miércoles, 22 de julio de 2020

II MICRORRELATOS AL AZAR



En este nuevo reto nos hemos propuesto elaborar microrrelatos, de no más de 150 palabras, en los que podamos incluir los siguientes términos: BURBUJA, CAVILAR, GALLINA, ESPEJO, ALREDEDOR, PÁMPANO y HIELO. Originalidad, imaginación y variedad son los ingredientes de nuestros textos, el fruto de nuestra pasión por las letras. Esperamos que los disfrutéis.

Mª Jesús Campos Escalona
DOBLE TIRABUZÓN
Estoy dándome un baño relajadamente. Las burbujas de jabón me transportan a otros tiempos y me hacen  cavilar en lo que  significó para mí el patinaje sobre hielo. Alrededor  de ese deporte se centró todo mi mundo. Competir me llenaba de vida, de ilusión,  la capacidad de ser cada vez mejor y superar obstáculos  me llegó a obsesionar.
Con esfuerzo salgo de la bañera. Me miro en el espejo lleno de vapor y seco mi cuerpo húmedo. Cojo la pierna  ortopédica y la encajo con sumo cuidado en el muñón. Hubo un retazo de mi vida en la cual me sentí como gallina en corral ajeno, perdida y sin encontrar  alicientes que me hicieran seguir. Hoy escucho las risas del salón y son como notas musicales que me dan los buenos días cada mañana,  que me siguen  con sus pequeños pasos y me llaman mamá una y otra vez. Y es que son como tiernos pámpanos que renacen  en una vid, tras la tormenta.

Cande Molina Mostazo
Y NO ME CANSO DE MIRARLA
Y no me canso de mirarla, mis ojos la persiguen hasta que baja la escalera y desaparece calle abajo, me fascina  el contoneo de sus caderas al caminar. Y me hechizan las burbujas de colores que va dejando  su perfume al pasar. Decidida, segura, con paso firme, va sonando la melodía de  sus movimientos a su alrededor. Y no me canso de mirarla, embrujado por sus ojos color miel, me quedo con la piel de gallina y frío como el hielo.
Y así, cada día, al mirarla mi corazón vuelve a latir, porque cada noche me quedo cavilando y robando las horas al reloj, hablándole al espejo: “pobre infeliz, soy pámpano caído”. Y mi corazón deja de latir.

Gema Frías Luque
DOBLE VIDA (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 2/8/20).
Me sentía el centro de atención ante los ojos de cientos de personas. Me sentía preso alrededor de aquella burbuja que sin querer me protegía como lo hace tu ángel de la guarda.
Podían cavilar que mi fragilidad era incesante, comparable a la de una asustadiza gallina de corral.
Desolado ante el espejo, me repetía a mí mismo que debía luchar ante todos los obstáculos que se interpusieran en mi camino.
Me había preparado fuertemente para que mi corazón fuera frío como el hielo aunque, en realidad, se comportaba noble y frágil como un pequeño y delicado pámpano.

Laura Pérez Alférez
CAVILACIONES
Cavilando en la cantidad de cosas que queríamos  hacer cuando nos  veíamos en el espejo de la juventud, inmersos en nuestra burbuja de hielo e inseguridades, de ilusiones, de planes, de viajes alrededor del mundo.
Aquel muchacho con los dieciocho recién cumplidos, verde como un pámpano, que estaba convencido de que podría lograr todos y cada uno de sus sueños y que se preguntaba... “¿Qué será de mí a los cuarenta?”
A ver... ¿Dónde está aquel gallina? Que dé la cara si se atreve.

Rafa Núñez Rodríguez
MIS PASTELITOS
Dicen que a algunas gallinas, después de cortarles el cuello, siguen corriendo.
Tal vez, después de mucho cavilar alrededor de mis tentaciones, eso es lo que me ocurre a mí.
Si es que no soy de hielo.
Mi espejo dice que no puedo, pero aquí estoy, frente al escaparate, mirando esa bandeja adornada por pámpanos y repleta de pastelillos de crema y pasas.
Quizás, en lugar de intentar huir, debería invitar a alguien a mi dulce burbuja.

Mª Carmen Jiménez Aragón
QUERER ES PODER (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 25/7/20).
Jamás volverían a llamarle gallina. Toda su vida había sido demasiado cauto, demasiado precavido. Era hora de salir de su burbuja y demostrarle al mundo que ya no era el tierno pámpano que se enredaba en las faldas de mamá. ¡Por el amor de Dios!, tenía ya veintisiete años, aunque al mirarse en el espejo solo viera metro y medio de pura inocencia.

Y entonces, después de mucho cavilar, se levantó de la hamaca, se quitó los manguitos y se zambulló en la piscina. Su madre sintió como hielo punzante en el pecho y dejó de respirar, solo llevaba unas semanas con el monitor de natación. Pero de pronto Toño asomó la cabeza y dijo:

-¡Mira mamá, ya soy un pez!

Dori Calderón Ramos
OASIS
Retozando en un pámpano comenzó a cavilar cuan feliz y afortunado era.
Comida no le faltaba en aquel lugar, el hielo del amanecer no le rozó en los días que llevaba allí, cuando apretaba el sol, él estaba protegido en aquella burbuja de la felicidad y a su alrededor se oían ladridos, cacareos y otros sonidos de la vida mundana, pero él se encontraba tranquilo en su paraíso.
En unas gotas de rocío matutino halló un espejo y se miró. Su ego se empavonó de orgullo al mirar su estilizado cuerpo verde y brillante, alargado y esbelto, exuberante desde que vivía en aquel oasis sin ninguna preocupación.

Tal era su relajación que no fue precavido al cambiar de pose ante el improvisado espejo y resbaló, con la mala fortuna de caer ante el pico de la gallina Turuleta que se lo zampó.

sábado, 18 de julio de 2020

I MICRORRELATOS AL AZAR.



Tras conocer que el diario Sur comienza a partir del dieciocho de julio a publicar en sus páginas los mejores microrrelatos de este verano, cuyo requisito principal es, no superar las 150 palabras, los miembros del Club nos hemos puesto manos a la obra.
En esta ocasión hemos propuesto las siguientes palabras: REFLEJO, SOLTURA, ACOMETER, PESADILLA, CORAZÓN, AMANECER Y ARDIENTE.
Con esta selección de palabras hemos realizado unos microrrelatos inéditos y esperamos que formen parte de alguna de las selecciones que cada fin de semana propone entre sus páginas el Diario Sur.


La principal característica de este género narrativo es la brevedad, el autor tiene que expresar en unas cuantas líneas todo aquello cuanto desea y dejar al lector emocionado, pensativo o simplemente con la sensación de haber leído algo bueno a la par que breve.
Se necesita de mucha técnica y tiempo de dedicación porque es muy difícil transmitir una pequeña historia o secuencia,  en pocas líneas. En el microrrelato iríamos al punto clave o clímax de nuestra narración, en el que se produciría un giro inesperado que sorprenda al lector. Mientras que con la novela o los relatos disponemos de infinitas páginas para ir caracterizando a un personaje o a varios, para ir creando ambiente, para ir desarrollando la historia en sí.
De esta manera, nos tendremos que olvidar por supuesto de describir en exceso. Esta forma de escribir nos ayudará a buscar la palabra adecuada, en este caso los adjetivos descriptivos idóneos, para decir mucho con poco.


Rafa Núñez Rodríguez
MI VIDA SIN TI
Era otro amanecer de esos que llenan de llantos a los adormilados árboles.
Aparto con la mano las pesadillas que empañan el cristal de la ventana, y observo mi reflejo en él. No es más que las cenizas de lo que antaño fuera un corazón ardiente.
Y allá, a lo lejos, su recuerdo petrificado.
Hoy debo acometer la última batalla, la más difícil, debo acabar con el enemigo que está gobernando mi alma y que, con soltura, la va mordisqueando inmisericordemente.
Y son mis dientes los que se clavan y mis lágrimas las que huyen al refugio de la soledad.
Me miro las manos, tengo las uñas tan negras como mi ánimo, entonces un suspiro lo envuelve todo, mientras pienso que ya no tengo por quien lavarme.



Cande Molina Mostazo
DÉJAME (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 26/7/20).
Déjame despertarte de tu pesadilla. No tengas miedo, tú solo mira mis ojos ardientes y déjate llevar. Las subidas son muy duras, pero los paisajes son extraordinarios.
Déjame llevarte a un lugar maravilloso, donde los amaneceres son rojizos y anaranjados. Déjame acometer mi propósito y te enseñaré donde nace el agua pura y cristalina. Déjame enseñarte el reflejo de los árboles y notarás la brisa en tu pelo. Déjame cogerte de la mano y verás con que soltura pasean las flores y luego, si te gusta, podemos leernos mutuamente.



Gema Frías Luque
MI MEJOR PESADILLA (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 25/7/20).
El reflejo de tu mirada siempre me había resultado una pesadilla de la cual no había podido escapar nunca, cada noche venías a buscarme al filo de mi cama y al amanecer te esfumabas para acometer el plan perfecto de mi próximo sueño.
Mi corazón latía con soltura, cada noche a la misma hora, allí estabas tú, para volver a recordarme que tu amor era más ardiente cada día, que tus ganas se parecían a las mías, que tus deseos eran ya parte de los míos.
Esta noche, cuando has venido a buscarme ya no he sentido miedo, he notado que estamos más cerca el uno del otro y que, por fin, he entendido lo que realmente siento cuando me visitas cada noche en mis sueños.

Dori Calderon Ramos
SENSACIONES
Como cada amanecer trato de acometer mis tareas con soltura, no conseguirlo se está convirtiendo en una pesadilla.
Entro en la habitación y te veo dormido, y mi corazón palpita aunque no escucho sus latidos, quizás sea este cansancio lo que no me permite escucharlos.
Te miro, y esa mirada ardiente tuya que me vuelve loca, ahora está ausente, perdida. No sé qué nos ha pasado.
Te marchas a trabajar sin decirme nada, y yo busco mi reflejo en el espejo, pero no lo encuentro.
Quizás, el golpe que recibí la semana pasada de aquel coche tiene algo que ver con todo esto.


Laura Pérez Alférez
ESPEJISMO (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 26/7/20).
Volverás al mismo horizonte de mis ojos, en el reflejo del amanecer de una mañana de cualquiera.
Llegarás de nuevo a mi reja rememorando suspiros de un corazón ardiente.
Me vestirás con versos de amor y besos en un instante de incertidumbre, acometiendo con soltura un comienzo que se acaba.
La luna del alba se desvanecerá en una turbadora pesadilla y te irás a un lugar llamado recuerdos para nunca más volver.
La lluvia moja mis insomnes párpados.



María Jesús Campos Escalona
El AZAR (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 26/7/20).
Cuando el reflejo de tu mirada delata dolor me sobrecoge. Sé que hace años tu cuerpo entero se movía con una soltura y una gracia casi difícil de describir. Y sin embargo hoy tus movimientos son lentos y algo torpes.
Acometes, día tras día, la ardua tarea de redirigir tu vida, de mantenerte fuerte, pero sé que vives en una pesadilla constante. Mi corazón sufre por ti y aun así no puedo por más que glorificar tu persona, pues sé que ahí estarás como cada amanecer, constante, serena, ardiente... Mas luego, a lo largo del día, te irás apagando muy lentamente, casi sin hacer ruido te marcharás, como siempre.



M. Carmen Jiménez Aragón
TODO TERMINÓ (Incluido en la selección de mejores microrrelatos del Diario Sur del día 19/7/20).
Se despertó desconcertada, sin saber bien cómo había llegado allí. Dirigió la mirada hacia el ardiente rescoldo donde se chamuscaban algunas piezas de carne. Sobre las ascuas descansaban también las lenguas puntiagudas de varios cuchillos. El pánico aceleró su corazón al darse cuenta que su captor podría volver en cualquier momento y, mientras se deshizo de las ataduras con sorprendente soltura, tomó conciencia de la osadía que pensaba acometer. Sabía que el amanecer era su aliado, cuando las sombras se amparan en las penumbras y nada parece real, cuando la niebla oculta los movimientos y los pierde en la eternidad. Todo iba a terminar. Pero de camino a la puerta reparó en su reflejo inexistente del espejo. La pesadilla hacia días que había terminado.


viernes, 17 de julio de 2020

V LO QUE ME CUENTA UNA FOTO. RACISMO.


Queremos compartir con vosotros esta actividad que nos ha resultado muy constructiva. Se trata de elaborar un relato, sin límite de palabras, a partir de la observación de una fotografía, elegida al azar, y plasmar la historia que te sugiere dicha imagen, o hilar pensamientos que te provoquen,... en definitiva, dejar correr la imaginación y la creatividad literaria. Os daréis cuenta que cada persona al observar la imagen la ve con un matiz diferente, o se fija en un detalle concreto. Así cada escritor desarrolla una historia sorprendente y novedosa que nada tiene en común con la del compañero, salvo la imagen en la que está basada.

Esta es la imagen que hemos elegido en esta ocasión. Esperamos que disfrutéis de los relatos. 


Laura Pérez Alférez

ENFRENTA AL BULLING
Sentado en el borde de la cama, junto a sus raídas zapatillas de deporte y su mochila cargada de libros gastados y cuadernos en blanco. Se acabó la tregua del fin de semana, ya llegó el odiado domingo por la noche, al día siguiente tenía que abandonar la seguridad de su habitación y volver al colegio. Ese pensamiento le producía una sensación de falta de aire que le oprimía el pecho y le impedía respirar. Cuántas veces se había dicho a sí mismo que debía enfrentarse al "enterao" de la clase, no consentir sus burlas e insultos cuando le llamaba foca o cuatro ojos. Se trataba, por tanto de enfrentarse a sus miedos e inseguridades, de hacerse fuerte y afrontar la situación. No había duda, por tanto, de que ya nada le libraría de comparecer en la tierra de nadie del recreo del colegio. Con resignación y miedo infinito aceptó que el tiempo de tregua se había extinguido y comenzaba la lucha por la supervivencia.

Dori Calderón Ramos.

PREJUICIOS
¿Todos somos iguales ante la justicia?
No debería ser una pregunta, sin embargo, hoy más que nunca esta frase es una pregunta, y sólo tiene una respuesta, esa respuesta es NO.
No somos iguales ante una justicia que se vuelve vulnerable desde el momento que se aplica desde los ojos de alguien que tiene prejuicios ante personas que son distintas a sí mismo bien sea por su raza, sexo, fe, ideas políticas, condición social o cualquier otra característica tan simple como el color de su piel.
Nadie es más ni menos que los demás, sencillamente somos humanos, aunque cueste creer que alguien que apoya su pierna sobre un cuello de otra persona hasta que deja de respirar, pueda pertenecer a la misma especie terrestre que tú.
¿Todos somos iguales ante los ojos de Dios?
No puedo imaginar que Dios me mira con los mismos ojos que a un asesino, quizás nacimos iguales, pero nuestros actos nos hicieron diferentes.
Quizás sea digno de compasión, pero hoy la rabia no me permite compadecerme, que Dios me perdone. No soy quien para juzgar, ya que como he dicho antes, no se deben tener prejuicios, y yo hoy los tengo.
Tengo prejuicios contra quién sigue presionando a pesar de oír una voz diciendo que no puede respirar, tengo prejuicios contra líderes que, lejos de escuchar las voces que piden justicia, se vuelven contra ellos, tengo prejuicios contra la sociedad que no se une a la lucha de los que piden justicia a voces y tengo prejuicios contra mí misma por sentir que no estoy haciendo lo suficiente para que todos seamos iguales.


Rafa Núñez Rodríguez
LÁGRIMAS DE ALGODÓN

Se quedaron como banderas sin sentido ni movimiento.
Rígidos, vacíos de vida por culpa de una caricia que les apretaba el cuello.
Y por el odio a un color de piel.

Soy Ray llegué a Nueva Orleans en 1.964 con mis padres y mis cinco hermanos. Mis padres habían conseguido trabajo en un rancho algodonero: mi padre en el campo, mamá en las cocinas y Tina de niñera en casa de los dueños.
Los días eran largos y húmedos, pero la sonrisa siempre estaba pintada en mi rostro. Me dejaban estudiar un rato por las mañanas, para después ir a ayudar a las cuadras. Disfrutaba de los caballos y allí fue donde conocí a Eva, ella era la hija mediana del señor Smith y estaba al cargo de Tina. También le gustaban mucho los caballos, nos hicimos amigos casi antes de vernos, cantábamos mientras peinábamos las crines marrones, nos poníamos a escribir en las pizarras las frases que nos dictaba Tina... Por las tardes, salíamos a correr por los campos teñidos por los pinceles del cálido sol.
Reconozco que mi vida me gustaba, era sencilla y, sin darme cuenta, iba disfrutando de cada día, así sin más.
Una noche mi padre llegó nervioso y muy animado, nos sentó a todos a la mesa y nos dijo que, por fin, los negros iban a poder votar. Yo no entendía muy bien para que serviría eso, pero me gustaba verlo feliz y me olvidé del asunto.
Los días iban pasando, cada vez se veían más nubes sobre el horizonte y el aire se sentía un tanto nervioso. Mi padre se reunía casi todas las noches con los demás trabajadores, yo a veces los escuchaba desde la puerta, hablaban de presidentes, gobernadores..., un aburrimiento. Yo prefería irme con Eva a tirar piedras en el estanque.
Un día le pregunté qué era lo que pensaba de que yo fuese negro y ella me miró con su sonrisa de siempre y me dijo que no se había dado ni cuenta, y nos reímos volviendo al rancho.
Hoy Bill el capataz no estaba en el rancho y al llegar a las cuadras, Sam, ese que siempre trabajaba con la pistola al cinto, me dijo que me fuese al campo, que los negros no podían estar allí, que todo eso iba a cambiar a partir de hoy.
Le miré asustado y salí corriendo hacia la calma del suave algodón.
Esa noche se lo contaría a mi padre, me habían prohibido ir a ver los caballos y tampoco podía acercarme a la casa a hablar con Eva, incluso a Tina le habían dicho que mañana iría a coger algodón, que no tenía que dar clases a la señorita.
Mamá estaba preocupada, ya era tarde y los hombres todavía no habían llegado.
Salí a ver si los escuchaba llegar y, a lo lejos, vi unas luces molestando a la noche. Corrí hacia ellas, no se por qué pero tenía miedo, era en la arboleda.
Cuando estaba llegando sonó un tropel de caballos y me quedé inmóvil, un grupo de fantasmas rodeados de antorchas atravesaron el camino, y yo quieto, helado por el miedo. Entonces sentí una fuerte patada y una voz que me dijo que los negros nunca votaríamos. Los sonidos de los cascos se fueron mezclando con sus risas mientras se alejaban.
Noté unos brazos que me levantaban después de llevar un rato llorando hecho un ovillo en el suelo. Era mi madre con los ojos ahogados en llanto. Todos los negros del rancho estaban allí, caminando hacia la arboleda, todos callados, sintiendo la noche más triste.
Tina me apretó las manos, cuando la avergonzada luna nos enseñó el suave mecer de aquellas seis figuras, oscuras como la noche.
Me abrazó y lloramos lágrimas transparentes, ni negras ni blancas, gotas de una tristeza que nos acompañaría toda la vida.

Se quedaron como banderas sin sentido ni movimiento.
Rígidos, vacíos de vida por culpa de una caricia que les apretaba el cuello.
Y por el odio a un color.

Gema Frías Luque
PAPI CAMBIÓ EL MUNDO

Gigi grabó un vídeo días más tarde de conocer la triste noticia de la muerte de su padre a manos de un policía. Lejos de culpar a la población y de generalizar las acciones de la policía y censurar, acusar o imputar por los hechos ocurridos, la pequeña con voz firme y una sonrisa en sus labios dijo que su papa había cambiado el mundo.


–Mi padre es el nombre del cambio, ha dado una lección de pacifismo, educación e igualdad a toda la población, la acción de valentía que cambiará el mundo y los derechos civiles de los afroamericanos.

No quiero ser juzgada por el color de mi piel, sino por la naturaleza de mi carácter, por mis acciones…

Mi padre no temía al ser humano, era un hombre bueno, luchando por un mundo mejor, amando al ser humano por encima de todo, no entendía ese odio irracional hacia las personas de distinto color de piel.


La historia del ser humano está plagada, por desgracia, de casos en los que unos han dominado sobre otros, de guerras y odios contra pueblos ajenos por la simple necesidad de tener que odiar a alguien, de discriminaciones injustas que han dividido a los pueblos desde hace demasiado tiempo.

El negro todavía languidece en los rincones de la sociedad y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.

Todos los hombres deberíamos tener garantizados los derechos inalienables de “vida, libertad y búsqueda de la felicidad”.

No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el plano de la dignidad y la disciplina, sin degenerar jamás nuestra lucha en violencia física.


-Mi único deseo es que mi padre, George Floyd, de 45 años, que murió el pasado 25 de mayo en Minnesota después de que el oficial de policía Derek Chauvin le pusiera su rodilla en el cuello durante más de ocho minutos, sea el último asesinato de esa extensa lista de hombres que perdieron la vida injustamente a manos de personas de su misma raza. 
“La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes”. (Luther King)

María Jesús Campos Escalona

ÁNGEL NEGRO
Me levanté como cada día. Un vaso de café sólo y la última magdalena rancia del paquete, la pequeña y húmeda cocina se estaba cayendo a trozos.
No sabía dónde más buscar trabajo, todo eran negativas, apenas si tenía tres euros en la cartera.

El viaje a España había sido toda una odisea y ahora que por fin había llegado a mi destino no veía futuro. ¡Qué cruda realidad!

Paseaba por las calles divagando, andando sin saber dónde ir...

Cuando de pronto oí voces y gritos. Una mujer lloraba y la gente que iba paseando pronto se agolparon junto a ella para ver que sucedía.
Al parecer, una niña pequeña de unos cuatro años se había caído desde un segundo piso y se hallaba colgada tan sólo por una de sus pequeñas manos. Su vida pendía un hilo.

Cada vez más gente se agolpaba frente al incidente, pero nadie sabía que hacer. Un hombre que paseaba sacó su móvil y puso al tanto a la policía, pero la pequeña estaba cada vez más cansada, no aguantaría mucho más.

Sin pensarlo dos veces... me acerqué corriendo, dí un gran salto y trepé hasta el primer piso. Veía sus pequeños pies colgando, ojalá pudiese aguantar un poco más.

La pequeña lloraba sin consuelo, su cuerpo entero temblaba. Alargué la mano rápidamente, ¡uff! Apenas tocaba con las yemas de los dedos el segundo piso, puse un pie en el filo del balcón y con un enorme impulso llegué hasta el segundo. Me acerqué a ella, le cogí entre mis brazos, lloró y gritó de puro miedo y yo no pude por más que consolarla entre mis brazos, ella no paraba de llorar sin consuelo, con el corazón encogido. En esos momentos entendí por qué había venido a España. Por qué había hecho tan largo viaje. Porque el destino, o la vida me había llevado hasta ese preciso momento.
Cuando su madre la tuvo en sus brazos, su padre se acercó a mí y sin mediar palabra me dio un abrazo. No hubo palabras, ni ningún gesto, sólo eso, un fuerte y sincero abrazo.


M. Carmen Jiménez Aragón
MÁS ALLÁ DE LA LIBERTAD
-Buenas tardes, id pasando y sentaos. Sé que no hay sillas bastantes para todos, somos ya muchos, pero acomodaos donde podáis. Aunque no creo que la comodidad esté presente en nuestra cumbre. –Aclaró Martin.
-Tenía la esperanza de que, con el paso de los años, estas reuniones no serían necesarias, pero ya veo que mucha gente en el mundo ha pagado un precio muy alto antes de mí y muchos siguen pagándolo después de mí. -Comenzó diciendo Nelson con decepción en sus ojos.
-Efectivamente, hoy nos sentimos muy apesadumbrados porque se unirá a nosotros, en breve, otro compañero  al que no le tocaba aun estar entre nosotros, George.
- Tú lo has dicho, Morgan. Debemos admitir que aunque la sociedad ha cambiado bastante en el último siglo, parece que todo el esfuerzo realizado no es suficiente para que algunos entiendan que un hombre que arrebata cruelmente la libertad y la vida de otro es un prisionero del odio.
-No puedo estar más de acuerdo,  -sentenció Aretha- todos requerimos y queremos respeto, hombre o mujer, blanco o negro.

La impotencia y el desánimo van creciendo entre los asistentes. Son demasiados, algunos ni siquiera abren la boca, pero por dentro las palabras bullen y gritan desconsoladas. Todos saben que con sus reuniones no van a lograr nada, sus hazañas ya pasaron, pero tienen sus principios tan arraigados y latentes como el primer día y solo esperan que la llama de la esperanza que algunos mantienen encendida consigan verla aquellos que aun se obstinan en mirar hacia otro lado. Es posible que tanta rabia acumulada provoque un tornado que acabe con esa esperanza de igualdad y paz.
De nuevo toma la palabra Nelson, algo inquieto en su silla.
-Los verdaderos líderes del planeta son aquellos que están dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo. Y su pueblo somos todos los humanos.
Kofi, que hasta ahora no había pronunciado palabra, alzó la cabeza y dijo con voz rotunda:
-Podemos tener diferentes religiones, diferentes colores, pero todos pertenecemos a una raza, y habitamos el mismo planeta.
-Con lo fácil que sería respetarnos todos y aprender del prójimo – murmuró Aretha desde el fondo de la sala.
-Sí, pero mientras sigan sin darse cuenta de que las fronteras reales de hoy no son entre naciones, si no entre poderosos e impotentes, nada cambiará. La clave está en la educación  -afirmó Kofi. La educación es el gasto para la defensa más efectivo que existe, el conocimiento es poder y ese poder utilizado de forma equitativa puede ayudar a todos. Sería lo ideal.
-Por desgracia no es eso lo que nos muestran los medios, el abuso de poder y la intolerancia es real y si no que nos dé su opinión George cuando llegue, -propuso Nelson. -¿Cómo ha vivido él el momento de su muerte? Pero ya lo hemos visto claro en la prensa. Gracias a Dios los periodistas se atreven a examinar la conducta de las figuras públicas y la exponen a la luz. Lo importante es conocer la realidad y que la sociedad dé su opinión.
-Si lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos – aclaró Martín. –Y, efectivamente, no se muestran indiferentes ante las injusticias. Me alivia saber que las humillaciones y calamidades que sufrimos cada uno de nosotros en su tiempo sirvieron para algo. Me pregunto ¿cuántos más deben morir? ¿Cuántos padres deben dejar huérfanos a sus hijos? ¿Cuántos estudiantes deben abandonar su carrera injustamente? ¿Cuántos inocentes deben unirse a nuestras reuniones para que los responsables de enardecer ese odio cambien la forma de ver y segregar a la raza humana? Yo, por mi parte, no me cansaré de repetir que no soy negro, soy hombre, un hombre con un sueño… seguir soñando. Siempre he deseado que la igualdad, el respeto y la libertad sean los principios de la humanidad. Esa era mi meta y seguirá siéndolo por toda la eternidad. Algún día será una realidad.

Todos asintieron con la cabeza, convencidos profundamente de que ese día llegará. En ese momento alguien cruzó el umbral de la sala, irradiando esa luz que solo tienen los que llegan empujados por el odio y la intolerancia…
-Hola, soy George Floyd.




Cande Molina Mostazo
SIMPLEMENTE
‌Alzó la mano y se peinó el pelo, atrapando los cabellos entre sus dedos, y justo en ese momento, un grito: ¡al suelo! Antes de poder averiguar de dónde procedía, un gran porrazo lo dejó tirado en el suelo. La sangre empezó a manar por sus rizos, simplemente estaba en el lugar equivocado. Cuando te disparan, simplemente porque tu coche se ha averiado y eres sospechoso por estar parado en el arcén, o cuando estás sentado en tu coche leyendo un libro pero dicen que estás armado, o cuando te detienen porque creen que has utilizado un billete de 20 dólares falso y te aplastan el cuello con una rodilla durante 8 minutos, y a pesar de decir no puedes  respirar. Siguen apretando aún más hasta que tú corazón deja de latir. Tus ojos y mis ojos lloran igual, tus manos y mis manos acarician igual, tus labios y mis labios besan igual, pero tu piel no es igual que mi piel, y entonces tú vida no vale nada. Aunque tu corazón sea grande como el mío, para ellos tú color no vale nada, que Dios se apiade de ellos porque sus actos no tienen perdón en el mundo divino. Simplemente por estar en el sitio equivocado no es, es simplemente por ser negro.


viernes, 26 de junio de 2020

MICRORRELATOS CONFINADOS. CÓMO VIVIR LA CUARENTENA FOMENTANDO EL ENVEJECIMIENTO SALUDABLE.









Durante el confinamiento, el Club de Lectura y Teatro de La Viñuela se ha volcado en escribir sobre temas de lo más variopinto.

La red Guadalinfo ha participado en la iniciativa "Microrrelatos confinados, cómo vivir la cuarentena fomentando el envejecimiento saludable", durante el mes de abril de 2020 en la plataforma www.enbuenaedad.es.

En esta sección se han recogido vivencias, testimonios o experiencias, reales o ficticias, que de forma positiva, han contribuido a promover un envejecimiento saludable durante los días de confinamiento en casa.

El proyecto “Fomento del envejecimiento saludable a través de soluciones digitales” ha reunido en esta publicación los microrrelatos enviados, en reconocimiento a sus autores y autoras por participar y compartir sus experiencias.

Estamos muy orgullosos de haber aportado nuestro granito de arena a este pequeño proyecto y una vez más reforzamos nuestro compromiso con la escritura tratando, sobre todo, de mejorar nuestras habilidades dando pequeños pasos que nos ayudarán a seguir avanzando.

miércoles, 24 de junio de 2020

IV LO QUE ME CUENTA UNA FOTO. LA VIDA


Queremos compartir con vosotros esta actividad que nos ha resultado muy constructiva. Se trata de elaborar un relato, sin límite de palabras, a partir de la observación de una fotografía, elegida al azar, y plasmar la historia que te sugiere dicha imagen, o hilar pensamientos que te provoquen,... en definitiva, dejar correr la imaginación y la creatividad literaria. Os daréis cuenta que cada persona al observar la imagen la ve con un matiz diferente, o se fija en un detalle concreto. Así cada escritor desarrolla una historia sorprendente y novedosa que nada tiene en común con la del compañero, salvo la imagen en la que está basada.

Esta es la imagen que hemos elegido en esta ocasión. Esperamos que disfrutéis de los relatos. 


Rafa Núñez Rodríguez

WHISKY Y MARFIL

Era tarde, siempre era tarde para él, estaba acostumbrado a la sensación de estar en los lugares un rato después de cuando debía haber estado.
Se frota las manos con desgana, necesita hacerlas entrar en calor, las mira casi como recordando su vida en ellas. Cada pliegue de su desconsolada piel le recuerda a alguna borrachera, pequeñas marcas de vasos rotos que le dejaron dibujos extraños en su palma izquierda.
Las uñas mordisqueadas de cuando se sentía nervioso, aún le ocurría, hasta el tercer whisky no era capaz de sentarse delante del piano.
Tenía los ojos turbios por la soledad, esa compañera que se apropió de su camino, que lo fue guiando de noche en noche, de garito en garito, solo le permitía ser compartida con el humo que iba ennegreciendo sus pulmones.

Hoy la sala está casi vacía, alguna pareja que solo tienen ojos para el amor y un par de personas como yo, que vamos a sentir la música que mana de esas manos temblorosas y oscurecidas por la edad.

Un largo trago para apurar el vaso y un leve gesto al camarero, acaricia con suavidad el marfil desgastado, ese que le da alimento a su alma, cierra los ojos por un instante y se ve tocando en San Francisco, aquella noche en la que el mismísimo Sinatra le aplaudió, ese es el momento más importante de su vida, o eso piensa, aunque después de aquel aplauso, nada cambió, nada fue diferente, el mismo whisky y el mismo tabaco durante cuarenta años.
Y entonces se produce ese pequeño milagro de todas las noches, el piano comienza a llorar con tanta pasión que las parejas dejan de besarse, que los borrachos abren sus rojizos ojos, y hasta parece que los coches han dejado de hacer ruido por las calles.
Esas manos se fusionan con la música que desprenden , y ya no hay edad, ni dolores heredados, ni oportunidades perdidas.
Solo quedan esos sonidos eternos que regala cada noche un viejo pianista.


Gema Frías Luque
CICATRICES DEL PAN

Habían pasado unos años llenos de miedos, penurias, confinamientos, hambre, muertes impunes, desprecios…

Fue una masacre y una etapa que truncaría sus vidas para siempre, fueron tiempos difíciles y la guerra había quitado todas las ilusiones que pudieron llegar a existir.

Había que empezar desde cero, con unas pocas de semillas esparcidas por las agrietadas rendijas de los atrojes, con mucho sacrificio y trabajo inhumano. Tendrían una larga lucha por sobrevivir en unos años donde la supervivencia era lo único importante.

Y aunque quedaba todo por hacer, posiblemente se adentraban en el camino en que se dejaba ver la luz a través de la oscuridad.

Tuvieron que enterrar a sus muertos, recomponer sus desgracias y con esa fuerza sobrenatural que solo poseen los seres humillados y deprimidos, tenían que reorganizar sus devastadas y míseras vidas, el poder los había denigrado, despreciado y doblegado.

En un lugar no muy lejos de aquí había un matrimonio con cuatro hijos con edades muy parecidas, siendo el más pequeño de 4 años y la más grande de 11 años. Ellos eran el pilar fundamental para el sostén familiar, ayudaban y contribuían por igual en la medida de sus posibilidades, siendo de gran importancia todas las obligaciones de las que disfrutaban.

La cruda y profunda crisis que había en ese momento, atroz, descomunal y desigual cuando el jornal era de 11 pesetas y un kilo de pan costaba 18 pesetas, así que harían falta muchas manos para que no notaran la falta de pan cada día.
El principal entretenimiento y su obsesión era arrimar el hombro en casa.
Las grietas y ampollas en las manos, sin olvidar las rozaduras en las albarcas, eran una constante, solo las durezas los hacía fuertes ante aquellas pequeñas y finas hebillas.
Eran momentos muy difíciles, y aunque existía en sus corazones la rebeldía y las ganas de mejorar su situación, el poder los había doblegado y demasiada gente ya se había acostumbrado, el silencio invadía sus vidas y sus corazones, nadie se quejaba, no sabían, quizás no debían...
Los días pasaban y las jornadas de trabajo eran más exhaustas que otras cuando menos, el frío calaba hasta los huesos y se hacían las horas más eternas que de costumbre.
La esperanza, no cabía ni en la mente, el propósito diario era el de comer todo lo que tu estómago necesitaba y el ritual de reunirse todos en la chimenea era lo habitual, el único recuerdo del día que se recordaba con alegría.


Y pasaron los años y el tiempo se iba acabando, cada cual buscó su vida como mejor supo, alargando los días para conseguir una vida mejor, pero sus manos lo delataban… había sido muy duro, pero lejos de recordar su vida llena de tristezas, con dolor y sufrimiento, sentía un profundo bienestar, una paz interior sintiéndose orgulloso de haber luchado contra viento y marea, contra todo pronóstico, sacó valientemente a su familia adelante, dando su protección y habiéndoles proporcionado una esperanza de vida mayor a la que le tenían reservada para él.




María Jesús Campos Escalona
TUS MANOS
Tus manos son las que me acarician,
las que me besan el alma,
las que me envuelven,
las que me arrullan,
las que secan mis lágrimas.
Tus manos son las que trabajan duro,
las que se sumergen en agua fría
para que nos asalte el frío invierno.
Las que madrugan y me despiertan con un beso,
las que cocinan sin descanso.
Tus manos...
arrugadas por el tiempo,
no conocieron delicadas fragancias,
ni la suavidad de algodones;
se forjaron,
en el campo a pleno sol,
marchitándose con el paso del tiempo,
pero nunca perdieron su procedencia,
ni su pálida belleza.
Tus manos son vida,
son dulzura y calidez,
tus manos son tu esencia,
bendita corona alada de tu ser divino.
Si tus manos hoy titubean y tiemblan
no temas.
No temas.....
que yo las guiaré
con las mías.

Dori Calderón Ramos


CARICIAS
-Abuelo, ¿Por qué tus manos no son suaves?
-Hija, porque son manos de viejo.
-Pero abuelo, el abuelo de Maya también es viejo y sus manos son suaves.
-Quizás, las manos del abuelo de Maya tuvieron una vida diferente a las mías.
-Y..... ¿Cómo fue la vida de tus manos, abuelo?
-Mis manos tuvieron una vida dura, hija mía. Lidiaron con la tierra y el Sol, con el frío y la caló, con las horas de trabajo duro en el ocaso y el aire frío de la madruga, con la hoz y la yunta, con la azada y el arado, con la necesidad y la esperanza, pero sobre todo lidiaron con el poder del señorito, que recogía la mayor parte del fruto del esfuerzo de mis manos.
Aún así, en mis manos siempre hubo una caricia para tu abuela, para tu padre y para ti, y aunque esa caricia arañe un poco, vosotros siempre la recibís con una sonrisa y un abrazo, porque sabéis que esa caricia iba llena de amor.





M. Carmen Jiménez Aragón
OLVIDO
Sentado en el sillón, el abuelo observaba sus manos con un tono de extrañeza en los ojos. Las levantaba contra el sol de la ventana y las examinaba, girándolas, mientras pensaba que no le eran familiares. De pronto, se sobresaltó al ver otras manos bailando junto a las suyas. ¡Pero qué diferentes eran! Mucho más menudas y con una piel completamente lisa. Pensó que, quizá por su reducido tamaño, no cabían en ellas manchas ni imperfecciones y eran tan blancas que a veces las perdía de vista al mirar a contra luz. Se movían con mucha rapidez e iban acompañadas de una risa infantil y chillona. No, definitivamente esas manos tampoco le eran familiares. Pero entonces las pequeñas manos se pararon en seco, yéndose a posar sobre las suyas, y una sensación de tranquilidad acabó con el desasosiego que crecía en su pecho. No le transmitían seguridad porque las notaba torpes y alocadas, pero sí algo de delicadeza y cariño. Y dos segundos después las manos alzaron de nuevo el vuelo y, tras una vuelta de reconocimiento por todo el salón, desaparecieron llevándose también la voz chillona y risueña.

La experiencia lo había dejado agotado, sentía que los parpados le pesaban y que el alma lo aplastaba contra el sillón. Sus manos yacían sobre los reposabrazos y se disponía a cerrar los ojos cuando otras manos lo interrumpieron. Una fue a parar a su pierna y la otra a su mejilla. Venían acompañadas de una cara con una gran sonrisa y unas palabras que le resultaron indescifrables. Quizá no eran tan enigmáticas, quizá fue que él no les puso atención, a decir verdad, se había quedado absorto mirando esas nuevas manos. No tan pequeñas ni delicadas como las anteriores, pero limpias de arrugas o manchas, eran unas manos fuertes y decididas, resueltas. El abuelo no dejaba de ir, con su mirada, desde las manos a la cara y de la cara a las manos, intentando descubrir que le unía a ellas, pero sea quien fuese debió notar su decepción en el rostro y quiso tranquilizarlo de algún modo. Las jóvenes manos se acercaron a una de las suyas y acariciaron el dorso con mucha paciencia y comprensión, juguetearon a entrelazar los dedos y a hacer cosquillas en la palma. Esas manos sí le transmitieron seguridad y protección aun sin saber a quién pertenecían. Le inspiraban confianza. En unos minutos, el abuelo desistió en su intento de averiguar y volvió a fijar su atención en los tenues rayos de sol que todavía se colaban por la ventana. Dos palmaditas en su mano y unas palabras y volvió a quedarse solo en su sillón.

Sus ojos se anclaron en las ramas del viejo álamo y en el brillo de sus hojas, pero su mente viajó al antiguo caserío familiar, a esas meriendas en el patio trasero a la sombra de las parras y el eterno corretear del agua en la fuente. Gente que se acomoda y charla, y niños jugando junto a la acequia. Y se ve a él mismo alzando su vaso de vino y dando gracias, y junto a él una joven que lo abraza y posa la mano sobre su pecho y le sonríe con amor. Es la misma sonrisa que tiene delante ahora, sentado en el sofá. Nota una mano apoyada en su pecho y unos ojos que lo miran con amor, pero no identifica de quien son. Esa mano sí se parece más a la suya, huesuda, manchada, arrugada. Frágil y débil como las amapolas de su caserío. Cómo le gustaría volver allí, volver en los años, volver a ser él. Pero sabe que de no poder encontrar el camino del tiempo, el único sitio en el que se encontraría a gusto es donde está, en su sillón, disfrutando de su ventana y con todas esas manos desconocidas que le transmiten paz.

Candelaria Molina Mostazo

ME GUSTA MIRAR TUS MANOS
Y ahora, tras los años, te ayudas de tu garrote. Tus manos, llenas de sabiduría y de tiempo, son el reflejo de una vida de esfuerzo y de trabajo, están más suaves que nunca. Me gusta mirarlas, me gusta cogerlas y medirlas con las mías, me gusta palpar  tus señales de las grietas y acariciar tus grandes callos. Tú disfrutas contándome que esa cicatriz fue con la hoz, y que ese callo ya es crónico y te acompañará a la otra vida. A veces te observo y estás pensativo y mientras tus cavilaciones están con los  recuerdos, entrelazas  tus dedos y giras los pulgares uno sobre el otro, ese carrusel me lo enseñaste de pequeña y me decías que los dedos pulgares no se podían rozar. Se ve que era un gran entretenimiento mientras se espera y, sin duda, es un ejercicio antiestrés. Yo en algunos momentos de tensión lo he practicado y te digo que me relaja bastante. Me recuerda mucho a ti.

Algunas noches sueño contigo y con tus manos. Sueño que es verano y estamos sentados en la puerta de nuestra casa al fresco, entonces yo voy a por la crema, esa que mamá tiene en la mesa de la máquina de coser y viene en una latita redonda de color azul y, muy suave y delicadamente, te la pongo a la vez que masajeo esas manos tan bonitas y fuertes. La piel  absorbía  rápidamente la poción, estaba tan seca que en segundos la loción desaparecía. Tú sonreías y me decías “¡qué suaves!”, me dabas un beso, me acariciabas el pelo y yo era la niña más feliz del universo. Me gusta mirar tus manos, cogerlas y medirlas con las mías.



lunes, 22 de junio de 2020

SEMANA CULTURAL DE LA VIÑUELA 2013.



Una de nuestras aficiones más constantes es la escritura y varios miembros del Club han sido merecedores de premios locales de escritura. Trataremos, a lo largo de estos meses, de transcribirlos en este espacio de modo que queden almacenados y tengáis acceso a su lectura. 
En esta ocasión recordaremos al ganador de la edición de 2013 del premio de Relato Breve, organizado por el Excmo. Ayuntamiento de La Viñuela, con motivo de la Semana Cultural, Rafa Núñez Rodríguez, con su relato titulado "MIS MANOS". El tema propuesto por la organización en esta ocasión fue "UN EMBALSE DE CUENTO"


MIS MANOS

Me froto enérgicamente las manos, siempre me quedan restos entre la agrietada piel y los bordes de las uñas, qué rabia me da. Me hecho un poco de agua sobre las manos, tengo que dejar de morderme las uñas.

Las piernas se me empiezan a clavar en el fango y voy sintiendo el frío del agua desentumeciéndome los músculos de las piernas. Me relajo tanto después de hacerlo, un día de estos me voy a quedar clavado como un faro en mitad del pantano.

De repente escucho un ruido ajeno a mi mundo, vuelvo la cabeza rápidamente. Observo alrededor, veo los pinos que me miran con indiferencia, cerca una pequeña isla de eucaliptos se retuercen cada vez que me ven, mueven sus hojas señalándome, culpándome de sus pesadillas, y a sus pies una barbacoa, pálida como los huesos que alimentan las flores que la rodean, me grita con sus dientes podridos, me escupe maldiciones mezcladas con cenizas. Tiene más hambre, bajo sus entrañas está enterrada, creo que fue la tercera, que trabajo me costó cogerla. Corría tanto que estuve varios días con agujetas. Corría y corría, me miraba asustada y corría, sin embargo no gritaba, no abrió la boca ni cuando mi hacha atravesó sus nerviosas ideas.

Fue fantástico, de las mejores presas que he cazado. Ojalá encuentre pronto otra parecida, es cada vez más difícil paladear buena carne.

Inspiro profundamente y miro el horizonte, casas de campo, olivos, aldeas, y el crepúsculo enrojeciendo las frías aguas.

Bueno, tengo que ponerme a trabajar, es mi primer hombre y me va a dar un par de horas el despiece. Miro a la orilla y veo el cuchillo lamiendo las últimas gotas de sangre que resbalan hacia la empuñadura. Vaya se me ha olvidado la pala en el coche, hoy se me va a hacer de noche aquí. Bueno, Marta ya hace tiempo que no me pregunta el por qué de mis tardanzas.

Me froto enérgicamente las manos, siempre quedan restos entre la agrietada piel y los borde de las uñas.