domingo, 20 de octubre de 2024

I. EL RELATO INVISIBLE

Hola amigos y amigas del mundo. Este club de lectura os propone realizar este sencillo y entretenido juego. Se trata de escribir un texto literario, una historia, de forma anónima. Tu creación impresa la meterás en una caja junto a la de tus compañeros y, por turnos, cada uno elegirá una de ellas al azar y la leerá en voz alta. Al finalizar las lecturas jugaréis a adivinar quién es su autor. Es otra vuelta de tuerca que te ayudará a conocer más sobre las personas que comparten contigo la afición de la lectura y la escritura.

En nuestro caso, pusimos dos condiciones que debían darse en todos los textos:

-tener un mínimo de 180 palabras

-comenzar con las palabras LOS ZAPATOS NEGROS

Podéis leer lo que resultó de este divertido ejercicio a continuación.


TENGO UN SECRETO 
    Los zapatos negros son lo primero que veo aparecer por el rabillo del ojo.
   Como cada noche me hago el dormido y aprieto los ojos con fuerza, en un intento de desaparecer; pero el fuerte olor que desprende, me golpea como una bofetada en la cara y vuelvo a la cruda realidad. El monstruo se acerca lentamente hacia mi cama y con sus tentáculos acaricia lentamente mi cuerpo. Yo tiemblo. El fuerte olor a pescado podrido, me hace sentir arcadas. Saca su lengua larga y babosa y muerde mi oreja. A mí se me eriza el cuerpo y me pongo tan tenso, que sé que mañana me pasaré el día con agujetas. Oigo su respiración trabajosa y cansada y en mi fuero interno, rezo para que le de un patatús y se muera. Muerte súbita.
    En clase he oído hablar de ello. Mi imaginación vuela hasta mi aula, primero A. La señorita Carmen nos imparte mates y ciencias. Ayer me preguntó si tenía algún problema, que me veía muy distraído y el motivo por el que mis notas han descendido. Yo quise explicarle que tengo un monstruo en casa; que me persigue, que me atormenta, y no me deja jugar tranquilo... y que me paso horas y horas llorando. Pero en cambio le sonreí, le di las gracias y le dije que todo estaba bien. Luego lloré, lloré mucho, últimamente noto un fuerte dolor en el pecho. Si no muere pronto el monstruo, quizás podría morirme yo. Mi madre está preocupada por mí. Siente que algo me ocurre, pero yo no puedo decirle nada. Sé que si hablo el monstruo iría a por ella, sin dudarlo. No puedo permitirlo. Ella no lo podría soportar, ahí está ya, ahí viene otra vez; de nuevo veo sus zapatos negros.
Mª Jesús Campos Escalona



AHORA YO
    Los zapatos negros solían estar junto a la cama, ella siempre tenía varios pares, ahora ya no está, pero me dejó los zapatos y una nota en ellos "siempre han sido tuyos", hoy he probado a ponérmelos sabiendo que son pequeños, pero sin abrochar me paseo con ellos por el salón, es extraño porque siento que son míos, que estaban predestinados a mis pies.
   Hoy por fin me decidí a entrar en la zapatería, “negros, abiertos y de un 42” el empleado dice que he tenido suerte, que no suelen llegar a esos números, le doy las gracias y le digo que a mi mujer le cuesta mucho encontrar zapatos, después de una media sonrisa me voy, deseando llegar a casa.
    El vestido me espera sobre la cama, fondo negro con flores de mil colores, y esas medias de redecilla que siempre me han vuelto loco, loca, siempre me han vuelto loca. Siento la suavidad del nylon acariciando mis piernas, me tiemblan las manos y alguna lágrima ya comienza a escaparse, el vestido me queda bien, casi siento el olor de las flores sobre mí, los zapatos son dos guantes en mis pies, ya hace rato que he dejado por imposible el controlar las lágrimas, me acerco al espejo del dormitorio. No sé el tiempo que estuve ahí mirándome, pensando en dejarme el pelo más largo, viéndome hermosa después de cuarenta años, sintiendo que, por fin, he nacido.

Rafa Núñez Rodríguez





    Los zapatos negros no eran sus preferidos, esa era su verdad. Los rechazó, aunque lucían relucientes con ese olor tan peculiar a piel que desprende un calzado nuevo. Negras también eran las zapatillas deportivas, y pensaba que para el caso era lo mismo.
    Hacía frío. La mañana despertaba metida en niebla, esa niebla tan autóctona de cuando los vientos de la mar empujan las humedades tierra adentro.
    Tuvo que esperar casi media hora en la puerta de la cafetería, no le importó. Ese día no tenía prisa ninguna.
    El café bien cargado con un poco de leche, como lo tomaba antaño, le trajo recuerdos pasados que más bien le parecían pertenecer a otra vida.
    El espejo del fondo, el que está junto a la caja registradora, le mostró un pelo cano que transformaba a pasos agigantados su antigua melena azabache.
    El camarero, ya entrado en años también transformó su trato a lo largo de interminables lustros encerrado en aquella jaula de tazas, cucharillas y mesas cada vez más desordenadas. Tornó su sonrisa y los buenos días por un gruñido casi inaudible.
    También las olas cada vez más sordas y los edificios nuevos que reemplazaban antiguas casas señoriales daban testimonio veraz de los cambios inmisericordes que esa vida le regalaba.
    La luna ya le urgía a poner fin a esa jornada, otra más, “u otra menos”, pensaba.
    Y también pensaba que hizo bien en rechazar los zapatos negros, le hubiesen hecho daño tras todo el día vagando en una ciudad en la que le parecía ser invisible.
    Tuvo suerte, junto al contenedor de basura encontró una caja que antes protegía un frigorífico. Se acomodó dentro del cartón mientras las luces del cajero automático parpadeaban otra noche más, u otra noche menos.
Antonio Mora



CONTANDO LAS HORAS 
    Los zapatos negros, relucientes bajo las luces del escenario, guardaban secretos que solo él conocía. Cada noche, el telón se alzaba y el público aplaudía sin imaginar que, tras la fachada de artista carismático, se escondía un depredador insaciable. La rutina era impecable: el brindis con Soberano, el humo denso que envolvía su mente y lo sumía en una euforia temporal, justo antes de salir a cazar.
     Las calles, impregnadas de misterio y sombras, se convertían en su coto de caza. Se acercaba a aquellas que, buscando amor o aventura, se dejaban llevar por su encanto. Aparentemente, él era solo un caballero en un mundo de luces. Pero, tras el velo de la dulzura, un oscuro deseo se manifestaba.
    Después de cada encuentro, el ritual era meticuloso. Una vez consumada su obra, el cuerpo quedaba oculto en el olvido, mientras él regresaba a su refugio, su camerino, con la satisfacción del artista que acaba de dar la mejor actuación de su vida. Era un ciclo perverso, una danza macabra entre la admiración del público y la oscuridad de su corazón.
    Con el paso de las semanas, la ciudad empezaba a murmurar. Desaparecían mujeres, y los rumores se esparcían como el humo de su cigarrillo. Pero él sabía que, mientras la ovación resonara en el teatro, su secreto seguiría a salvo. La siguiente ciudad lo esperaba, y con ella, nuevas víctimas. Así, la vida del artista se convirtió en un espectáculo sin fin, un juego mortal donde cada función lo acercaba más a su propia perdición.
Gema Frías Luque




LOS ZAPATOS NEGROS  
     Los zapatos negros del tacón infinito cogen polvo en un rincón. El negro siempre es buen fondo de armario, dicen, pero no se refieren exactamente a eso.
    En un arranque de organización, de esos que le dan de vez en cuando, había tirado todos los tacones de todos los colores, pero había dejado los negros, por si acaso, porque también eran parte de ella. Sin saber muy bien por qué, desliza un pie desnudo dentro y luego el otro y como en el mejor de los cines aparecen ante sus ojos imágenes de fiestas, bailes y muchas risas. El vértigo la hace bajar, "¿cómo podía yo bailar con esto?" Mira hacia las Convers blancas que la han traído hasta donde está ahora y sonríe al pensar que blancas, blancas no están. Cierra las puertas y se mira al espejo, las ojeras le llegan a las tetas y las tetas al ombligo pero ya no le importan esos detalles, está cansada, muy cansada y su cuerpo ha cambiado. Sobre todo también ha cambiado por dentro, está más perdida que nunca pero sabe que el camino con zapatos planos se hace más fácil.
Lidia Molina Zorrilla



POR LA ESPALDA 
    Los zapatos negros se acercaron hacia ella, le resultaban familiares esos zapatos, estaba segura de que los había visto antes, pero no recordaba dónde ni cuándo.
    No había sido buena idea saltarse las normas de su trabajo, nunca tenía que haber ido sola a investigar aquel asesinato ocurrido en esa nave industrial tan a las afueras de la civilización.
    Había llamado a su compañero de comisaria, Dionisio, para que la acompañase, pero saltaba el contestador y, tras dejarle un mensaje de adonde iba, condujo hasta el lugar.
   Allí, tirada en el suelo por el disparo, notaba cómo cada vez le costaba más respirar. De nuevo esos zapatos estaban delante de sus ojos cuando una voz le gritaba: ¡siempre te gusta meter las narices en todo, me has obligado a hacerlo, era o tú o yo! En ese momento todo cobró sentido, reconoció al dueño de esos zapatos: Dionisio.

Lourdes Sánchez Jiménez



PUÑETEROS ZAPATOS 
Los zapatos de charol que compré para ir a la boda,
fueron ejemplo de valor y de algo que incomoda.
Me guie por el estilismo, sin mirar el tacón de aguja,
solo vi un espejismo de elegancia y compostura.

Comenzaron a incomodar nada más salir de casa,
y sentí mis pies inflar dentro de aquella carcasa.

Al salir de la ceremonia, ya no me tenía en pie
y con mucha parsimonia, como pude disimulé.
Pero mi cara era un poema, todo el mundo preguntaba
si tenía algún problema y que si mal me encontraba.

Actué como pude hasta llegar a la cena,
y pedí que Dios me ayude para ponerme de nuevo en escena.

Me quité aquellos zapatos y los tiré bajo la mesa,
mis pies gritaban… ¡MALTRATO!, pero aún quedaban sorpresas.
Al comenzar el baile, mi cuerpo pedía marcha,
pero mis pies eran de fraile, ¡hasta tenían grietas!

¡Malditos zapatos charolados, os mando a hacer puñetas!
Pues mi alma pide baile y aunque sea descalza,
bailaré hasta que yo quiera,
y no hasta que me digan diez centímetros de alza.

Dori Calderón Ramos




Los zapatos negros soportaban una inmensa carga. Aunque también transportaban el peso de una ilusión, de un sueño por cumplir.
    Todos los días caminaba hacia su lugar de trabajo con esos mismos zapatos negros y un poco desgastados. No solo era el tiempo que empleaba en ir al lugar donde conseguía el sustento, sino también las interminables horas que permanecía de pie. La vida le había enseñado que siempre debía continuar, que el río seguía su cauce y que, al final, con esfuerzo y dedicación, los sueños se podían transformar en una maravillosa realidad
     Por eso, en cuanto terminaba su dura jornada laboral, Alma se dirigía presta a casa para comenzar su entrenamiento. Nadie en su sano juicio sería capaz de ir a entrenar después una intensa jornada laboral como la suya. A veces, tras verse reflejada en el espejo, creía que estaba loca, se miraba fijamente y pensaba - solo los locos cambian el mundo -. Ese pensamiento siempre conseguía que en su rostro se dibujara una amplia sonrisa.
     Su rutina al llegar a casa era la misma todos los días, comía algo ligero que le diera la suficiente energía, cambiaba la ropa oscura por ropa de deporte y se calzaba sus flamantes zapatillas de multicolor, en contraste a sus negros zapatos de trabajo. Usar esos intensos colores le daba un punto de felicidad a su rutina diaria.
     Una vez fuera del portal, al poner los pies en la calle, había oscurecido y el suelo estaba mojado, aún caía una fina lluvia. Inspiró profundamente hasta llenar los pulmones, el olor a lluvia siempre la reconfortaba. Echó a correr.
     Sus últimos resultados en carreras de larga distancia habían sido muy buenos. Aunque seguía siendo una corredora amateur, su entrenador le había dicho que debía mejorar un poco los tiempos para poder hacer realidad su sueño, ser una corredora profesional y poder dedicarse plenamente a ello.
     Ya llevaba un par de kilómetros recorridos cuando se apagaron las luces de las farolas, qué casualidad que estas averías tan comunes siempre ocurrieran en los barrios de la periferia.
     Las calles estaban vacías, lo normal a esas horas, y más teniendo en cuenta que estaba lloviendo, pero algo le decía que las cosas no iban bien. Su sistema simpático se activo repentinamente, ese instinto primario que conecta la señal de alarma interna. Un recuerdo le vino a la memoria. Alma no era una persona a la que le gustara seguir las noticias, pero siempre le llegaba algo, ya fuera por las redes sociales o en el trabajo, por lo que pensó inmediatamente en el asesino en serie que en los últimos meses tenía en jaque a la policía. Miró de reojo, a unos metros de distancia se percibía una sombra. Giró el cuello y observó una silueta alta y fuerte. Vestía totalmente de negro y llevaba chubasquero. Al principio, se alejó un poco, puesto que ella seguía su ritmo, pero al volver la vista atrás observó como la silueta aceleraba el paso hasta empezar a correr. Un grito se ahogó en su garganta, se le aceleró el pulso, pese a su entrenamiento, por un momento fue incapaz de que sus piernas fueran más rápido.
   Suspiró fuertemente, consiguió acelerar el ritmo mientras miraba desesperadamente a todas partes. No había nadie a quien pedir ayuda, había llegado al gran descampado que siempre atravesaba sin darse cuenta. Aceleró aún más y, poco a poco, la silueta se fue alejando. Giró hacia un atajo que la llevaba directamente a casa.
     Al llegar al portal, introdujo la llave a duras penas debido al temblor de sus manos, lo mismo le ocurrió al abrir la puerta de su piso. 
     Una vez dentro y con la puerta ya cerrada, se derrumbó entre lágrimas.
     Meses después, seguía sin ser capaz de salir a correr, aunque pensaba que eso mismo que tanto le gustaba hacer fue lo que le salvó la vida.
Pedro Chamizo Muñoz



LOS ZAPATOS ADECUADOS
―Los zapatos negros no combinan con todo ―me dijo sonriente mi compañera de piso.
―¿Y qué? ―le respondí yo con cara de pocos amigos―. Son los únicos zapatos cómodos que tengo.
―Bueno, haz lo que quieras, pero luego no digas que no te he avisado.
―No creo yo que unos zapatos vayan a determinar mi futuro laboral ―le contesté con un tono fuerte lleno de ironía.
―Bueno, ¡depende de para qué trabajo! ―refunfuñó mi compañera a la par que abría su armario y sacaba unos zapatos rojos con un tacón de infarto― ponte estos y conseguirás el trabajo, no fallan son mágicos.
Con esas palabras no pude negarme, me miré al espejo y efectivamente me quedaban de escándalo, estilizaban mi figura y me hacían sentir mucho más alta. Llegué puntual, me sorprendió que no hubiera nadie en la sala de espera, de pronto, escuché mi nombre y entré al despacho. La entrevista fue estupendamente, conseguí el trabajo, aunque se me hizo más tarde de lo que yo pensaba y el autobús que quería coger ya había salido. Empecé a caminar hasta otra parada, cuando me di cuenta de que alguien me seguía, aceleré el paso, pero con los tacones poco podía hacer, de pronto, se acercó un hombre encapuchado y me dijo que le diera el bolso, me quedé paralizada, intenté no mirarle a los ojos y le arrojé el monedero. Empezó a intimidarme acercándose cada vez más, entonces, me agaché, me quité un zapato y con todas mis fuerzas le hinqué el tacón en toda la cabeza, cayó inconsciente al suelo.
Entonces, aprendí lo importante que es elegir los zapatos adecuados.

Cande Molina Mostazo




UNA DE PIRATAS
    Los zapatos negros de Barba Roja bailaban al ritmo de la flauta del Capitán Garfio. Brindaron, hasta el amanecer con ron, ginebra, cerveza, vodka y con el agua del florero que había sobre el mostrador de la cantinera.
    Se prestaron juramento de eterna lealtad ante el mapa del tesoro, pero apenas uno de ellos salió a echar la pota, el otro huyó con el pergamino.
    El agraviado rastreó al mal amigo por todos los puertos para hacerle pagar su felonía, hasta que lo encontró en el burdel de mademoiselle Lilí. Tres tiros en la pierna de palo sufrió el infame traidor.
    Como la ley del mar todo lo perdona, al amanecer zarparon a buscar el tesoro, y mientras el pequeño bergantín surcaba el océano, un embravecido oleaje fraguaba la despiadada y feroz leyenda de dos hombres, que hallaban en su camarote el tesoro que tanto anhelaban; rompieron el mapa y se siguieron amando.
   La viril bandera negra ondeaba en el mástil de proa, mecida por la tramontana.

Laura Pérez Alférez



NATURALMENTE MUERTO
―Los zapatos negros tenían restos de aceite de coco. Dígame, ¿no vio a nadie con actitud sospechosa?
―Ya le he dicho antes que no. En el local todo era normal, la gente comía, conversaba, celebraba. Lo natural en un restaurante a las tres de la tarde.
―Pero alguien dijo que el camarero contestó con malos modales al señor de la mesa del fondo, ¿es cierto? ―inquirió el abogado al testigo.
―Bueno, el señor llevaba hora y media esperando para que le tomaran nota y protestó. El camarero le explicó que estaban faltos de personal, y que podía darle boli y papel para que escribiera él mismo su pedido. ¡Natural!
―¿Vio si el camarero discutió con alguien más? ―preguntó el letrado.
―No, con nadie, solo sacó a rastras del brazo a una chica que se había colado tras la barra a servirse cerveza del grifo. No hubo discusión.
―Bueno, no cruzarían palabras, pero se podría considerar como un enfrentamiento, ¿no cree?― le apuntó el abogado sarcásticamente.
―La chica fue muy educada y el camarero, por su parte, no hizo movimientos bruscos para que no derramase las dos copas que llevaba en las manos. Natural, después le hubiera tocado a él limpiar el estropicio.
―¿Y qué me dice sobre el problema con la confusión de platos?
―Eso quedó resuelto, yo mismo vi cómo el camarero le pedía disculpas a la anciana por haberle puesto el pollo a la mostaza con almendras. La señora se ahogaba en su propia emoción y se le hinchaban los ojos al reprimir las lágrimas, ni las palabras le salían. Lo perdonaba de corazón, se lo dio a entender llevándose las manos al pecho enérgicamente.
―¿Pretende hacerme creer que todo fue un cúmulo de desafortunadas casualidades? ¿El traumatismo craneal, la lesión en la mano con un tenedor de carne y los hematomas en todo el cuerpo?
―Todos vimos cómo resbaló, se golpeó con varias sillas y cayó finalmente llevándose tras de sí el servicio de una mesa en la que reposaba un lechón al horno. Es natural sufrir accidentes laborales en ese tipo de trabajos.
―¿Y el cuchillo de mantequilla clavado entre las costillas hasta el puño?
―Natural. Muerte natural.
Mª Carmen Jiménez 

ENCUENTRO CON EL AUTOR: "Entre jábegas y almendros", de Antonio Mora.


El pasado viernes 18 de octubre tuvo lugar el encuentro con el escritor Antonio Mora. La actividad, convocada por el Club de Lectura y Teatro de La Viñuela, se desarrolló en la biblioteca municipal de la localidad.

De Mora sabemos que es malagueño, nació en 1977 cerca de la playa de La Caleta, quizás esto sea la causa de que nos hable del mar en la obra que nos ocupa hoy. Si buscamos en Internet, encontramos que es admirador de Miguel Delibes y amante de la historia y tradiciones  de Málaga. En Facebook se define como aprendiz de escritor y en esta red social suele regalarnos poemas sobre la naturaleza y la tierra, sobre el mar, sobre los recuerdos y la vida misma.

Pero los miembros de este club de lectura tenemos la suerte de compartir con él, en un grupo de whatsapp, pequeñas historias que nos ilusionan, aunque a él no le gusten que sean tan pequeñas. A él le gustan las grandes historias, como esta de Entre jábegas y almendros, su primera novela, donde se cuenta cómo transcurre el día a día de una joven familia en la Málaga del siglo XIX y su provincia.

Este club de lectura se siente honrado con tu visita, Antonio, afortunado de tenerte como amigo y esperanzado en seguir compartiendo escritura, lectura y reuniones.






miércoles, 2 de octubre de 2024

XXX. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

 

  Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos:  

-Elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

-Cuando la palabra elegida es un verbo (amar, verter, salir...), puede utilizarse en cualquier forma, tiempo o persona.

-Si la palabra elegida no especifica su función, podremos utilizar cualquiera de las que nos proponga la RAE para dicho término.

-Si el término elegido es un sustantivo o adjetivo podremos usar tanto el masculino como el femenino, y en singular o plural, según convenga. 

-No se debe utilizar una palabra cambiándole la función que debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: ABANICO, OPRIMIR, TUMULTO, SONRISA, VIAJE, ASPIRAR, TRECE, OTOÑO, ALCOBA y CONCESIONARIO.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.


Encarni Navas
TRECE DE OCTUBRE
    Ayer fue trece de Octubre, vigésimo primer día del otoño.
   Oprimida entre las cuatro paredes de esta alcoba, concesionario del infierno, no tengo más libertad que contar los días y escribir para sentirte cerca.
    Recuerdo como nos conocimos, yo agitaba mi abanico envuelta en un tumulto que amenazaba con aplastarme, de repente apareciste tú. Pero no pude aspirar a mucho más. Tras unos meses todo se tornó un viaje hacia la destrucción y el sinsentido.
   Me recluyeron en esta cárcel y me quitaron a nuestro bebé al que solo pude ver un segundo, no he olvidado su sonrisa, era igual que la tuya.


Mª Carmen Jiménez Aragón
ILUSIÓN
  Una sonrisa se dibujó en su rostro al descubrir el regalo de cumpleaños que le hacían sus padres. Cumplir trece le estaba otorgando privilegios que sus hermanos y hermanas menores veían injustos: un viaje, poder estudiar… Ante él se abría un abanico de posibilidades que no estaba dispuesto a desaprovechar pesase a quién pesase.
     Así que antes de que arreciara el otoño, concesionario de gélidas noches que oprimirían sus esperanzas, se despidió de todos, subió al cayuco y se acopló entre el tumulto de voces, cuerpos hacinados y vasijas achicando agua. Aspirando profundamente, trató de calmar el temblor que dominaba su cuerpo e intentó tranquilizarse repitiendo mentalmente que esa noche cambiaría su pequeña habitación sin ventilación por una gran alcoba con vistas al mar.


Gema Frías Luque
RETORNO AL PASADO
    Ana subió a la primera planta dejando atrás el negocio familiar. Paseó por la casa. Agarró con fuerza un antiguo abanico, olvidado, tal vez, en un rincón de la pequeña alcoba. Aunque nerviosa, aspiró profundamente varias veces, buscando la calma que tanto necesitaba.   Sentía cómo el tumulto de la ciudad la oprimía y la había empujado, junto a sus recuerdos, a realizar aquel viaje inesperado.
    Eran trece los otoños que habían pasado desde la última vez que pisó la casa. Ese abanico era el único vínculo con el pasado que ocupaba la estancia. Al abrirlo, como quien abre una caja de recuerdos, una brisa suave dibujó en su rostro una gran sonrisa.
    De repente, en la planta baja, la puerta del concesionario crujió. Alguien entró trayendo consigo el eco de una risa conocida. Ana bajó y, sin decir palabra, entendió que aquel viaje, aquella experiencia vital, no había hecho más que comenzar.

Dori Calderón Ramos
EL ABANICO
     Desde que vio a su marido en aquel concesionario supo cuál sería su regalo de aniversario.
    El otoño sería perfecto para hacer un viaje juntos, compartir alcoba de hotel, aspirar olores de spa, estrenar coche nuevo y celebrar trece años de convivencia.
    Era tal su ilusión que organizó una fiesta en casa y aunque su marido protestó muchísimo, tuvo que ceder ante su insistencia.
    Llegó el día de la celebración y la casa era un tumulto de voces, atendía a los invitados con una sonrisa, mientras su marido, inexplicablemente, salió a comprar más bebida.  Imaginó que era la excusa perfecta para recoger el coche.
    Sonó el timbre y en el umbral de la puerta halló a un repartidor que le entregó un paquete, lo abrió con nerviosismo, encontrando dentro un abanico y una nota que decía: "Te dejo el coche en el garaje, yo compré otro para mí. Nos vemos pronto para firmar unos documentos".
     Azorada, abrió el abanico oprimiendo los papeles contra su pecho, y mientras las varillas se desplegaban pudo leer: "Adiós".

Laura Pérez Alférez
SEDUCCIÓN
   Aspiro, tu olor a otoño inunda mi alcoba, hueles a toyota nuevo de concesionario antes de su primer viaje.
  El abanico de tus pestañas cosquillea mi frente, y esto, como siempre, me provoca un tumulto de sonrisas.
  Que oprimas mi mano y susurres mi nombre al oído, mientras me voy quedando dormido en la cama, es muy seductor.           
   Esto sucede cada noche, desde hace trece semanas, pero resulta que yo duermo solo. Y ya no es romántico, es para cagarse de miedo.



viernes, 6 de septiembre de 2024

XXIX ME LO DICES O ME LO CUENTAS

   

    Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos:  

-Elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

-Cuando la palabra elegida es un verbo (amar, verter, salir...), puede utilizarse en cualquier forma, tiempo o persona.

-Si la palabra elegida no especifica su función, podremos utilizar cualquiera de las que nos proponga la RAE para dicho término.

-Si el término elegido es un sustantivo o adjetivo podremos usar tanto el masculino como el femenino, y en singular o plural, según convenga. 

-No se debe utilizar una palabra cambiándole la función que debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: PUSILÁNIME, CÓLERA, ENTUSIASMADO, VELADA, POEMA, OLIVO, PENUMBRA. CELEBRAR, ZARANDEAR y FIESTA.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Mª Carmen Jiménez Aragón
LA VIDA ES PURO TEATRO
    Aprovechó la velada de la fiesta de su cumpleaños para desvelar su secreto a todos, nadie la volvería a tachar de pusilánime. 
    Entusiasmada, se subió en el banco de madera de olivo y, en la penumbra, comenzó a recitar un triste poema sobre los sintecho mientras se iba desprendiendo de peluca, pestañas postizas y demás accesorios de camuflaje que aún conservaba de su oficio. La cólera se apoderó de los asistentes cuando entendieron que estaban celebrando el cincuenta y cinco cumpleaños de Elvira, su compañera de asilo, que no era octogenaria como había hecho creer.
    De pronto, alguien la zarandeó despertándola:
  ⸺Vamos a ver si encontramos algo especial en aquellos contenedores.
   ⸺Si, vamos. Acabo de comer en una residencia de ancianos, pero se ve que en sueños no llena tanto.

Dori Calderón Ramos
POEMAS PARA EL TÍO ELISEO 
    Aquí estamos, reunidos en torno al olivo centenario de la finca del tío Eliseo, celebrando una velada de poemas que para colmo deben ser dedicados a él.
   Reconozco que nunca fue persona de mi agrado, me resultaba pusilánime con sus delicadezas y caprichos, pero simulaba ser cariñoso y atento, fingiendo sentirme entusiasmado con su compañía, cuando en realidad lo que deseaba era zarandear esas solapas extravagantes de las ridículas chaquetas que lucía en cada fiesta. Y eso hice aquella noche en la penumbra de la biblioteca.
    Entré en cólera cuando me anuncio que al día siguiente me dejaría fuera de su testamento, me reprochó no haberle querido nunca. Verdad.
    También me dijo que nunca fui atento con él. Mentira.
Se retiró pronto esa noche nuestro tío, y desde entonces le buscamos, pero ni rastro de él.
  Hoy nos reunimos en este acto para no olvidar que está desaparecido, poemas para recordar que esperamos su vuelta.
    Cansado de tanta poesía miro al olivo que me sonríe, solo el árbol y yo sabemos dónde está el tío Eliseo.



viernes, 2 de agosto de 2024

II VELADA POÉTICA "PERIANA BAJO LAS ESTRELLAS"

 


























El viernes 2 de agosto tuvo lugar en la plaza del Centro de Participación Activa la II Velada Poética titulada "PERIANA BAJO LAS ESTRELLAS" cuyo tema sugerido eran LOS SUEÑOS.

Comenzó Adolfo Las Heras explicándonos brevemente cómo era la creación de un cadáver exquisito y puso voz a uno de ellos realizado en otro evento anterior.

Cada uno de los asistentes tendría que escribir unos versos y dejar al descubierto solo la última frase, con la que continuaría el siguiente participante hasta finalizar el poema, el cual sería recitado en versión rap con una base musical elegida previamente.

Continuó Eduardo Roberto con su personaje Miguel de Cervantes el cual nos contó su vida y peripecias.

Tras la bienvenida de la concejala de cultura Gema Frías, fue Rafa Núñez el encargado de presentar a los miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela, para continuar con el micro abierto a los asistentes al evento.

Finalizó la velada con la actuación musical de Ro, vecino de Mondrón, que nos deleitó con varios temas en inglés.

jueves, 25 de julio de 2024

XXVIII. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

     

    Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos:  

-Elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

-Cuando la palabra elegida es un verbo (amar, verter, salir...), puede utilizarse en cualquier forma, tiempo o persona.

- Si la palabra elegida no especifica su función, podremos utilizar cualquiera de las que nos proponga la RAE para dicho término.

-Si el término elegido es un sustantivo o adjetivo podremos usar tanto el masculino como el femenino, y en singular o plural, según convenga. 

-No se debe utilizar una palabra cambiándole la función que debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: HOJA, RONCAR, AÑICOS, HOBBY, CHASQUIDO, AMAR, LATIDO, NADAR, URRACA y LUZ.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Monse Martínez Serrano
LA MALQUERIDA
    La luz de la linterna iluminaba los añicos esparcidos de la copa de vino. Siempre pensó que sujetar la cabeza de alguien que vomita y recoger sus estropicios, mientras ronca la borrachera en el sillón, le haría sentir amor verdadero. Cogió una hoja y con una chancla rota que encontró en el suelo comenzó a barrer los cristales. Era la primera vez que iba a su casa, un cuartucho sin electricidad ni agua corriente. El silencio amplificó los latidos de su consciencia: corre. Un chasquido hizo que fijase la mirada en un pez que nadaba en una pecera mugrienta repleta de bordes de pizza.  Su hobby de intentar rescatar hombres insalvables había ido demasiado lejos. 
    Al día siguiente se compraría una urraca y abandonaría el intento de amar como su madre.

Encarni Navas
AMANECIENDO
    Fue apenas un leve chasquido, el ligero rumor del caer de una hoja, un latido casi imperceptible lo que, sin darse cuenta, hizo añicos su vida anterior.
    Fue el momento de olvidar sus antiguos hobbys y aprender a amar, de experimentar la luz y disfrutar del placer de roncar al unísono, nadando a contracorriente de las urracas que habían pronosticado un oscuro futuro.

Mª Carmen Jiménez Aragón
¡HASTA AQUÍ!
    Llevó a la cocina los restos de su hamburguesa y su vaso vacío. Al volver a la sala se detuvo, indignada, frente a la patética estampa. Pero una luz iluminó su mente. Sacó de un cajón hoja y lápiz y escribió:
    Visto que roncar en mi compañía es tu mayor hobby, me he cansado de amar a una marmota. Es como nadar a contracorriente, tu corazón no ha estrenado aún el primer latido por mí.

    Le colocó la nota sobre el pecho y “El Marmota” movió los brazos dormido, como queriendo abrazar algo.
    —Sí, hijo, atesora y guarda todo como una urraca en vez de dar y compartir. ¡Qué solo vas a estar en la vida!
    Con el corazón hecho añicos, se dirigió a la puerta, emitió unos sonoros y repetidos chasquidos con la lengua y dio un gran portazo tras de sí.

Dori Calderón Ramos
DESILUSIÓN 
Le conoció mientras practicaba su hobby preferido, nadar desnuda.
Le comenzó a amar desde que vio la luz de sus ojos.
Le amenazó su corazón con pararse, pues tras un seco chasquido dejó de notar sus latidos.
Le hizo sentir como urraca devoradora, deseando arrasar con lo que sus ojos veían.
Le invitó a salir del agua con su mirada, y ella aceptó sin dudar un momento.
Le amó durante horas, y quedaron exhaustos tumbados en la arena.
Le despertó el roce de una hoja de parra mojada que trajo una ola.
Le oyó roncar a su lado, y todo el amor que sintió, en un solo instante se hizo añicos.

Laura Pérez Alférez
VISITA INESPERADA         
      Cinco largos años sin aparecer nadie por aquí y ahora vienen con prisas, aporreando la puerta como si les fuese la vida en ello.
   En este preciso momento yo estaba roncando, tan ricamente, soñaba que nadaba en el mar mecida por el latido de las olas. En un chasquido han hecho añicos la pared y ya consiguieron desvelarme.
    Los observo por un boquete abierto. Ahí están, en círculo como urracas, mirando con cara de gilipollas. No he querido salir, la luz me molesta a los ojos y recibir visitas tampoco es mi hobby.
    Después de dejarme un bote cerrado en el suelo y cuatro flores de hojas mustias, con una cinta donde se lee "tus hijos te aman", han vuelto a cerrar la entrada; ni siquiera se dignaron abrirme el ataúd.

lunes, 8 de julio de 2024

XXVII. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

  

    Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos:  

-Elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

-Cuando la palabra elegida es un verbo (amar, verter, salir...), puede utilizarse en cualquier forma, tiempo o persona.

- Si la palabra elegida no especifica su función, podremos utilizar cualquiera de las que nos proponga la RAE para dicho término.

-Si el término elegido es un sustantivo o adjetivo podremos usar tanto el masculino como el femenino, y en singular o plural, según convenga. 

-No se debe utilizar una palabra cambiándole la función que debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: INQUIETUD, VECINO, HACHA, AGUA, PERDÓN, OCULTAR, ESTÓLIDO, RESPIRAR, CONTICINIO y ESTAMPIDA.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Encarni Navas
AHORA
    Cuando, pasados muchos años, comprobé que aquel recuerdo de juventud se había convertido en el vecino del tercero B, no pude ocultar mi inquietud.
    Una estampida de sensaciones golpeó mi conciencia con la fuerza de un hacha, devolviéndome el peso de mi estólido comportamiento. Desvelada por la culpa, fui testigo de sucesivos conticinios hasta comprender que, aunque las capas del tiempo parecen esconderlo todo, a veces la vida te coloca en el lugar exacto para arrojar un poco de agua sobre tus errores, respirar profundamente y pedir perdón.

Dori Calderón Ramos
NOCHE DE TERROR 
    Una estólida inquietud se apoderó de nosotras al entrar en casa, dejamos de respirar ante aquella estampida de sonidos.
Era la hora del conticinio,  pero nuestro hogar estaba poseído por un extraño alboroto que provenía de la sala de arriba. Mi hermana yo no podíamos ocultar nuestro miedo recordando al vecino que murió hace unos meses y del que se cuenta que cada noche sin luna deambula por el barrio con hacha en mano pidiendo agua a todo el que se acerca.
    Mi hermana me reprocha que todo es culpa mía, porque me burlé de él cuando vivía, que debí pedirle perdón antes que muriese.
Debimos volver de la fiesta con nuestros padres y no solas. ¡Cuánto nos arrepentimos de no haberlo hecho así!
    De repente cesan los ruidos, papá y mamá aparecen en el rellano de la escalera, sudorosos, escasos de ropa y con pelo alborotado... ¡Sin duda ellos ya habían visto al fantasma!

Ulla Ramírez
EL ÚLTIMO RINCÓN
    El tendero ambulante siempre le causaba inquietud. Era vecino de una aldea cercana. Nada más llegar le clavaba su estólida mirada de ogro con hacha a punto de cortarla como si fuera una rama para alimentar un fuego. En su presencia le costaba trabajo respirar. Su madre, sin embargo, le ofrecía agua del búcaro y le daba paso a la cocina para dejar los comestibles. Ella los ordenaba y luego salía en estampida. 
    —¿Por qué eres tan seca? Ya no eres una niña —le dijo su madre aquel día cuando él se marchó.
    —Me cae mal, no lo puedo ocultar. 
    —Es un buen partido, hija. No nos faltaría de nada. 
    —Pues si tanto le gusta, hágase usted su novia, madre.
    —Yo ya soy vieja. Pero tú deberías…
    No la dejó acabar; salió de la cocina dando un portazo. 
    El resto del día un silencio espeso se hizo entre las dos.
   A la hora del conticinio, mientras una rezaba el rosario la otra pedía perdón a Dios por querer abandonar a su madre en aquel último rincón del mundo.