo,  se escuchaban las máquinas de la constructora que había adquirido el terreno y que asolarían, tristemente,  aquel bello paisaje.
    Manuel dejó de tocar ante ese despropósito. Él siempre tuvo un carácter fuerte y de gran temperamento, pero sabía que no podía hacer nada ante esa vil injusticia. Pensó, que ya no vería las luciérnagas brillar en la noche y que en su lugar,  vería algunos iconos de tráfico  que reflectarían su luminiscencia con las luces de algún coche.
    Ese sería el último día en el que estaría junto a la higuera que había plantado su abuelo. La abrazó, la acarició y la veló toda la noche,  hasta que Morfeo,  lo acunó y lo llevó hasta un sueño profundo.
    Al día siguiente, la excavadora arrancó las raíces de la higuera y junto a ellas, el alma de Manuel.

Rafa Núñez Rodríguez
HERIDAS
    Acaricio la piel de la higuera, una cicatriz a mitad del tronco con un corazón, tus iniciales y las mías.
   Un icono de algo que debimos velar y no supimos. El temperamento tuyo o mío, da igual, todo se convirtió en un despropósito de sábanas revueltas y palabras hirientes, tu luminiscencia y mi opacidad fueron creciendo tanto que se llegaron a asolar mutuamente.
   Silencio, el levante se llevó la música, las guitarras se quedaron agrietadas, con las venas rotas. Entonces es cuando saco el cuchillo, atravesando la piel del árbol intento borrar tus iniciales y, en ese momento, de uno de los cortes más profundos, unas gotas blancas comienzan a brotar, un llanto callado, el alma rota de un corazón eterno tallado sobre un amor que no lo fue tanto.

Laura Pérez Alférez
NARCISISTA
    Él nunca se equivocaba. En su despropósito, amaba ser el centro de atención; cuando alguien le increpaba su comportamiento, se hacía la víctima y acababa haciendo culpables a los demás.
    Hablaba de empatía y humildad, pero no las practicaba, eran los demás los que debían hacerlo con él. Su dogma era "el fin justifica lo medios, no existen principios ni ética, solo resultados".
    El temperamento de su alma calenturienta pretendía asolar la luminiscencia de los otros, aquellos que podían velar su egocentrismo. O, si era conveniente, acariciaba egos ajenos con lisonjas fingidas.
    Igual que las raíces invasivas de la higuera, que pueden romper el suelo de hormigón, es de necesidad ubicar a este ser lo más lejos posible.
    Se amaba tanto a sí mismo, que llenó su mansión de espejos, y si no le gustaba su reflejo, le añadía filtros y sones de guitarra. Un día al salir de casa se miró en uno de ellos, pero su reflejo le daba la espalda. ¿Cómo era posible? Rechazado por su propio reflejo. Icono de nada.

Benet da Silva
ICÓNICA FRAGANCIA
    Fue un día de verano, después de una de esas breves, pero intensas, tormentas veraniegas tras la cual el sol toma de nuevo el mando. Pequeñas chispas de humedad caían del árbol creando minúsculas luminiscencias que, al estallar, se trasformaban en un aromático vapor que me acariciaba el alma con un suave aroma. Aquella mágica fragancia y una melódica música de guitarra que sonaba de fondo, apaciguaron mi temperamento y, durante unos minutos, me olvidé de los despropósitos que asolaban mis pensamientos pudiendo contemplar la esbelta figura que se aproximaba. 
    Desde entonces, cada noche al reunirnos en casa, iniciamos el ritual: mientras suenan en el reproductor canciones de Paco de Lucía, ella se acerca, se sienta a mi lado y me arrulla con su cantarina voz. Cruzamos nuestras miradas y nuestros labios se unen en un cálido beso, nuestras manos recorren los cuerpos velando por la ardiente pasión que aquella tarde de verano bautizaron pequeñas gotas de agua que caían de la higuera que hoy es icono de nuestro amor.

Monse Martínez Serrano
TRABAJO SUCIO
    Para velar aquel despropósito de entierro, un cuarteto de guitarra interpretaba canciones de los Beatles. Permanecía bajo la higuera, cual icono voyeur, acariciando las escasas escenas de duelo con la mirada. Un niño, de temperamento inquieto, asolaba los ramos de flores fúnebres que encontraba a su alcance. Una mujer mayor, con rostro pálido, competía con la luminiscencia de las luciérnagas. Las almas de los asistentes vagaban sin rumbo, cruzando susurros y risas ahogadas. Cuando acabó de sonar Let it be, con la pala en la mano, salió del abrigo del árbol y comenzó a soterrar el ataúd rosa del caniche.
    Por fin, aquella noche, podría romper las acostumbradas cenas lúgubres en familia con una gran historia de enterradores.

Encarni Navas
VOLVER
    Una vez más, se ha sentado bajo el árbol que, durante tantos veranos, veló sus juegos infantiles, acariciando a través de sus sombras y luminiscencias los secretos de su pequeña alma, las tristezas o temores que le asolaban y allí acudía en busca de refugio. Bajo las frondosas hojas de la higuera se forjó su temperamento soñador, imaginativo y sensible hasta que, empujado por la vida, abandonó su protección para enfrentarse a ella por sí mismo.
    Hoy, después de setenta años de ausencia, ha sentido el deseo de volver, el despropósito de rescatar lo que fue. Sin embargo, ya nada queda de eso, solo un tronco seco, agujereado, retorcido, unas ramas como mástiles de guitarra que no verdean como entonces. Pero este tronco es sagrado, el icono de su patria y allí, ha decidido, permanecerá para siempre.


Mª Carmen Jiménez Aragón
NOCHE EN VELA
    Bajo aquella higuera, rasgaba el silencio de la noche la guitarra mientras velaban el alma de Federico. Fue todo un despropósito alzar la voz en aquellos tiempos, pues la barbarie asoló el mundo de las letras arrebatándonos el icono andaluz por excelencia.
    Su compadre acariciaba las cuerdas que parecían gritar, con tal temperamento, que su muerte no sería en vano, pues llegaría el día en que inundaría de libertad a todos y de luminiscencia a los ciegos de entendimiento.
    Y en el camino estamos.

Lidia Molina Zorrilla
UNA NOCHE DE VERANO
    ¿Cuándo has crecido tanto? Sostengo en mis brazos este cuerpecillo de guitarra sin saber cuándo será la última vez. Acaricio tu rostro y velo tu sueño. Llevas unas noches en las que solo te duermes en el patio; con ese temperamento que sacas sería un despropósito no hacerte caso.
      La luminiscencia que arrojan al hueco los reflejos de las farolas, es lo único que nos alumbra.  
      Y ahí me quedo, respirándote.
    Un ruido interrumpe mi calma. Un higo que cae de la higuera. Los tres milisegundos que tardo en darme cuenta de lo que significa ese sonido se me hacen eternos y me asolan el alma. 
    Miro el móvil y en la pantalla un punto rojo en el icono del "whatsaap": —¿Te hago una infusión?
      Entramos y el día parece que ya acaba.

Dori Calderón Ramos
EL GUARDIÁN 
    Justo en el límite donde cada día el levante lucha con el poniente, se encuentra la casa que me vio crecer. Ante ella, la gran higuera que asombra la terraza con forma de guitarra, que caprichosamente quedó así tras partir lindes con los herederos del tío Manuel. Aquel reparto de herencia resultó un despropósito, pues pretendían asolar nuestra hacienda, pero el temperamento del abuelo lo impidió.
    A pesar de que su voz parecía quererte acariciar, no dejaba dudas de que lo que decía era lo correcto, era el icono que todos admirábamos, el guardián de la familia.
    Algunas noches, bajo las luminiscencias de las estrellas, creo ver su presencia sentada bajo el viejo árbol. Quizás sea su alma velando la casa que decide qué viento hará hoy.

viernes, 7 de julio de 2023

III VELADA POÉTICA "LA VIÑUELA BAJO LA ESTRELLAS"

 




























    La noche del viernes 7 de julio se aunaron el clima, las estrellas y las emociones para brindarnos una mágica velada. Siendo precisamente ese el tema, “Las Emociones”, afloraron entre los asistentes sensaciones únicas. Este año el recital de poesía ha crecido en cantidad, calidad, incluso presentando un teatrillo con el cual se abrió la gala.

    En definitiva, se dieron todas las condiciones para que esta III Velada Poética “La Viñuela bajo las estrellas” se quede grabada en la memoria de cada uno de los que allí estuvimos. Valga este pequeño poema de Rafa Núñez evocando el evento.

Cuando duele el ruido,
lo mejor es el susurro de la poesía
caminando sobre las cuerdas de una guitarra.
Las velas bailando al son de una suave brisa
y los sentimientos salpicándolo todo.
Cuando duele el ruido,
nos queda el refugio de las palabras,
de la amistad,
de los momentos creados,
de los compartidos.
Siempre bajo las estrellas.