lunes, 23 de agosto de 2021

I. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

   Siguiendo la línea de nuestros ejercicios más populares, os presentamos este nuevo apartado en el que, utilizando algunas palabras elegidas al azar por varios miembros del Club de Lectura y Teatro, elaboramos microrrelatos, reflexiones, microcuentos, etc., donde encontraréis originalidad, diversidad y muchas ganas de transmitir.

   El máximo de palabras estará condicionado al número de palabras obligatorias a incluir en el texto, pero oscilará entre las 150 y las 180.

   Las reglas siguen siendo las mismas: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "la amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo).

   En esta ocasión son siete las palabras propuestas para incluir en las historias: PENUMBRA, PELAGATOS, ZURCIR, HERMOSO, DESORDEN, REFLEJO y DÁDIVA.
 
   Esperamos que disfrutéis de la lectura.


Rafa Núñez Rodríguez
RECORDANDO A MARY SHELLEY
   Siempre presintió que sería hermoso y ahora ya sabía que era así, lástima de la segunda cuchillada, lo había atravesado como al humo de una chimenea.
   Pero después de zurcir el corazón y recoger el desorden de órganos, que lo miraban tiritando sobre la mesa, suspiró. El reflejo de un trabajo, casi terminado, le llenó de orgullo.
   Miró hacia la ventana, la penumbra ya comenzaba a adueñarse del paisaje y algunos rayos empezaron a guiñar a lo lejos. Sacó los cables por la ventana y se los clavó en los agujeros que pudo abrirle en el cráneo. A partir de mañana ya nadie diría que era un pelagatos. Se frotó las manos nervioso, estaban más cerca los fogonazos del enfadado cielo, y él deseoso de recibir sus dádivas para completar el proyecto.
   Entonces, unos golpes tras la puerta y una enérgica voz:
  -Miguelito, dile a Héctor que se vaya, que hay tormenta. Ya mañana terminaréis el trabajo del cole.


Mª Jesús Campos Escalona
NO PUEDO DORMIR
   Oí un ruido y me levanté con miedo. En la penumbra del pasillo apenas se divisaba una pequeña luz. ¿Cómo había podido engañarme aquel pelagatos con su palabrería barata? ¡Menuda casa de alquiler! Aunque debía reconocer que mi desorden mental tampoco me había ayudado mucho. Necesitaba dormir. El tiempo y la distancia zurcirían las heridas de mi corazón.
   Anduve por el largo pasillo descalza. Me pareció oír una hermosa voz cantar y me dirigí con osadía en busca de la melodiosa armonía.
   Abrí la puerta de la habitación. El reflejo del cristal me mostró una imagen incierta. Una niña me sonreía con dulzura mientras, como dádiva, me ofrecía un bebé macilento.


Benet da Silva
EL REGALO MÁS HERMOSO
   Menudo desorden se generó cuando corrí la voz de que aquellas empanadillas estaban caducadas desde hacía un mes. Nos negamos a cocinarlas, cinco mil jóvenes corrían peligro de intoxicarse.
   El capitán de cocina, se presentó en ella y, ante mi negativa de cumplir sus órdenes y como inductor de aquella “rebelión”, ordenó llevarme al calabozo. Pasé seis meses en la penumbra de una celda.
  Una vez liberado, supe que, tras investigarse el suceso, se descubrió que aquel pelagatos con estrella había aceptado dádivas, fue degradado y condenado. Aunque él era solo el reflejo de la podredumbre de la institución militar. No era el único que las aceptaba.
   Al final, la historia había dado un giro radical; a él no le zurcirán más estrellas en su uniforme y a mí, me hicieron un hermoso regalo; el respeto de la mayoría de aquellos cinco mil jóvenes, la noticia había corrido como la pólvora.


Cande Molina Mostazo
AETERNUM
   Cómo aliviar este dolor que te traspasa el alma y deja mi corazón en la penumbra. No estés triste, me dicen, como si pudiera zurcir mi tristeza con hilos de seda. Nunca se está preparado para perder a una persona que creó un mundo hermoso para ti, incluso antes de conocer y acariciar tu rostro.
   Qué desorden he podido causarle a la Moira para venir como pelagatos del destino y, sin aceptar pactos ni dádivas, arrebatarme el reflejo más brillante del ser más puro y verdadero.
   Abatida y rota de dolor, pensé que la muerte me había vencido, pero me mostraste tu sonrisa y, entonces, comprendí que la parca nunca gana porque jamás puede llevarse el AMOR, porque el AMOR siempre será eterno.


Montse Martínez Serrano
GEMELOS
   Joel avanzaba con sigilo hacia la penumbra. Tiradas en la calle había botellas quebradas de cerveza y vino. Aquel desorden, suciedad y olor a orín reventaban las puntadas del corazón que había zurcido en cada encuentro con su hermana toxicómana. Esta será la última vez, se dijo. Dobló la esquina y la encontró sentada en el suelo al fondo del callejón.
   -Pelagatas, ¿cuánto dinero me vas a pedir? Piénsalo bien porque será la despedida.
   Ella se giró y trajo consigo un hermoso bebé rollizo. Joel no sabía cómo aquel saco de huesos en el que se había convertido su hermana había podido criar tal dádiva. Se sentó a su lado y la miró. Tenía el mismo brillo en los ojos que cuando jugaban a piratas en casa de los abuelos.
   -Se llama Joel -. Dijo su hermana mientras en un acto reflejo el niño extendía los brazos hacia su tío.

Mª Carmen Jiménez Aragón
AL OTRO LADO
   A este lado del espejo me sentía triste, vacío. El destino me convirtió en el pelagatos que veía pasar la vida de los demás, pero que no dejaba de ser un reflejo en la penumbra. ¿Por qué él se creía original y con derecho a todo, y yo solo podía zurcir un momento a otro para poder sentirme vivo?
   Pero un día, quiso la casualidad que en uno de esos momentos, mi yo se acercara al espejo acompañado del ser más hermoso de todos cuantos habían desfilado ante mí. El desorden de sentimientos, que habitaba en mi lado plano de realidad, se evaporó y supe lo que tenía que hacer. Posé mi mano sobre la fría superficie esperando que, sorprendido, él hiciera lo mismo, y aproveché el contacto para saltar.
   Ahora mi reflejo nos mira incrédulo y aturdido mientras yo disfruto de la dádiva que me ofrece la vida.


Gema Frías Luque
VUELTAS DEL DESTINO
   Mi vida había sido un completo desorden, lo único hermoso fue aquel niño que abandoné, años atrás, fruto de un amor lleno de complicaciones. Siempre soñé con ser un hombre de bien y acabé siendo un pelagatos, fiel reflejo de mi padre. La vida había zurcido mis ropas, cientos de recuerdos y pensamientos desfilaban por mi mente buscando un nuevo camino. Sentado en la penumbra de aquel rincón apareció un joven, dádiva en mano. Un traje de chaqueta y corbata junto a una nota que decía “Quiero recuperar el tiempo perdido”.


Dori Calderón Ramos
RESACA
   Despierto en la penumbra de una habitación con un desorden total.
   Comienzo a zurcir los retales de mi memoria y recuerdo que gané la apuesta a mis amigas y me acosté con aquel insulso pelagatos que tanto nos miraba, eso explicaría mi situación en este momento.
   Pero... ¿Dónde estoy?
  Puedo vislumbrar mi hermoso collar rojo roto, brillando por un reflejo de luz que cuela por la ventana, si mi marido viese su dádiva en este estado mi divorcio estaría asegurado.
  Mi cabeza va a explotar, unas llaves hurgan en la cerradura y aparece mi marido sonriente acompañado de un señor trajeado y muy serio. No entiendo nada. Me muestra unas fotos de mi fiesta de anoche y... ¡¡OSTRAS!! El señor serio y trajeado es el pelagatos de anoche.


Mercedes Rodríguez Silvente
UNA INGRATA HISTORIA
   María estaba casada con un pelagatos, esta se dedicaba a zurcir prendas que los vecinos de aquel hermoso pueblo le llevaban.
  Me sorprendía su habilidad para hacer su tarea a pesar de la penumbra del rincón donde cosía, este era el reflejo del resto de su modesta casa. Un día, estando yo de vacaciones, fui a llevarle mis pantalones preferidos, me quedé boquiabierta al ver aquel desorden.
   Entablé amistad con María y me contó que su mediocre trabajo era la única fuente de ingresos para mantener a su familia, lo cual me provocó compasión.
  La semana siguiente cuando recogí mis pantalones, le llevé un obsequio, una pequeña compra de alimentos.
  Cuando María vio aquellas bolsas puso cara de enojo, no estaba dispuesta a recibir ninguna dádiva.
  Me dijo el precio de su trabajo y me marché con la prenda en perfecto estado y mi compra de vuelta, totalmente decepcionada.


José Antº Ortega Cuadra
REMIENDOS Y REQUIEBROS
   En ese momento me di cuenta que era un pelagatos. Tal vez no se pueda juzgar a alguien por no saber zurcir, sobre todo alguien tan hermoso, fiel reflejo de sus genes, heredados de sus padres y abuelos, a la vez que el resto de sus ascendentes. Pero al cabo de un rato de larga charla, y conociendo más de su vida, pude constatar el desorden y las penumbras en su vida. De ahí mi calificativo hacia él.
   No en vano, no pude evitar obsequiarle con una dádiva para sus oídos. Alimentar un poco su ego, después de mis duras reflexiones sobre él. Por más que mis conclusiones las considerara acertadas, no debía dejarme llevar por ellas, puesto que eran solo mías. Por eso constaté y le hice ver que me admiraba su belleza, su elegancia, pese a su torpeza a la hora de zurcir el roto en su camisa.

domingo, 15 de agosto de 2021

Rafa Núñez realiza su primer recital poético musical junto a Manuel Fernández.






Magnífico recital poético musical de la mano de Rafa Núñez Rodríguez acompañado de la guitarra de Manuel Fernández Sarmiento. Poemas dedicados al amor, al desamor, a la vida... todos ellos relacionados con su primer libro "Amalgama de hojas secas" publicado a principios de este año.
Durante el día de ayer se desarrollaron distintas actividades en el Centro Conviven de La Viñuela, con ellas se trataba de mostrar a un grupo de turistas suecos algunos matices de nuestra cultura.
Tras una cena rica y variada, comenzaron a deleitarnos con su arte José Román y su esposa Eli Córdoba, acompañados de cuerpo de baile, con tanto acierto que pusieron a todo el público en pie.
A continuación fueron los versos de Rafa Núñez los que completaron la noche, dando como resultado una velada llena de momentos irrepetibles.
Recitó, entre ellos, "TU PIJAMA", "SEREMOS" y "LATIDOS".




Aquí mostramos algunas imágenes de la velada celebrada ayer noche en el centro Conviven de La Viñuela.

viernes, 6 de agosto de 2021

XI. DEJA QUE TE CUENTE


Saludos, queridos lectores.  Os traemos un nuevo ejercicio en el que los miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela hemos elaborado microrrelatos, de unas 150 palabras aproximadamente, en los que debemos incluir unos términos clave propuestos entre todos. El tema de las historias es libre, aunque en ocasiones se ve muy condicionado por alguno de los términos obligados. Eso sí, originalidad y ocurrencia no va a faltar. En este caso serán 11 las palabras propuestas. Aclaramos que sustantivos y adjetivos pueden utilizarse en masculino o femenino, singular o plural; los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo o persona, o incluso en sus formas no personales; no se puede sustantivar un adjetivo, la palabra debe cumplir la función que originalmente se ha propuesto.
Animaos en casa a practicar los ejercicios, podéis sorprenderos gratamente. Y no dudéis en enviárnoslos si queréis verlos publicados.

Sin más, estos son los 11 términos que entre todos hemos propuesto: TUNDRA, DEPARTIR, DAMAJUANA, CONSTATAR, REQUIEBROS, TERRAL, LAMER, FÁBULA, BARRIL, INHERENTE y EVENTO.
Deseamos que disfrutéis de la lectura.  

José A. Ortega Cuadra
LA CABAÑA DEL VODKA
   Durante un viaje a Siberia, conocí a un paisano del lugar. Vivía en una cabaña perdida en la tundra siberiana, con poca vegetación pero la suficiente, haciendo inherente la vida animal.
   El clima ahí era totalmente distinto a mi tierra. En esas fechas del año, incluso podríamos estar sufriendo el calor producido por el terral, que tanto tememos.
  Pasé unos días con él. Dentro de su casa vivía rodeado de damajuanas, y algún que otro barril lleno de vodka.
   Empezamos a departir, al principio con cierta timidez, pero podría constatar, por ambas partes, que nuestra conversación se volvió de lo más amena.
   Al servir el vodka, pude percatarme como se le caía una gota en la mano que, acto seguido, se dispuso a lamer. No podía sino en hacerle unos buenos requiebros ante tal osadía. Se me ocurrirían unas cuantas fábulas de ese evento tan absurdo, pero a la vez tan gratificante.


Rafa Núñez Rodríguez
PEQUEÑOS MUNDOS
   Silencio, eso era lo que le lamía el rostro, el vacío de palabras hacía constatar su soledad en la tundra, un paisaje inherente a su castañetear de dientes, blancos eternos que pintaban fábulas antiguas y, reflejando el horizonte, aquella burbuja de cristal que le aprisionaba.
   El terral maldecía los requiebros de aquellos enamorados, besos para llenar un barril de algodón de azúcar, departían como si no hubiese un nuevo amanecer y, a la vez, se sentían eternos, aunque se encontrasen encerrados en aquella eterna burbuja.
   Se escuchó la campanilla de la puerta, dejé mi trabajo de sentirme Dios por un momento y levanté la mirada. Una figura se acercó mirando con curiosidad las estanterías.
  -Hola, tengo un evento y quisiera adornarlo con una de sus damajuanas, una de esas de las que tienen pequeños mundos viviendo su interior.


Laura Pérez Alférez
ESCRÍBETE UNA VIDA
   No esperaba nada original para su cumpleaños, como cada mes de agosto el terral sería el huésped que se colaría en el evento familiar.
  Constataba la lista de invitados cuando vio aparecer a su querida prima Rosa, cual vetusta damajuana, envuelta en un vestido globo, color musgo tundra, que le sentaba de fábula.
   Observó cómo el pequeño barril verde departía con descaro y festejaba algún condescendiente requiebro, mientras lamía obscenamente la cucharilla de la tarta.
   Y llegó el momento regalos.
  Su querida prima, tan básica como siempre, le obsequió una fingida sonrisa y otro libro. Rápidamente miró la contraportada, cultura literaria no le faltaba, podría aparentar haberlo leído y quedar como erudita lectora dando su opinión con inherente punto crítico.
   Pero aquella vez el ritual se hizo añicos, no había portada ,ni título, ni autor,...
   Solo hojas en blanco y una pequeña anotación en la última página:
"Escríbete una vida".


Benet da Silva
SIMPOSIUM
   El grupo que me acompañaba se sorprendió de las costumbres de nuestra ciudad, se deshacían en requiebros hacia ella, incluso yo me vi sorprendido en uno de los locales cuando nos sirvieron la cerveza de barril en una artística damajuana de barro, algunos de sus dibujos representaban una fábula sobre el posible origen de la cerveza.
   Aquellos expertos asistían a un evento celebrado en Málaga, en el que se departía sobre el cambio climático, uno de ellos puso como ejemplo el típico Terral; dicho viento aumenta de por sí la temperatura, pero en los últimos años este era más frecuente y agresivo. También se pudo constatar como la tundra ártica perdía territorio, ambas anomalías eran inherentes al calentamiento global.
   La última tarde uno de ellos se acercó para preguntarme dónde podría comprar las extrañas cañas dulces que mordió y lamió la noche anterior en el real de la feria.


Cande Molina Mostazo
CUANDO DOS ALMAS ESTÁN DESTINADAS A ENCONTRARSE
   Cuando entré en la casa lo primero que vi fue un pequeño barril, me sorprendió un grabado en latín sobre los zunchos. El salón estaba decorado con una gran colección de damajuanas, me quedé observando sus formas extremadamente sensuales.
   Comenzaron a servir los cócteles y los aperitivos. Justo estaba lamiendo la cuchara cuando me preguntaste por la invitación del evento y empecé a buscar en mi bolso. Nerviosa, constate que se me había olvidado. Tras departir unos minutos, salí al jardín, el terral había cambiado a brisa fresca, el paisaje era de fábula, a lo lejos la tundra parecía un manto de terciopelo. Con dos copas pompadour en la mano, te acercaste para ofrecerme una, te conté porque les llaman así.
   No podías dejar de pensar en los senos de la amante del Rey Luis XV. Sin parar de reír, me susurraste un requiebro. En ese momento, nuestras almas quedaron inherentes. A veces el destino es maravilloso, era la frase en latín.


Montse Martínez Serrano
QUE VIENE EL LOBO
   Si te mueves de ahí, te daré una tundra de palos, sentenciaba mi padre hiciese lo que yo hiciese. La primera vez que me puso la mano encima me cruzó la cara con la correa, mutándome para siempre la boca, inhibiendo el departir y mi voluntad hasta el día de hoy, el día de su entierro. Le siguieron más veces, puta violencia inherente de un padre analfabeto y borracho. Acurrucada, en el rincón de la salita, me sentía como una damajuana, hinchada de lágrimas no derramadas, rabia contenida y miedo corroído. Hace frío en el tanatorio, demasiado. Preferiría estar afuera, bajo el terral abrasador, lamiéndome las heridas. Lo miro, me resquebrajo y constato que estoy hecha de requiebros y retazos. Está hinchado como un barril. Pobre hombre que nunca supo decir tunda de palos. Al evento no ha venido nadie. ¿Conoces la fábula de Pedro y el lobo? Espero que no te doliera mucho la estaca.


Mª Carmen Jiménez Aragón
DAMAJUANA DE CORAZÓN
   Había comenzado el inevitable evento. El viejo, sentado sobre una silla baja, manejaba la mimbre a ras del suelo y pasaba la mano acariciando esa tundra seca para elegir la mejor opción y terminar su trabajo.
   Y es que cuenta la fábula que cada vida arrastra una inherente muerte y, en la senectud de los años, cada cual elige el momento. Basta con darle vida a una damajuana, y ya terminada, llenarla del barril nigromante y beber su contenido.
  Impotente, su familia departía sobre si era este el momento adecuado, ya que su hijo acababa de saber que su corazón no aguantaría al punto de embellecer su garrafa. Y mientras conversaban frente al anciano, un suave terral lamió sus rostros y los requiebros de sus hijas constataron su marcha.
   El viejo se fue, satisfecho por saber que su corazón ayudaría a andar el camino de la vida de su hijo.


Gema Frías Luque
VIDA DE PERRO
   Era una casa pequeña, más aún tras el nacimiento de sus gemelos. Su esposo decidió excavar en el sótano una habitación. Sus amigos no quedaron al margen pues, tras departir entre ellos y constatar la urgencia de aquellas obras, acordaron que, entre todos, acabarían antes. Y entre requiebros a los recién nacidos y abrazos de agradecimiento, comenzaron.
   Por aquellos días se dejaba notar un terral casi irrespirable y, tras lamer su propio sudor, un hallazgo fortuito tuvo lugar en los trabajos. Al levantar unas piedras, aparecieron restos de un viejo barril y justo debajo unos huesos y cristales de lo que parecía una damajuana.
  Estupefactos, recogieron con cuidado aquellos huesos y los entregaron a las autoridades para su análisis.
   Aquel evento no dejaba de arrojar interrogantes.
  Como si de una fábula se tratara, intentaron recomponer aquel puzle lleno de pruebas inherentes.
  Tras los análisis pertinentes se llegó a la conclusión de que era el enterramiento de un animal de compañía, posiblemente un perro, y su ADN situaba su procedencia en la tundra siberiana.


Dori Calderón Ramos
LIBRE
  Anoche departí largamente contigo, tus requiebros lamieron sutilmente mi ego y constataron que soy presa fácil de los susurros de amor. Siempre fue así, y mi vida se asemeja a una fábula sin moraleja.
   Te conté mi vida sin que tú compartieses conmigo ni un evento de la tuya, no importa, ahora sé que soy como barril de vino añejo, deseado mientras guardo mi interior y olvidado cuando se han bebido mi vino, quizás debería ser como la damajuana, fácil de llevar y de reponer su esencia.
   No he buscado una vida extrema ni me considero persona ingrata, pero a veces mi existencia se asemejó a la tundra, fría e inhóspita, y otras fue ardiente como el terral. De cualquier forma, siempre hubo un hecho inherente a todo lo ocurrido, para mí, mi libertad fue lo primero.
   Hoy vuelvo a estar sola, pero soy libre, el resto no importa.


Mercedes Rodríguez Silvente
LA NOSTALGIA DE UN VIAJE
   La belleza de la tundra noruega me dejó pasmada. Más tarde, en una población cercana, tropecé con un chico que tocaba el violín junto a su perro, le di unas monedas, se acercó. Para mi sorpresa, él dominaba el castellano y empezamos a departir, me hizo un par de requiebros por las monedas, me narró una antigua fábula, me sugirió algún evento y visitar la antigua región de Aquitania para adquirir alguna damajuana como souvenir.
   Durante los días posteriores pude constatar lo verídico de todo lo que me dijo, su extensa cultura debía ser inherente a su vida bohemia.
 Mi viaje terminó en Málaga, donde noté de nuevo el tan característico terral malagueño. Allí, me dirigí a una terraza donde había unos barriles como mesa, de pronto sentí que algo lamía mi pierna. ¡Menuda sorpresa!, al ver a mi lado a aquel simpático juglar con violín y su perro.

lunes, 26 de julio de 2021

HOMENAJE AL VERANO

 


El verano, esa estación del año tan deseada y esperada por todos... Los miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela tenemos el privilegio de vivir en un lugar en el que el verano es, prácticamente, todo el año, Andalucía. Sol, playas, buena comida, montañas y senderos, relajación en ambientes distendidos y, sobre todo, nuestra endémica siesta. Nada como vivir en el paraíso y disfrutar de todo lo que nos ofrece. Nada mejor, hasta que llegan los días de 40ºC a la sombra a las 20h de la tarde. Y es que nunca se está contento con lo que hay. 
Nosotros hemos aprovechado la ocasión para escribir algunas palabras dedicadas al verano, cada uno dándole el enfoque que ha creído oportuno, hay para todos los gustos.
Deseamos que tengáis una agradable lectura y que os ayude a pasar esas malas horas de tanto calor, en la orillita del mar y con algo bien fresquito cerca para echarse a la boca. 
Con este homenaje terminamos nuestra sección de dedicatorias a las estaciones del año. Os animamos a que nos enviéis vuestros ejercicios o a que propongáis nuevos para este Club ávido de retos.

Rafa Núñez Rodríguez
MI CALOR EN TI
veces me criticas, lo sé,
pero en el fondo
siempre disfrutas con la humedad de mis labios,
notas con agrado las pequeñas perlas de sal,
esas que mi lengua deja sobre tu piel desnuda.
Y como sabes que te miro,
te pones coqueta,
me descubres tus hombros,
me pides que los acaricie,
que les dé color,
y así soy yo,
pincel de momentos inolvidables,
de arena y sudor,
de carbón ruborizado y cervezas frías.
Y te doy luz,
para que me veas,
para que me sientas,
porque yo te quiero así,
clara como mis días
y con una pequeña corona de mis efímeras noches.
Te quiero como ese géiser,
que se hace eterno por unos segundos,
en las miradas que por un momento lo ven,
y quiero que me quieras,
porque soy dueño de tu ropa seca,
de esa que después intentaré humedecer,
aunque tú no lo quieras.
yo seré el calor que te hará arder,
pero con la amargura de saber que tu fuego interior,
ese, el de abrazos y susurros,
ese no me lo darás a mí,
lo tienes guardado para cuando caigan las hojas secas
y las palabras huelan a petricor.
Pero, mientras tanto,
yo seguiré disfrutando de las lágrimas saladas
que inundan tu piel,
y me las beberé como un sediento amnésico
que no recuerda que también fui tú verano anterior,
y seré igual el siguiente,
abrazándote como siempre.
Dándote mi calor.


VERANEANTES
A ella le gusta llegar temprano, no es que sea de rivalizar con el amanecer, pero las gaviotas suelen estar soñando con peces cuando abre su hamaca. Es de las de rayas verticales, unas blancas y otras entre azul y verde, ya que el sol, a lo largo del tiempo a jugado a cambiarle el tono.
Se acomoda y hace un poco de fuerza, para que se claven las patas, esas que tienen ya varias capas de pintura blanca, para evitar que el rubor del óxido se coma su hierro. Entonces respira hondo mirando al horizonte, a veces suspira, o incluso veo sus labios cómo conversan con el viento o la espuma del mar, o quién sabe con quién.
Hoy viene un tanto diferente, no trae su gran pamela de suave púrpura, hoy solo un pañuelo de florecillas amarillas y blancas. Me doy cuenta del porqué, su pelo se ha vuelto cobrizo, seguramente ayer tarde estaría en la peluquería y hoy se siente radiante.
Ella es una gran lectora, cada tres o cuatro días cambia de historia, y yo, como quien no quiere la cosa, paso a su lado para ver su nueva adquisición. "La Insoportable Levedad del Ser", el título es llamativo, parece interesante, tal vez después le pregunte de qué trata. Un día estuve a punto, pero me miró, me sonrió y yo seguí sin pararme. Quizás hasta notó que me ruboricé un poco, a mi edad, es extrañamente maravilloso.
No voy a describir mucho más de ella, porque cualquier mañana podéis verla allá, junto al susurro de esa orilla salada, esa que le cuenta tantas historias y también la escucha. Solo os diré que, a la hora del vermut, y antes de que el sol comience a castigar a las pieles más tímidas, ella pliega su hamaca, se pone las gafas de sol y comienza a navegar sobre la arena, y va dejando una estela de años, de veranos antes de otoños, de mis esperanzas y mis angustias.
Ya hace tres años que veraneo apagando el despertador del amanecer sentándome en la arena, que antes tanto me molestaba, leyendo libros, incluso algunos de poesía que no suelo entender. Pero es que su pelo cobrizo le queda tan bien.


Benet da Silva
NO FUIMOS MÁS

Fuera de ti y de mí
tímidamente,
anunciaba su llegada el estío.
Nuestras huellas en la arena
nos acercaban al horizonte,
ese que el atardecer
en rojo pintaba.
La pleamar teñía
nuestros pies
en momentos de azul
o en instantes de verde.

En ti,
vestía tu cuerpo
el estío,
las verdes o quizás azules
oleadas de tus ojos,
inundaban mi mirada.
Tu sonrisa de nácar
reflejaba su brillo
en tus rosados labios.
El rubor por lo inevitable,
pero no previsto,
enrojece tu rostro.

En mí,
el otoño tejía mis sienes
con blancos hilos,
y las llamas de la pasión
consumió.
La timidez de prudencia
se enmascara
y al deseo amordaza.

Dentro de ti y de mí,
las olas que en tus ojos nacen
arrastran la timidez,
el nacarado brillo de tu sonrisa
prende la llama de la pasión,
la prudencia apaga tu rubor.
Lo no previsto
deja de ser inevitable,
nuestros labios se funden
y no fuimos más,
ni tú ni yo.

En la arena
la pleamar borra
una sola huella.
Y la primavera
engendra un amor
que el estío alumbrará.


Mª Carmen Jiménez Aragón
AL VERANO
¿Dónde escondiste, ardiente amigo,
el aliento fresco de las mañanas?
Lo ahuyentaste con tu bochorno
y me llenaste de desgana,
de un sopor interminable,
de un cansancio embriagador.
Una tregua, te suplico,
dame vida, por favor.

Y me ofreciste una pausa
bajo la sombra de la parra,
agua fresca del botijo
mientras canta la chicharra.

Me regalaste lo más dulce,
blanca novia del jardín,
mil estrellas en pergaminos
que en biznaga convertí.

Me trajiste tus fragancias
y con ellas mi tedio aplacas,
huele a sol, a mar, a vigilia
e, inconfundible, la albahaca.

Me firmaste, ardiente amigo,
largos días y mucha luz
y en tus noches enamoradas
eterno embrujo andaluz.

Lento transcurres cual anciano
horas inmóviles en tu reloj,
igual que te odio, yo te amo,
me tienes partido el corazón
porque eres único, amigo verano,
de entre todas, mi estación.

Gema Frías Luque
VERANEANDO
Nos hacía pequeños guiños mientras lo acariciábamos, era todo un reto fotografiarse con aquel bonono. Pero lo que parecía ser un día divertido y variopinto se convirtió en todo un martirio. El animal ya estaba cansado de aquel verano y de tanto turista con cámara en mano en aquella reserva animal. Hasta teníamos a bien hacerle una dádiva por su paciencia, pero el día resultó ser cansino y aburrido, nos quedó un sabor agridulce y los guías gritaron, al unísono, un graznido para hacernos volver al autobús. Una vez dentro con panderetas y palillos montamos una sonada jarana.

Dori Calderón Ramos
CON LA CALOR
Con la calor, mis paseos por el Camino de la Fuente acaecen fuera del alcance de los rayos de Lorenzo, ya fuere al alba o al ocaso.
El estío regala favores a este paraje que luce sus árboles frondosos, el río llora sus últimas lágrimas y el canto de los jilgueros deleita mi oído.
A mi paso, ranas y tortugas se esconden en los charcos, algún pato apremia a su prole a refugiarse tras los cañaverales y enseguida llego al pozanco, que antaño fue lugar de baño de la chiquillería del pueblo y hoy solo la fauna del río osa entrar en sus aguas.
Cuando camino sola, mi mente evoca otros veranos, esos en los que mi madre vigilaba desde la orilla del mar mis juegos en el agua, hasta esos otros en los que yo era la vigía de mis hijos respirando las olas del mar.
Sueño con el sosiego de la siesta, en la tenue oscuridad del hogar cerrado para refrescarlo, disfrutando de días distendidos con la familia.
Y por la noche nos sentamos al fresco. “Pero...¿Qué fresco?”, preguntan los que no son de aquí. Pues ese que cada noche nos saca a la calle a charlar, reír, jugar o a mirar la luna y las estrellas.
Cuando los veraneantes conocen a ese "fresco", lamentan tener que marcharse, quizás en su cielo no se vean las estrellas.
Hoy mi paseo fue al ocaso y, ya de vuelta, me cruzo con algún vecino que me saluda y me saca de mis pensamientos, devuelvo el saludo y miro al cielo, la luna llena de anoche fue espectacular y esta noche ya luce espléndida.
Camino de vuelta a casa, mañana será otro día de verano.

Mercedes Rodríguez Silvente
METAMORFOSIS
Corría el verano del año 2007, Maribel había tomado la decisión de separarse y por ello se sentía mal. Estaba casada con un hombre al que no amaba, pero tampoco quería privar a sus hijos de su padre, fueron meses difíciles, pues le costó tomar dicha decisión.
Tres veranos más tarde conoció a Iván en el lugar de trabajo. Su vida dio un giro de 180º; –una rosa cada día, encuentros fugaces y románticos, llamadas telefónicas…–. Jamás nadie le había tratado de esa forma, esto hizo que comenzara a ilusionarse y cuidar más su aspecto, se sentía bonita ante el espejo, al mirarse en él se reflejaba el brillo de sus ojos, producto de la felicidad que aquel especial verano le regalaba.
Aquella tarde mientras observaba el atardecer desde su ventana, recordó el primer crepúsculo que vieron juntos.
«Después de doce veranos juntos el amor crece cada día más fuerte», pensó, mientras una sonrisa asomaba en sus labios.


sábado, 10 de julio de 2021

X. DEJA QUE TE CUENTE.


Saludos, queridos lectores. Aquí os dejamos un nuevo ejercicio en el que los miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela hemos elaborado microrrelatos, de unas 150 palabras aproximadamente, en los que debemos incluir unos términos clave propuestos entre todos. El tema de las historias es libre, aunque en ocasiones se ve muy condicionado por alguno de los términos obligados. Eso sí, originalidad y ocurrencia no va a faltar. En este caso serán 11 las palabras propuestas. Aclaramos que sustantivos y adjetivos pueden utilizarse en masculino o femenino, singular o plural; los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo o persona, o incluso en sus formas no personales; no se puede sustantivar un adjetivo, la palabra debe cumplir la función que originalmente se ha propuesto.

Por otro lado, estamos enormemente ilusionados porque, cada vez con más frecuencia, se une a nuestro ejercicio alguien a quien las palabras, la escritura y la cultura le remueve por dentro. En esta ocasión son dos los nuevos participantes, queremos dar la bienvenida a Mercedes Rodríguez Silvente y Jose Antonio Ortega Cuadra, desearles que se encuentren a gusto entre nosotros. Estamos expectantes ante las nuevas historias y formas de escribir que puedan aportarnos. Es la máxima de este club, aprender todos de los compañeros y canalizar ese aprendizaje para formarnos como escritores.

Animaos en casa a practicar los ejercicios, podéis sorprenderos gratamente.

Sin más, estos son los 11 términos que entre todos hemos propuesto: TÚMULO, BIGOTE, RUISEÑOR, SAUDADE, ERRAR, ALDABA ALBORADA, CANTÁBRICO, ENIGMÁTICO, VACUNA y PROFUNDIDAD.

 

Mercedes Rodríguez Silvente

ENIGMÁTICO RITUAL
Pedrito vivía en una casa a orillas del mar cantábrico, esa mañana el canto de un ruiseñor le despertó a la alborada, se asomó a la ventana y vio a su padre errar por el campo recogiendo flores y depositarlas sobre aquel túmulo. Pedrito se preguntó el porqué de aquel enigmático ritual que su padre repetía a diario.
El padre golpeó con la aldaba la puerta, el niño le abrió. Al ver los ojos de su padre enrojecidos, le preguntó:
—¿Qué te pasa papá?
—Son efectos de la vacuna, hoy me la han puesto.
A pesar de su corta edad, Pedrito intuyó que dicha explicación no era cierta. Por lo que replicó:
—Sientes saudade de mamá, ¿verdad? He visto cómo cada día depositas flores en su tumba.
Esas palabras le llegaron a la profundidad del alma, lo abrazo con fuerza.
Pedrito dijo:
—Me has pinchado con el bigote, pero aún así, te quiero.


José Antonio Ortega Cuadra
RECUERDOS
Estaba sentado delante de una puerta de la sala, trancada por una aldaba, entre tanto esperaba que me suministraran la vacuna. Mientras me atusaba el bigote, en la profundidad de mi saudade, rememoraba en la lejanía innumerables viajes atravesando los océanos. Del Mar Cantábrico recuerdo, sobre todo en la alborada, lo enigmático de sus aguas, incontables leyendas e historias de naufragios y vidas perdidas. Los oriundos de la zona hablaban de montículos de arenas, como túmulos funerarios, donde las almas de los náufragos, según contaban, vagaban en la eternidad. A veces creían ver, sin errar en su afirmación, a un ruiseñor en esas tumbas, alimentando en ellos la creencia de que era la reencarnación de algún finado.

Rafa Núñez Rodríguez
ETERNOS
La mejor vacuna para abordar mi enigmático miedo al agua pensé que la encontraría en el Cantábrico.
Cuando rompía la alborada comencé a adentrarme en el mar, toqué una imaginaria y salada aldaba, como pidiendo permiso, y me dejó pasar.
Un bigote de brumas se iba acercando por el horizonte, quizás advirtiéndome que estaba a punto de errar en mi decisión.
Comencé a bracear, a intentar formar parte de las olas, hasta que la saudade comenzó a invadirme. Como siempre, escuché tu voz llamándome y me sumergí a buscarte, como ese ruiseñor que besa con su pico a la última flor.
Nadie imagina un túmulo bajo el mar, ni un héroe que le tenga miedo al mar, nadie imagina que nuestro amor será eterno, allá donde duermes las aguas.


Mª Jesús Campos Escalona
LA DECISIÓN
Quizás erré a la hora de partir por el cantábrico. Mi enigmático carácter me hacía viajar con la soledad de un ruiseñor que pierde el rumbo.
Cuando desistí de ponerme la vacuna no supe ver la profundidad de sus enormes beneficios. Ahora intento respirar agotada. Entra en mi camarote un hombre alto con bigote, debe de ser el médico. Me mira apesadumbrado.
Mientras yo asciendo con la tenue alborada hasta una preciosa casa de campo. Saudade y escalofríos sentí al ver un túmulo con una tumba inscrita.
Volví mis pasos y giré la aldaba. Respiré profundo, por fin, mi hogar.


Laura Pérez Alférez
NO SIENTAS FRÍO, AMOR
Vamos los dos a pasear a la orilla del río, amor, el ruiseñor nos acompañará con su canto. Déjame abrazarte fuerte, afuera silva sin piedad el gélido viento del norte.
Cuando mañana se apague el sol y en la alborada sientas frío, no sientas miedo, yo iré para darte calor.
No te vayas, amor. Si te vas sin mí, erraré como un barco fantasma en un embravecido Cantábrico.
Vuelve conmigo a casa, amor, el recuerdo de tu rostro junto a la aldaba, enigmática pálida flor, será la vacuna que paliará mi duelo de saudades.
Con piedras preciosas y ramas cubriré el túmulo para darte calor. Bigotes de escarcha ornan los ateridos crisantemos.
Esperad, no os la llevéis todavía, dejadme que la arrope con su mantita preferida.


Benet da Silva
LA RAZÓN VERDADERA
Mi familia tuvo que emigrar bastantes años atrás, cuando mi bigote apenas era un proyecto y fantaseaba sobre intrépidos guerreros que, según antiguas leyendas, estaban enterrados en aquel par de túmulos de las afueras del pueblo. Regresé al pueblo después de varios meses aquejado por la morriña, para lo cual, la única vacuna era contemplar, en el horizonte, la unión de una alborada y el mar Cantábrico. El canto del gallo me despertó. Aquel sonido, que tiempos ha llegué a aborrecer, en esta ocasión sonó a canto de ruiseñor. Paseé sin rumbo, incluso entré en aquel enigmático bosque por el que erró mi imaginación, en busca de siniestros secretos en sus profundidades. Estaba abstraído en mis pensamientos cuando, de pronto, vi la aldaba de una puerta entre mis manos, me fijé en la portada, estaba delante de la puerta de Sonia, mi primer y único amor. En ese instante supe la verdadera razón de mi saudade.


Montse Martínez Serrano
SPEED DATING
Se retiró el pelo y contuve mi respiración como si pudiese mover una aldaba. Las sílabas ‘dade’ asomaban por su cuello. Sus tatuajes eran enigmáticos y me atraían como la luz a la polilla. Toda la cita erré su piel entreviendo sus silencios. En el brazo un ruiseñor enjaulado blanco y azul, de ese azul que te sumerge en las profundidades del Cantábrico, reposaba en un túmulo. Me levanté y al pasar por su lado giré la cabeza, Saudade leí. Al fondo, el reloj casi marcaba la hora. Entré en el baño y busqué en internet lo que su cuerpo atestiguaba y yo me volvía loco por averiguar. Volví contraído. Un tipo con bigote se acercó. El tiempo había acabado. La miré con una vacuna en mis ojos para su perenne tristeza. Ambos giramos el panel, un nombre y un teléfono si había habido match. Alborada se llamaba. ‘Nos encontraremos’ garabateó. Quizá algún día me llame.


Mª Carmen Jiménez Aragón
PIRATAS DEL CANTÁBRICO
Llevaban días atracados en la cala, donde el mar toma profundidad, y no encontraban el sitio idóneo para esconder su valioso tesoro en aquella isla remota, una aldaba de oro macizo y piedras preciosas que, al colocarla en cualquier puerta, abría caminos hasta un mundo repleto de joyas nacidas de los árboles, plantas de zafiros y rubíes alineadas en surcos de regadíos, y un sinfín de lujos que ofrecía la naturaleza.
Guiados por el canto de un ruiseñor, ascendieron al gran túmulo que hallaron tras los cipreses y, en su flanco norte, enterraron su tesoro, ante la atenta mirada del pájaro.
Con la alborada, el enigmático velero levó anclas y se alejó del cantábrico, no había mejor vacuna para la saudade que errar por los mares del mundo buscando tesoros.
Y mientras gobernaba aquel antro, el capitán mesaba su bigote e intentaba averiguar por qué el ruiseñor guiñaba solo un ojo al girar el cuello a la derecha.


Gema Frías Luque
ALLÁ DONDE ESTÉS
Estaba a punto de rayar en el reloj de cuco la tan ansiada alborada, debía de apresurarme en mi desayuno, queso y anchoas del cantábrico calmarían mi estómago vacío. En el silencio de la mañana dos toques secos de aldaba retumbaron en mi mente, sintiendo un pequeño escalofrío y, en el último bocado, me inundó la saudade tras haber dejado volar hace años al enigmático ruiseñor que, durante media vida, había pertenecido a la familia, mi fiel compañero. Pero sentía que debía dejarlo libre para que viviera sus últimos años en plena naturaleza y disfrutara de los magníficos bosques que rodeaban mi hogar. No sé si hice bien y, a veces, llegaba al convencimiento de que errar era de sabios. Tenía que encontrarlo y tras días de intenso caminar en mitad de la profundidad del bosque, adecenté mi bigote y me arrodillé frente al túmulo que decía: “El gran ruiseñor de todos los bosques yace aquí”.



Lourdes Sánchez Jiménez
LIBERTAD
Le faltaba el aire, sentía una presión en el pecho como si estuviese bajo un túmulo de piedras o en la profundidad del mar Cantábrico.
Inspiró y exhaló varias veces intentando relajarse y salir de aquel enigmático estado de saudade en el cual estaba sumergida. Como en otras ocasiones, utilizó su dosis de vacunas con recuerdos de su infancia con el fin de que los golpes constantes, como si de una aldaba se tratase, golpearan su cabeza y desaparecieran de una vez por todas.
Dejó al fin de errar por aquella habitación, abrió las puertas del balcón viendo cómo, a los pies de las montañas, un bigote de nubes rosas, iluminadas por la luz de la alborada del nuevo día, le daba la bienvenida.
Posó sus pies en el pasamanos y levantando sus brazos, como si de un ruiseñor al alzar el vuelo se tratara, se lanzó al vacío.


Dori Calderón Ramos
LA HERENCIA
Llegando a la cima de la colina divisé el abedul bajo el que mi abuelo decidió descansar eternamente. Allí estaba mi familia, la cual no me recibió con euforia tras largos años de ausencia, estaba claro que nuestras diferencias seguían intactas.
Saudade sentí al contemplar desde allí la profundidad del Cantábrico, y el canto del ruiseñor fue como vacuna para mis males del alma.
No importaba el enfrentamiento con mi padre, aquel era mi hogar.
Entonces recordé las palabras de mi abuelo antes de marcharme cuando, con tono enigmático, me dijo: "Cuando veas en mi rostro el blanco aparecer, a casa debes volver".
Me acerqué hasta el túmulo donde reposaba su féretro y, al contemplar su bigote tornado en blanco, comprendí sus palabras.
Heredé la Hacienda, quizás el abuelo erró al desheredar a mi padre, pero en la alborada asiré la aldaba y abriré la puerta del hogar a toda la familia.

viernes, 18 de junio de 2021

"Amalgama de hojas secas" de Rafa Núñez ya forma parte de las estanterías de la Biblioteca Central de Terrassa (Barcelona).





Hoy nos llega al Club una noticia, que nos parece interesante de compartir con todos nuestros seguidores, amigos de este blog y de nuestras redes sociales.

Hace unas semanas un descendiente de paisanos, afincado en Terrassa, Carlos Bonilla, movido por la curiosidad de que en La Viñuela, tierra de sus familiares directos, había nacido un poeta se dirigió a la biblioteca de su localidad para solicitar el libro de Rafa Núñez "Amalgama de hojas secas", y no ha parado hasta conseguir verlo en sus estanterías, así que desde hoy forma parte de la Biblioteca Central de Terrassa (Barcelona).

Esta Antología poética puede ser leída en la Biblioteca de La Viñuela, Biblioteca "Santa María de la Cabeza" en la localidad de Periana, y desde hoy en la Biblioteca Central de Terrasa.

Pequeños pasos que configuran, poco a poco, el perfil de un autor que ha nacido en el Club de Lectura y Teatro en la localidad de La Viñuela.

Seguiremos apoyando la cultura en todas sus vertientes y sumando tus pequeños éxitos que son también los nuestros.


martes, 15 de junio de 2021

IX. DEJA QUE TE CUENTE



Saludos, queridos lectores. Os traemos un nuevo ejercicio en el que los miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela hemos elaborado microrrelatos, de unas 150 palabras aproximadamente, en los que debemos incluir unos términos clave propuestos entre todos. El tema de las historias es libre, aunque en ocasiones se ve muy condicionado por alguna de los términos obligados. Eso sí, originalidad y ocurrencia no va a faltar. En este caso serán 10 las palabras propuestas. Aclaramos que sustantivos y adjetivos pueden utilizarse en masculino o femenino, singular o plural; los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo o persona, o incluso en sus formas no personales; no se puede sustantivar un adjetivo, la palabra debe cumplir la función que originalmente se ha propuesto. Animaos en casa a practicar los ejercicios, podéis sorprenderos gratamente.

Sin más, aquí tenéis las palabras propuestas para este ejercicio: RELENTE, APACIGUAR, BRILLO, DELEZNABLE, SUADIR, PERPETUAR, QUERUBÍN, ANOCHECER, LIBERTAD y CABRA.

¿Misión imposible? Para nada. Deseamos que disfrutéis de la lectura.

Dori Calderón Ramos
ESCALADA
Tu primera mirada no me pareció amenazante, sin embargo, enseguida me percaté del brillo de tus ojos y supe de tu deleznable propósito.
Icé mi espada con osadía tratando de apaciguar tus intenciones, pero mis palabras parece ser que te sonaron a música de querubín y, lejos de suadir tu empeño, solo consiguieron alentar tu tesón.
Una voz me aconsejó no perpetuar la situación, ya que el relente podía complicar la vuelta a casa, miré mi mano alzada y mi soñada espada resultó ser un paraguas que portaba por posibles lluvias, y ante las carcajadas de mi familia entregué las galletas a la cabra recuperando mi libertad.
El anochecer nos sorprendió terminando el descenso del Cares, dónde esta especie caprina cada vez se toma más libertades con los visitantes.

Mercedes Rodríguez Silvente
LIBERACIÓN
Hoy me siento una mujer libre y con gran autoestima. Aunque a veces recuerdo mis tiempos de juventud.
Tenía veintitrés cuando mi deleznable marido me dejaba a cargo de más de doscientas cabras. Así cada día hasta el anochecer. Un chico solía ayudarme e intentaba suadirme de que era muy joven para llevar una vida tan triste. Su prestancia y el brillo que desprendían sus ojos, me enamoró. Por mi parte deseaba perpetuar aquella relación, era como un querubín para mí. Quedamos un día a las afueras del pueblo, era de noche, el relente caía sobre nuestros cuerpos. Mi cómplice me notó desanimada y trató de apaciguar la desazón, me besó, y sentí una libertad que mi marido no me proporcionaba.
Así pasamos unos meses hasta que decidí proponerle el divorcio a mi esposo, él no lo asimiló, sin embargo, mi decisión era firme. Aquel joven me abrió los ojos y me liberó, hoy somos grandes amigos.


Rafa Núñez Rodríguez
SUSURROS
Un nuevo anochecer que le daba libertad a las estrellas, quizás para perpetuar mis pasos, para alumbrar mis actos, sobre aquellos caminos que yo convertía en deleznables.
El relente de la luna me acaricia el rostro, mientras me envuelvo en la piel de cabra, pobre animal, fue mi última amiga, y así se lo pagué, con una nueva muesca en mi cuchillo.
Escondido, oteo el horizonte. En el silencio, querubines me susurran canciones para apaciguar mi sed, pero también llegan voces de pequeños demonios que me lamen las orejas, y entonces, me brillan los ojos.
Ya se escuchan los primeros pasos confiados, me froto las manos mientras pienso que les tendré que suadir de que la muerte no es tan mala.


Mª Jesús Campos Escalona
BIBERONES Y RISAS
Jamás podíamos pensar que nuestro cariño por ti haría perpetuar tu deleznable mal genio. No fuimos capaces de ver ese brillo maligno en tus ojos.
Estábamos todos juntos, el relente del anochecer había cambiado. Tú, como en cada toma, aparecías hambrienta y te bebías el biberón como si de un hermoso querubín se tratara. Mi hermano no dejaba de acariciarte queriendo apaciguar tu nerviosismo y tú, malhumorada, lo embestiste con tal rabia que a penas pudimos suadir tal arrebato. Mi hermano apareció debajo de la cortinilla azul que tenía mi madre en la cocina.
Todos reímos con la libertad y la inocencia que te da la niñez.
Nos quedó muy claro, nunca te metas con una cabra.


Laura Pérez Alférez
LA HISTORIA DEL ANCIANO
Alrededor del brasero, los querubines, cobijados del relente, escuchaban cada anochecer la historia que les contaba el anciano, tenía que ser recordada como sucedió, de ello dependía el futuro y la supervivencia del clan.
Pero, como nadie es eterno, el anciano murió y otro ocupó su lugar. El nuevo cuentista se dedicó a pintar en pergaminos de piel de cabra, para perpetuar el cuento. Quien quisiera saber solo tenía que acercarse a los manuscritos.
La memoria empezó a fallar, las hojas hablaban por sí mismas contando cuentos diferentes, según quien los leyera. Cada cual tenía su versión, pretendiendo suadir a los demás de su verdad.
Se tildó de sospechoso y se coartó la libertad a todo aquel que lo entendía diferente, era necesario apaciguar suspicacias deleznables.
Ya nadie recordaba la historia que durante tantos años había sido contada al calor del brillo del brasero.
La historia del anciano ya se había perdido y olvidado.


Benet da Silva
CON UNA SONRISA
Al llegar el anochecer, Javier observaba como caía el relente y el brillo que desprendían las gotas al recibir la luz del foco exterior, en momentos desviaba su mirada hacia la valla que cercaba el corral de las cabras, –«aborrezco a esos sucios animales y su deleznable olor», pensó—. Además, de robarle su libertad, le apartaron de Gabriel, a pesar de intentar suadirlo, de que no se bebiera la leche cruda. De nuevo se centró en la caída del rocío con el fin de apaciguar su nerviosismo, había decidido no perpetuar su soledad y hoy volvería a contemplar el rostro de su amado querubín y su tierna mirada.
Se encaminó a la mesa, engulló los somníferos y se tumbó en la cama, y en su último sueño, pudo preguntarle:
―¿Me recuerdas?
Un beso de Gabriel fue la respuesta.​
La mañana siguiente encontraron su cuerpo sin vida, sus labios, parecían sonreír.

Cande Molina Mostazo
MÁS LOCA QUE UNA CABRA
Comenzaba a anochecer, el cielo estrellado tenía un brillo extraño, el húmedo relente se calaba en el cuerpo, pero no me quedaba más remedio que seguir caminando. De vez cuando miraba hacia atrás, tenía la sensación de que alguien seguía mis pasos, notaba como cada vez mi respiración estaba más agitada, intentaba apaciguar mi ira. "Es una jefa deleznable, con que libertad decide nuestros horarios, tenía que haberle suadido y no haber consentido trabajar una hora extra, por ello he perdido el autobús y ahora me veo en este apuro", me decía para mis adentros.
Los pasos se escuchan cada vez más cerca, veo una sombra y mi miedo se hace pánico, acelero el paso y busco un lugar donde esconderme. De pronto, pego un respingo y grito de dolor, mi trasero ha sido atacado por una cabra, ese era mi perseguidor, encima tiene cara de querubín. Frunzo el ceño y sonrío mientras hago perpetuo este momento en mi memoria.

Mª Carmen Jiménez Aragón
LA FOGOSA AFICIÓN
Aquel relente no me suadiría de conseguir mi propósito. Estaba convencida de no querer perpetuar, por más tiempo, mi estancia en ese deleznable lugar. Así que al anochecer, con el brillo de las primeras estrellas, recogí lo poco que me pertenecía y eché un último vistazo al cuerpo inerte de aquel desgraciado. Ya empezaba a descomponerse y el olor me produjo una súbita arcada. Apaciguando mis nervios, me dirigí a la entrada, donde un sonriente querubín sostenía un cuenco lleno de llaves y llaveros, y busqué la que me devolvería mi ansiada libertad.
Una vez fuera, como la cabra siempre tira al monte, le prendí fuego a la casa y me alejé tratando de esconderme. Debía buscar un nuevo escenario donde poder disfrutar de mi fogosa adicción sin que ningún vigilante social intentase reprimirme.


Gema Frías Luque
LA CABRA TIRA AL MONTE.
Noté en el brillo de sus ojos que algo estaba a punto de suceder, pero sabía que, durante el anochecer, el relente sería deleznable. Al llegar la mañana vi que el animal podría apaciguar su comportamiento y yo sería capaz suadir y aplacar sus ánimos para pasar otro día tranquilo, pero al llegar la tarde la cabra comenzó a berrear y tras sentir varias contracciones, en mitad de la libertad que ofrece la naturaleza, tuvo su primer parto múltiple contribuyendo así a perpetuar su especie hoy en extinción.
Tristemente el más pequeño tuvo peor suerte y fue custodiado por un pequeño querubín hasta las puertas del cielo.


Lourdes Sánchez Jiménez
OTRA MAÑANA
Otra mañana más, se levantaba para ir a aquel deleznable trabajo, el brillo de los primeros rayos de sol entraban por la ventana, aunque en el aire aún perpetuaba el relente de la noche.
Bajó a la cocina dando los buenos días a su madre, que preparaba el desayuno. Mientras tomaba su taza de café con leche recordó cuando, siendo un querubín, su abuela le suadía que estudiase para que fuese dueño de su libertad y no tuviese que trabajar en el negocio familiar día tras día, desde el amanecer hasta el anochecer.
Se levantó de la mesa, besó a su madre deseándole un buen día, ella acarició su pelo apaciguándolo, diciéndole:
-Hijo, hasta que no encuentres otro trabajo, es lo que hay…
-Ya lo sé, mamá…, ¡pero es que odio ordeñar a esas malditas cabras!