domingo, 29 de octubre de 2023

XXIV. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

       Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos: se trata de elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club.

    Dependiendo de la función que desempeñe cada término deberemos tener en cuenta las siguientes objeciones: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función que debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo); igualmente no se puede utilizar "amado" cuando la palabra a incluir es "amar", deberíamos poner, en todo caso, "había amado" (tiempo verbal).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: ONOMATOPEYA, LLUVIA, ESTRELLAS, BORRADOR, SINCRONIZAR, GRASA, TELEPATÍA, JUICIO, VALIENTE y MONOPATÍN.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.


Laura Pérez Alférez
TRISTES ARMAS SI NO SON LAS PALABRAS. TRISTES, TRISTES.
    Dibuja una lluvia de estrellas azules en el monopatín de Hassan y frota, con furia, el borrador sobre la mancha de sangre reseca, sincronizando el movimiento con un estribillo que tararea en voz baja. Después unta las ruedas con grasa para que no chirríen al frenar, ese sonido le pone de mal humor. Según dice su madre, él es el sensato, el que posee buen juicio; su hermano era el temerario, el valiente. Entre los dos hacían un buen tándem.
    Debió avisar a su gemelo del peligro que corría, pero aquel día falló la telepatía que existía entre ambos. Fue su padre quien salió a buscar a Hassan. Entonces comenzaron los disparos, onomatopeyas de muerte silbaban por doquier.

    "Muere un niño de diez años cuatro días después de recibir una bala en la cabeza. Hassan y su padre recibieron varios disparos cuando volvían a su casa. El ejército dijo que sus soldados abrieron fuego mientras perseguían a dos hombres armados. En una declaración posterior, agregó que lamentaba el daño a los no combatientes".


Benet da Silva
VACÍO
    Fui yo quien se lo permití, mis pasos sincronicé con su compás, temía su implacable juicio. Por él, no escribí el borrador de aquella novela que mil veces imaginé a pesar de que su protagonista me hablaba como si los dos conectáramos por telepatía; ni me paré a escuchar el sonido de la lluvia; tampoco miré las estrellas una clara noche de luna llena o, siendo valiente por unos segundos, me subí a un monopatín corriendo el riesgo de divertirme. Tan solo patiné por una pendiente llena de grasa hasta estrellarme en el más absoluto vacío, mientras él entonaba su monótona onomatopeya: tic tac, tic tac…


Monse Martínez Serrano
LA CULPA
    La noche anterior la lluvia llenó sus zapatos y bajo las estrellas parecían más solitarios y desgastados que nunca. Se despertó a las ocho de la mañana como si por telepatía supiese que llegaría tarde al juicio. Cogió el borrador de la declaración de la mesilla de noche, se calzó los mocasines chorreantes y en menos de cinco minutos estaba deslizándose con el monopatín, como un valiente. Llegó sudoroso a la sala de espera. Cuando vio las manchas de grasa en su camisa supo que el jurado lo escucharía con menos atención que a una onomatopeya muda. Después de hora y media de espera se dio cuenta de que no había sincronizado bien su agenda. Convencer de que el accidente de metro, que causó dos muertos, no se debía a su fallo humano le seguiría robando el sueño una semana más.


Encarni Navas
NO TAN CUENTO
    Había una vez un niño cuya corta existencia se había sincronizado con las onomatopeyas de la guerra, con los sonidos del dolor, con la agonía de la supervivencia.
    En su casi recién estrenada vida, marcada por el juicio de unos pocos "valientes" que con sus dictámenes habían decidido sobre él, nada había, nada poseía, solo las calles impregnadas de huellas de tanques, de grasa de fusiles que ni la lluvia era capaz de borrar y un rudimentario monopatín que, con su imaginación de niño, había fabricado con tablas y rodamientos abandonados.
    Por las noches, cuando todo parecía serenarse, le fascinaba mirar las estrellas, el brillo de sus llamitas incandescentes y, hacia ese universo, se elevaba soñando, esperando que aunque fuera mediante telepatía a alguien le llegara su señal, su mensaje, que su realidad no fuera más que un borrador a la espera de corrección definitiva.


Mª Carmen Jiménez Aragón
LO QUE EL VIENTO SEPARÓ
    Había llegado el día del juicio final. Una frente a la otra, se sirvieron de su telepatía para tranquilizarse:
    —¡Vamos, valiente!
  —Sí, será nuestro primer y último viaje. Ya no hay grasa ni aliciente que alimente nuestras vidas.
    La lluvia y las estrellas pelearon esa noche por poder presenciar el evento. La hazaña no admitía borrador o salto de prueba. Así que, sincronizaron sus impulsos y se dejaron caer al vacío desde la rama más alta del álamo.
  —Ojalá pudiese planear y adherirme al monopatín que viene llegando, siempre he querido ver el estanque de cerca —deseaba una hoja.
    —¿Cuál será la onomatopeya al sentirme pisada? —se preguntaba la otra.
    Y el viento separó sus caminos.


Lidia Molina Zorrilla
ONOMATOPEYAS DE UNA PRIMERA CITA
    El crash al romperse la paleta cuando, días antes, se cayó del monopatín y casi le hace anular el encuentro.
     El clin de las gotas de lluvia chocando contra el cristal del coche en una noche sin estrellas.
     El dindon de un timbre tocado impacientemente esperando a que abra.
     El último pum de un corazón que se para al verse por primera vez para reiniciarse con el jajaja de una risa nerviosa.
     El rash de acercar las sillas a la mesa.
     El chrispy de la grasa de un chuletón en la piedra.
    El chinchín al brindar con las copas de vino (siempre medio vacías, a mi juicio).
     El muac de unos besos muy deseados.
   El tictac de los relojes sincronizando una cuenta atrás hasta volverse a ver.
    El ah de los suspiros escondiendo sendos "te quiero", dichos solo por telepatía.
   El click al enviar, en un impulso valiente, el borrador de un microrrelato: “Onomatopeyas de una primera cita”.


Dori Calderón Ramos
NUEVA VIDA
    La llamaron valiente, quizás querían decir loca, pero a ella le daba igual.
    Desde que perdió el juicio frente a su empresa consiguió sincronizar su vida. Compró aquella destartalada casa lejos de la ciudad con la que sintió telepatía nada más verla y donde podía mirar las estrellas desde la cama, comer desayunos con grasa sin miradas de espanto y sentir el flop flop de la lluvia contra los cristales. Aquella onomatopeya era el mejor somnífero. Además, vendió su coche.
    Aquella mañana subió a su monopatín y marchó a correos con el borrador de su primer libro bajo el brazo. Era la mujer más feliz del mundo.


Maite de la Cámara
DICOTOMÍA ANTAGÓNICA
    Estaba con el borrador de mi última novela, cuando el tictac del reloj de pared se clavaba en mi cabeza con su pesada onomatopeya
   Era agosto de 2017, en la televisión hablaban de la lluvia de estrellas de San Lorenzo. De repente, otra noticia me heló el alma. Hablaban los familiares de Ignacio Echeverría, el valiente chico del monopatín que perdió su vida por defender a una mujer y acabó apuñalado por tres terroristas en un atentado en Londres.
    Las imágenes se sincronizaban en mi mente simultáneamente: la ilusión por ver las estrellas y el dolor de esa sinrazón. Estaba perdiendo casi el juicio y pensé que no estaría mal hacer una escapada a una casa de campo para descansar un poco.
   Ahora anunciaban la película: Una mancha de grasa, de Víctor Vega. Sonó un WhatsApp de mi amiga Bea: "He alquilado una casa en Colmenar para ver las Perseidas. ¡Vente!"
    No me lo podía creer... ¡Pura telepatía!


Ulla Ramírez
INOCENCIA
    Aprendió los números contando estrellas y se enamoró del cielo. Era en las noches de verano cuando aquellos astros encerraban el mayor misterio.
    ¿Cómo podía ser que estando tan lejos, su sonido le llegara tan claro?
    Hubiera inventado una escalera infinita de cristal o se hubiera subido en alguno de aquellos monopatines de madera que usaban los niños para rodar sin juicio, haciéndose los valientes.
    Pero a pesar de su corta edad, intuía que aquel inmenso espacio había que recorrerlo de otro modo.
    Probó la telepatía, de la que le habló su hermano mayor. "Sincronízate", le dijo él, aquella noche de la lluvia de estrellas, y ella se subió al poyete y se concentró en el cricrí, repitiendo aquel sonido en voz alta mientras él se reía.
    Al final de aquel verano, alguien le contó la verdad: aquella misteriosa onomatopeya no era el sonido de las estrellas, sino el canto de los grillos.
    Lloró lágrimas tan espesas como la grasa que escurría su abuela en la cocina después de cada matanza.
    Hubiera querido tener entonces un borrador de verdades.


Rafa Núñez Rodríguez
VELOCIDAD
    La onomatopeya de mi vida podría asemejarse al sonido de ese monopatín que perdió el juicio y, por valiente, se volvió temerario, bajando a toda velocidad por la pendiente de mis sentimientos, queriendo sincronizar los latidos de mi razón con los pensamientos furtivos que me adelantan.
    Y pasó lo que tenía que pasar, la lluvia empapó las estrellas que me miraban curiosas y ese agua reflejó la grasa escondida en el alquitrán, la que siempre me hacía resbalar.
    Ese es el borrador de mi existencia, golpes entre las lágrimas del cielo y las zancadillas del sueño. Mientras, lo que antes era telepatía en cada gesto que imaginábamos, ahora se ha transformado en el sonido de un monopatín atropellado por el destino.

viernes, 27 de octubre de 2023

PRESENTACIÓN DE "LA VERDAD DE LAURA" DE BENET DA SILVA

El pasado día 27 de octubre, el Club de Lectura y Teatro de La Viñuela asistió a la presentación del libro de Benet da Silva, La verdad de Laura. El acto tuvo lugar en un conocido local de Torre del Mar, La taberna atípica, y contó con la colaboración de un miembro del club, Rafa Núñez, para introducirnos en la historia de la protagonista y en los motivos que llevaron al autor a escribir esta trama.

La verdad de Laura es la segunda novela de Benet y en ella se hace alusión, de algún modo, a su primera obra, El niño y la teta, novela autobiográfica. Explicó da Silva que en esta ocasión también se ha inspirado en hechos reales, no propios, porque está comprobado que exteriorizar situaciones traumáticas de la vida es un buen método para superarlas. Laura es una chica feliz, que pasó una infancia maravillosa con su madre adoptiva, hasta que es obligada a vivir con su madre biológica y entonces su vida se vuelve del revés.

Desde aquí, Benet, te deseamos un gran éxito.





jueves, 19 de octubre de 2023

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "DE PRODIGIOS Y FENÓMENOS", DE DANIEL CLAVERO

El  Club de Lectura y Teatro de La Viñuela tuvo el placer de asistir el pasado día 19 de octubre a la presentación del cuarto libro de la saga Los Infames, "De prodigios y fenómenos"  de Daniel Clavero Toledo. El encuentro tuvo lugar en la biblioteca municipal de Periana y Clavero contó con el apoyo del reconocido periodista José Manuel Frías, colaborador del programa televisivo Cuarto Milenio. 

Frías nos acercó al mundo del más allá, a los misterios que esconde la provincia de Málaga y nos contó cómo conoció a Daniel, argumento que sirvió como introducción del nuevo e inquietante libro del perianense.

Desde este club deseamos a Clavero tanto éxito como ha tenido con sus tres primeras entregas de la saga, "El siervo del diablo", "La dama dormida", y "La luz oscura".







viernes, 13 de octubre de 2023

XXIII. ME LO DICES O ME LO CUENTAS


    Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos: se trata de elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club.

    Dependiendo de la función que desempeñe cada término deberemos tener en cuenta las siguientes objeciones: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo); igualmente no se puede utilizar "amado" cuando la palabra a incluir es "amar", deberíamos poner, en todo caso, "había amado" (tiempo verbal).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: MAREA, CARICIA, ARRUGAR, ALIENTO, IDILIO, GRANIZO, LIBERTAD, PLEAMAR, BARLOVENTO y ROMPER.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Rafa Núñez Rodríguez
LLOVIÉNDONOS
Comenzó a llover, no fue por ti ni tampoco por mí, fue por nosotros. Unas gotas que empezaron como una caricia en el rostro; a ti te hacían arrugar la frente, a mí me calaban sin compasión.
     Siguió una marea que nació en las nubes y fue bailando al son de su caída. Abrimos los brazos, nos dejamos atravesar por dudas, por el helado silencio. Tus grisáceos labios temblaban. Hasta el aliento que te besaba sentía tu frío. Entonces llegaron los granizos, esos cayeron sobre mí, intentando romper mi cordura. Nuestras manos se separaron, nuestro idilio había visto pasar la pleamar y ahora la lluvia quería borrarlo todo, darte la libertad que ansiabas, la que yo no entendía.
   Me giré para darte la espalda, por barlovento comenzó a abofetearme un enfadado terral que secó mis lagrimales de restos de granizo. Me volví, ya no estabas. Fueron las mayores inundaciones que nacieron de mí.
    Pasa el tiempo y no deja de llover, aunque, cada día, un poco menos.

Laura Pérez Alférez
DESAMOR A BARLOVENTO
    Estaba delante de la inmensidad del mar y las olas chocaban contra sus pies. La caricia del vaivén de las olas le traía recuerdos de un adiós que  rompió su mundo y le arrugó el alma.
    Tenía el corazón triste y una sensación rara en el estómago. Aquel olor a sal, a aire limpio, le hizo visualizar una sucesión de imágenes en blanco y negro de un idilio fallido.
    Hoy, esperando la pleamar, a barlovento, la marea fría como el granizo le susurraba alientos de sirena, instándola a alcanzar la ansiada libertad que le faltaba.
    Con una angustia enorme decidió echar a andar y, sin saber cómo, acabó en medio de un mar bravo donde las olas rompían fuerte. Ese golpe le hizo abrazar con ganas la vida.

Benet da Silva
¿RECUERDAS?
    ¿Recuerdas? Fue la pleamar la que, con una suave caricia de ola, bautizó nuestro idilio un atardecer. La marea subía y, al unísono, la pasión de nuestros labios incendiaba nuestros cuerpos hasta romper todo vestigio de pudor o prejuicio, dando libertad a nuestras manos. El deseo nos robaba el aliento.
    ¿Recuerdas? Fue una noche. Las palabras sonaban igual que suena el granizo cuando choca con un cristal. Por barlovento nos atacaban las olas que arrugaban la piel de nuestros pies enfriando el deseo y de nuestros labios solo brotó un lánguido adiós…

Cande Molina Mostazo
25 DE NOVIEMBRE 
    Arrugó y rompió la carta. Justo en ese momento empezó la tormenta y el granizo caía sobre los minúsculos trozos del falso  papel. Entonces, por barlovento se fueron las caricias, los golpes, las humillaciones, las  promesas, los recuerdos y el dolor. Una lágrima rodó por su mejilla, mientras la marea seguía subiendo, a ella parecía darle igual. Su idilio de amor se había desvanecido con aquellas palabras llenas de golpes y su corazón se quedó sin aliento, solo quería dejar de respirar. Su libertad comenzó cuando la pleamar la llenó de paz y felicidad.

Encarni Navas
TESTAMENTO
    El suyo fue un idilio perfecto. Desde que, con cinco años, sintió la caricia, el aliento, el sonido, no tuvo más amor que el mar. Desde ese momento supo que sería pescador y lo sería surcando las olas sobre la "Santa María", la barca de su padre.
    Ahora, cuando el paso del tiempo arruga ya su rostro curtido por miles de faenas bajo el inclemente sol, la lluvia o el granizo y presiente que su final está cerca, no se resiste a perder esta sensación de libertad.
    —Que no me entierren —dice—, no quiero estar encerrado entre cuatro tablas. Es mi deseo que me coloquen sobre mi barca, a barlovento y, aprovechando la pleamar, la dirijan mar adentro para que sean las mareas, la sal, las corrientes, la luna y el sol los que rompan las maderas y mi cuerpo, y volver así al seno de mi madre: la mar.


Mª Carmen Jiménez Aragón
DESTINO FORZADO
    Arrugando las últimas palabras que escribiera, arrojó el papel a la arena y se encaminó hacia la orilla. Dejó que la marea humedeciera sus pies con una fría caricia tan helada como el granizo. Su negra piel se erizó rompiendo la monótona suavidad pueril y tuvo la certeza de que jamás aquel señor que eligieran sus padres la haría sentir tanta paz como el idilio que la pleamar le ofrecía en ese momento. Avanzó, se colocó a barlovento y, cogiendo el último aliento, respiró su eterna libertad.

Lidia Molina Zorrilla
EL CRISTO DE LA BANDA VERDE
    Se revolucionó la aldea marinera a la hora de la pleamar al conocer la triste noticia: su Cristo faltaba de la ermita.
    Cerraron con llave y se dispusieron a encontrarlo. Esa noche, por barlovento, se acercaba amenazante una tormenta que dejó sin faenar a los hombres. Pero un barco que no era de los suyos luchaba contra la marea embravecida en una cortina de granizo que rompía las velas. Cuando ya pensaban que ese sería su último aliento y el idilio entre ellos y el mar llegaba a su fin arrebatándoles su libertad, vieron flotando la figura de un hombre con una banda verde a la cintura. Los cinco hombres comentaron lo mismo. Una calma les invadió ante la presencia de la imagen, como la caricia de una madre que te hace sentir que todo irá bien.
    A la mañana siguiente los aldeanos arrugaban su frente al oír aquella historia. Llevaron a aquellos hombres a la ermita cerrada durante toda la noche y allí encontraron al Cristo, mojado de agua salada y algas en sus pies.
*Basado en una leyenda popular de Almáchar.

Dori Calderón Ramos
VERSOS EN LA PLEAMAR
    Sentada en la vieja barca de cara a barlovento, esperaba que la pleamar cediese para buscar la botella que, cada primero de mes, alguien le dejaba en aquella playa despertando sus ansias de libertad.
    La marea comenzó a bajar y buscó la caricia del agua en sus pies, con el ansia de las anheladas poesías que la dejaban sin aliento. ¿Qué pasaría si su marido la descubriese?
    Ella quería romper su idilio con aquel desconocido, pero deseaba  aquellos versos que llegaban puntualmente.
    Sus pies ya se arrugaban cuando oyó el primer trueno, un fuerte granizo comenzó a caer y, al girarse, encontró la ansiada botella junto a la barca. Corrió y la guardó bajo su abrigo huyendo para guarecerse.
    Mientras, su marido la observaba tras las rocas, pensando que, quizás, esta vez escondió demasiado la botella.

Maite de la Cámara
JUEGO DE DIOSES
    La luna llena jugaba con la marea mientras las olas rompían suavemente, como caricias en la arena.
    Eolo quiso terminar con ese idilio y, con su aliento, hizo bailar las nubes a barlovento. Danzaron y danzaron hasta chocar y estallar en una tormenta de granizos. La pleamar subió en total libertad hasta arrugar el horizonte. Poseidón se unió a la fiesta, el cielo rugía, los truenos eran la música de fondo.
    Pero poco a poco regresó la calma. Apenas percibida, se escuchaba una nana que cantaba la luna. Morfeo aparecía por el cielo despejado llevándose en brazos a Eolo y a Poseidón.

AL OTRO LADO DEL MAR
    Rashida y Bomani eligieron una noche de luna llena para salir de Fadiouth. Aprovecharon la marea baja para iniciar su viaje en el cayuco que se llevó todos sus ahorros. Ellos mantenían un idilio prohibido que sus familias querían romper por una enemistad que venía de tiempos remotos.
    El cayuco navegó hasta alta mar, cada vez estaban más cerca de encontrar esa libertad tan anhelada. 
    De repente, la noche quedó completamente oscura, a barlovento el cielo rugía y una tormenta de granizos comenzó a caer sobre ellos. se acurrucaron cubriéndose con un plástico mientras, a la deriva, se iban llenado de agua.
    Al cabo de una hora, amaneció y volvió la calma, la brisa era una caricia. Ateridos, arrugando los ojos, miraron al horizonte. En silencio, sin decir nada, casi sin aliento, se abrazaron y sonrieron: .abían llegado a la costa canaria.


Ulla Ramírez
EL MARINO
    Con la pleamar de la marea, arreciando a barlovento y al mando de las máquinas del Orión, Enrique Robles no se arrugó aquel 7 de julio de 1902 cuando el capitán le ordenó volver al puerto de Almería, donde la carga del Mayfield era pasto de las llamas.
    La maniobra de acercamiento fue complicada, pero Enrique era un maquinista experto. De inmediato alumbraron al Mayfield y colocaron la bomba para anegar la estancia donde ardían más de ochocientas toneladas de esparto. Una fuerte tormenta, que descargó granizo de tamaño nunca visto, ayudó a sofocar el fuego, aunque rompió algún material.
    Dos días después, desde la playa de Benajarafe, algún pescador divisaría la figura de Enrique en la atalaya de Torre Moya renovando su idilio con el cielo y la tierra que le vieron nacer. Allí, tomaba aliento y recordaba aquella conversación con su padre, el viejo torrero.
    —Toda esta tierra abandonada por el mar, hijo, algún día será tuya.
    —No es la tierra lo que deseo, padre, sino la libertad del mar, la brava caricia de sus olas.

*Inspirado en hechos reales.

martes, 26 de septiembre de 2023

ENCUENTRO CON EL AUTOR FERNANDO PORTOLÉS

   

    Agradable y productivo encuentro el que organizó el Club de Lectura y Teatro en la tarde del 25 de septiembre, en la biblioteca municipal de La Viñuela, con el madrileño escritor Fernando Portolés.
    Tras ser elegido su libro, Los dedos en Tokio, como lectura en común para los miembros del club, Portolés aceptó encantado la invitación a nuestro debate literario. Nada mejor que escuchar de boca del propio autor los entresijos y curiosidades que rodean a su novela, ambientada principalmente en Málaga, pero que también nos hace viajar hasta Madrid o Nueva York. Su rica belleza en cuanto a descripciones de lugares, paisajes o personajes nos recuerda a autores clásicos de la literatura española.
    Max y Nazaret se conocen en un momento de sus vidas en el que necesitan una tabla de salvación que les ayude a flotar y seguir luchando por lo que anhelan: él encontrar el amor verdadero y hallar la estabilidad emocional; ella encontrar al hijo que le arrebataron nada más nacer. Multitud de historias y épocas se entrelazan hasta llegar a un final sorprendente.
    Recomendamos la lectura de Los dedos en Tokio y, por supuesto, la continuación de la historia en la novela Nuestro cielo amarillo. Dejadnos vuestros comentarios o sensaciones.







miércoles, 20 de septiembre de 2023

XXII. ME LO DICES O ME LO CUENTAS


    


Saludos, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos: se trata de elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club.

    Dependiendo de la función que desempeñe cada término deberemos tener en cuenta las siguientes objeciones: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo); igualmente no se puede utilizar "amado" cuando la palabra a incluir es "amar", deberíamos poner, en todo caso, "había amado" (tiempo verbal).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: DEMARRAJE, EVITERNO, ARTICULAR, MATOJO, MAGNOLIA, KOALA, ENGAÑO, GRACIAS, CUSCURRO  y BRUJERÍA.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Ulla Ramírez
MAGNOLIAS
    La puerta se cerró tras nuestros pasos. El espacio se hizo pequeño, íntimo. Un ramillete de magnolias adornaba la cama de aquella habitación.
    Él dijo lo que había guardado durante diez años para mí: palabras de amor. Yo, sin embargo, no logré articular ninguna. Preferí la magia, un poco de brujería. El encantamiento.
    El beso no se hizo esperar. Me abrazaba como un koala a su tronco. Me abandoné. Tembló la tierra bajo mis faldas.
    Al día siguiente, nos contamos todas las historias pendientes y pedimos nuestro helado favorito: turrón con cuscurros de almendra.
    Murió la princesa Diana aquel día en un demarraje fatal. Llegué dos jornadas tarde a la noticia. También murió mi gata y la enterraron bajo un vulgar matojo; di las gracias.
    No pudimos evitar otros encuentros, pero el amor era furtivo. Al engaño siguió la culpa y diciembre trajo el frío de la despedida.
    —¿Hasta cuándo? —preguntó.
    —Hasta el infinito, —le dije.
    Y aquí estoy, fiel a la cita, con un ramillete de magnolias frente a su tumba, diez años más tarde.
    Hay amores eviternos.
    Espérame.

Maite de la Cámara
A PUNTO DE IR AL OTRO BARRIO
    Pasando por la plaza, miraba las resilientes magnolias que habían sobrevivido a la última reforma y al eviterno ego humano.
    En la tienda compré pan, arrancándole un cuscurro. De repente, el demarraje de un porsche me dejó sin articular palabra. Di gracias por que no me hubiera atropellado. El coche se había empotrado contra el escaparate. A mis pies saltó un cristal con un cartel de una actuación del Koala mientras el conductor, con un matojo de cabello en la mano, gritaba: ¡brujería!
    Al día siguiente el periódico anunciaba:
"Conductor del siniestro, víctima de engaño de una secta nacional".

Rafa Núñez Rodríguez
AZULES
    Un eviterno cielo, pintado por los demarrajes de aviones perdidos. Mis ojos mirando el azul, los tuyos perdidos en las nubes, en sus divertidas formas. Te ríes señalando un algodonoso koala y tu risa es así, como brujería que hechiza con un engaño a todo lo malo.
    Entonces, bajo la mirada a tu rostro, a tu boca, ese cuscurro de pan que cuando salgo de la panadería no me resisto a probar. Y tú sigues jugando, encontrando luz en todo lo tenue, convirtiendo los matojos que adornan el camino en alegres ramos de magnolias. En momentos así me suele pasar..., me quedo mudo, mi cuerpo solo puede articular un leve temblor y vuelvo a mirarte a los ojos. Y tú te das cuenta, me abrazas y, mientras, me susurras al oído:
    —Gracias por pintar las nubes para mí.

Laura Pérez Alférez
CONVERSANDO
    Ayer, paseando por mi barrio, creí oír risas infantiles, carreras y demarrajes por los callejones. Y pelotazos en la plaza, de pasadas tardes eviternas, que acababan con balones requisados y tiritas en las rodillas.
    ¿Puedes creer que hasta oí rumor de agua y croar de ranas? Sabes que el río está seco, pero lo que me hizo dudar fue que un koala me observaba desde la rama del eucalipto.
    Al pasar bajo la acacia centenaria, reviví historias de brujería, engaños y otras gracias que acababan en carcajadas.
    Por la ventana de la antigua escuela salía un hilillo de humo que apestaba a tabaco y hasta oí al maestro articulando verbos. Visualicé, en bucle, momentos a la sombra del patio, olor a magnolias y otros matojos.
    Añoré los días de lluvia, las gachas con cuscurros y miel. El Paseo, futbolines, baile el domingo por la tarde, intercambio de tebeos, novelas de westerns...
    Fue un 'déjà vu' del barrio de mi infancia, el día sopló nostalgia.
    ¡No preguntes! Sé lo que piensas cuando mueves la cola: "mi humana está perdiendo la olla".

Benet da Silva
BROMAS DE LA IMAGINACIÓN
    Salí de la panadería y, junto a la puerta, un mendigo pedía limosna. Le entregué la bolsa con una barra de pan, después subí a mi vehículo y, a causa de las prisas, perdí el control de este en un peligroso demarraje. Como consecuencia, arrasé a un orgulloso matojo de magnolias y rocé una figura de koala tallada en piedra. Esta, como si de un acto de brujería se tratara, frunció el ceño. Quizás fuera un engaño de mi imaginación, pero en ese instante entré en una eviterna repetición de la escena. Cuando al fin se detuvo y pude abrir los ojos estaba en una habitación de hospital y un artilugio de plástico no me permitía articular palabra alguna. Miré a mi alrededor hasta detenerme en la mesita, encima de ella vi una nota que decía: ¡Gracias! Junto a esta, un cuscurro de pan y una estatuilla parecida a la del jardín que destrocé. Aunque, en esta ocasión, me guiñó un ojo.

Monse Martínez Serrano
FUERZA INTERIOR
    Ahí, donde acaba el cuscurro de tu boca, al borde del demarraje de tu cuello, una fría gota resbala hacia un eviterno frenesí. Sin articular razones, vomitas un matojo de lágrimas y cientos de penas, como magnolias marchitas a la sombra del magnolio, se derraman por el suelo que fue tu techo de cristal.
    Con sus engaños, encerrada en una jaula de romance y desdén, la brujería del mal amor te enmudeció y ensordeció como a un pequeño koala a medio hacer.
    Despierta Joey, arrecia una voz que regurgita desde tus tripas y te pone en pie. Capitaneada por ella, sales por la puerta limpiándote de la cara los restos nauseabundos de una relación bulímica. Y siguiendo el ocaso de la luz, de espalda a las sombras, pones rumbo hacia el infinito.

Encarni Navas
GRACIAS
    Quizá, pensaba, fue la brujería de aquel ramo de magnolias, que él le ofreció como símbolo de eviterna amistad, lo que la llevó al mayor demarraje de su existencia. Su forma, sus colores, su significado debieron de arraigar entre los matojos de su jardín, entre los cuscurros de su alma como una burla, un engaño a un destino que, lentamente, se consumía aletargado, como el continuo sueño de un koala.
    Aún no llegaba a entender, pero no podía dejar de articular un profundo gracias.

Mª Carmen Jiménez Aragón
LA LIGA KOALA
    De nada sirvió el demarraje desesperado de los traficantes para huir de los guardias. Cuando les dieron caza y los bajaron del vehículo, el teniente atizó un puñetazo en la nariz al cabecilla sin articular palabra. Tras ponerles las esposas a todos y abrir la parte trasera del furgón, confirmaron que la superstición sobre los koalas y su poder de sanación sería el eviterno problema para la supervivencia de la especie. Los lugareños seguían creyendo en el engaño que se extendiera siglos atrás de que, con brujería, los ojos de koala eran capaces de conseguir la inmortalidad a una persona.
    Gracias a Dios este se había salvado por los pelos y roía, con total parsimonia, un cuscurro de pan que encontró en la jaula. Lo liberaron en la Reserva, junto a las magnolias y los matojos, ajeno al peligro que podría acecharle en cualquier momento.

Lidia Molina Zorrilla
DEPRESIÓN POSPARTO Y PENSAMIENTOS SUICIDAS
    El ramo de magnolias que tu familia trajo al hospital en un jarrón con agua es lo único que parece mantenerse en pie todavía en tu casa.
   Tu bebé aferrado a ti como un koala adorable y tú, ensangrentada y ojerosa, no te reconoces en el espejo, con el pelo hecho un matojo y en la barriga más que un cuscurro y muchas grapas.
    Dicen que hay que hablarlo, pero llevas días sin articular palabra. «Solo» manteniendo dos vidas a flote.
    La culpa, «¿qué será de él sin mí?»
   El dolor en el pecho se te antoja eviterno. Las ganas de acabar rápido en demarraje frente a la terapia y el esfuerzo que supone seguir adelante.
   Fantaseas, unas veces no te lo piensas dos veces y desechas el pensamiento al instante. Otras te lo piensas dos, cuatro, seis, ocho y diez mil veces.
    Pero siempre eliges quedarte y la vida te da las gracias.
Pronto, con ayuda, te parecerán un engaño estos días. Habrán pasado como por arte de brujería. Mientras tanto, no estás sola.

Dori Calderón Ramos
EN EL PODIO
    Con el último cuscurro del avituallamiento en la boca, decidí hacer demarraje y escaparme del pelotón. Hacía días que sentía el eviterno deseo de recibir el ansiado ramo de magnolias en la meta y, gracias al engaño en el botiquín, conseguí escaparme.
    Ya en la meta como ganador, no pude articular palabra, aquello parecía cosa de brujería, subido en el podio vi como un koala se acercaba a entregarme un matojo de hierbas secas... ¡Dios, debí tomarme solo una pastilla!

domingo, 13 de agosto de 2023

XXI. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

    

    Buenas, lectores y lectoras del mundo. Aquí tenéis otro ejercicio de microrrelatos por palabras. Para quien no conozca las pautas a seguir, las recordamos: se trata de elaborar un microrrelato de 180 palabras como máximo (sin contar las del título), en el que incluyamos diez términos, elegidos al azar por miembros del club. 

    Dependiendo de la función que desempeñe cada término deberemos tener en cuenta las siguientes objeciones: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo); igualmente no se puede utilizar "amado" cuando la palabra a incluir es "amar", deberíamos poner, en todo caso, "había amado" (tiempo verbal).

    Para este ejercicio los términos elegidos han sido: POESÍA, ALTABACA, FRAGMENTAR, HUECO, SALITRE, DESPERTAR, MUSARAÑA, VISLUMBRAR, EDIFICIO y PRISA.

    Os animamos a practicar este ejercicio y nos encantaría que compartierais con nosotros el resultado. Si os apetece podréis verlo publicado justo debajo de estas líneas, junto a los nuestros, que os servirán como ejemplo. Que disfrutéis de la lectura.

Rafa Núñez Rodríguez
CAMINOS
    Siempre que camino por esa carretera, junto a la curva donde está el olivo sajado, me imagino cómo un rayo intentó fragmentar el tronco, que al final quedó como un fantasma leñoso.
    Por allí veo moverse las altabacas, a veces me detengo, me imagino que son unas musarañas que trabajan creando un edificio bajo tierra, uno profundo con los cimientos engarzados a los huesos que allí duermen. Incluso creo vislumbrar unos huecos en forma de chimeneas que hacen llegar al exterior la poesía, aletargada entre la pizarra y las raíces añejas, esa que espera despertar con el olor a salitre que nunca llega.
   Intento no hacer ruido, pero el movimiento siempre se detiene. Con cuidado muevo las hierbas, pero nada encuentro. Entonces sigo caminando sin prisa, sin notar cómo varios pares de pequeños ojos me observan con curiosidad mientras me voy alejando.
   Se miran entre ellos y siguen tocando las palmas, verde que te quiero verde.

Laura Pérez Alférez
CERCA DE TI
    Clavas en mí tus ojos, pintados con rasgueos de guitarra, y se me erizan las ganas. 
    —Qué bien te quedan esas poesías imposibles que has enredado en el hueco de tus rizos  —le decía.
  Te despiertas pensando en las musarañas, siempre, 'rokanroleándole' a la vida, fragmentando canciones de las que no recuerdas la letra. 
    —Pero te enamoraste de mí, creo que fue porque te servía los tequilas como nadie —me contestaba ella.
     Todo sigue igual, olores a altabaca, a mar y salitre. A través del cristal se vislumbra la resaca de las olas al retirarse de la orilla.
     Los años pasaron sin prisa, dejando grietas en el edificio y surcos en el corazón y los dedos.
   "Y si, después de todo, la mejor manera de ganarle tiempo al tiempo fuera olvidarse de él", sé que llegó a pensar ella.
     Continúas andando descalza por mis sueños.

Benet da Silva
INSPIRACIÓN 
    Las busqué en los huecos repletos de recuerdos de mi memoria y fragmenté mis pensamientos en breves ideas. Observé el despertar del sol en el amanecer frente al mar dejando que el salitre acariciara mi piel. Incluso las intenté vislumbrar en aquel histórico edificio, hasta me dediqué a pensar en las musarañas, por si se confiaban y se dejaban ver. Detuve las prisas con el olor de las altabacas de mi jardín. Pero a pesar de las tentativas, tan solo aparecieron al escuchar tu cantarina voz y observar tu largo y azabache cabello cubrir parte de tu rostro. Fue entonces cuando las musas acudieron a mí y en sus voces escuché la poesía imaginada.

Monse Martínez Serrano
VOLVER
    He fragmentado el hueco de tu ausencia en tantos pedazos como flores amarillas tenía la altabaca que vimos florecer en nuestro último otoño. Y, allá donde voy, me encuentro con trocitos de vacío quebrado en las grietas de edificios viejos y mohínos, en el salitre de los baños vespertinos que me sigo dando sin ti, en las musarañas en las que me sumo, sin prisa, para no anidarme en una cama desierta. 
    Anhelo despertar de este quebranto para vislumbrar poesía en las sombras de tus resquicios.
    Pasan los días y todos los fragmentos vuelven a mí con desdén. Como un mendigo famélico, los recojo con desgana. Los amontono sobre la mesa, aquella en la que nos rozábamos los pies bajo las sayas. Quizá ensamblando la amalgama, vuelvas. Con el deseo de restablecerte, acaricio cada pieza dándole el lugar que debe ocupar. Al acabar, algo en mi pecho se tensa y se rompe para abrir hueco a un corazón remendado que nunca tuvo que salir de mí.

Encarni Navas
ESPERANZA
    Me tachas de pensar solo en las musarañas, pero más allá de la prisa, del hormigón de los edificios, de los restos que se han fragmentado amontonándose en los huecos, cada amanecer despierto con el sutil aroma de la altabaca, del salitre que invade mi ventana y en  ellos vislumbro la esperanza de la poesía.

Mª Carmen Jiménez Aragón
POEMAS ATÍPICOS 
    Ella salió del edificio a toda prisa sin querer aceptar el "no" que le habían dado en la editorial. Debió estar soñando con las musarañas al vislumbrar la remota posibilidad de que le publicaran y hacerse un hueco en el Círculo de Escritores de Poesía Terrorífica. Pero este jarro de agua fría la despertó y la trajo a la realidad dejándole, incluso, un sabor a salitre en la boca.
    Aun así no se rendiría, ya encontraría dónde le aceptaran su "Altabaca sangrienta" o "El delfín del fin". Solo se trataba de fragmentar estrofas y meter algo melodioso de relleno.

Lidia Molina Zorrilla
MEDITAR PARA (NO) SAN(GR)AR
    Me vuelve a sangrar la nariz como en aquella ocasión en la que, gracias a un remedio casero de mi hermano, descubrimos que soy alérgica a la altabaca. Solo una señal más de mi cuerpo tratando de frenar esta prisa que conduce mis días.
    Necesito entregarme un rato a las musarañas. Meditar.
    ―Antes de dormir busco el hueco  ―me prometo.
    Ya en la cama. Meditar. ¿Cómo era? Unas escaleras, había que bajarlas creo, vislumbro la salida, pero el edificio comienza a fragmentarse, trato de ignorar los daños y continúo concentrada, encontrar un lugar seguro, eso era... Y aparece ante mí un escritorio impoluto, unas cuartillas, un boli bic y un lápiz, elección sencilla esta.
    Me siento y el grafito parece escribir solo...
«La tristeza se disfraza de cansancio,
las sonrisas forzadas saben a salitre,
poesía amarga que mi llanto calla».
    Una voz cálida me despierta. Busco la hora, agobiada.
    ―Tranquila, son las tres, parecías tener una horrible pesadilla.
    No respondo, si no lo escribo ahora mañana lo olvidaré, cojo el móvil y tecleo «Me vuelve a sangrar la nariz...»

Antonio Mora
VOLVER A NACER
   Dejó su fama, su dinero y su éxito por volver.  Para su tranquilidad, todo aparentaba estar tal y como quedó cuando decidió irse. La fachada tenía ya muchos desconchones, pero la puerta seguía conservando algo de su antaño color azul.
    Con mano temblorosa giró el pomo y entró. Un torbellino de recuerdos le asaltaron. Se vio con nueve años, cuando aquellas paredes tenían vida y el olor a salitre lo inundaba todo junto a las hierbas de su abuela en el rincón que hacía de cocina. Hierbabuena para los guisos, altabaca para curar sus heridas.
    Unas amarillentas hojas, firmadas por un tal Manuel Altolaguirre, plasmaban los versos de una poesía dedicada a su abuela.
    Por el pequeño hueco del ventanuco podía vislumbrar la perenne orilla donde la mar iba a morir, y se distraía, como cuando era pequeño y pensaba en las musarañas en vez de darse prisa por terminar los deberes del colegio. El edificio seguía estando justo detrás. Recuerda que el maestro le obligaba a fragmentar incomprensibles ecuaciones que lo hacían despertar de su mundo, aquel que vino a recuperar.

Dori Calderón Ramos
ADIVINA, ADIVINANZA
    Alta me llamo, Baca también...
    Sin prisa salgo del coche y, al mirar aquel matojo de flores amarillas, viene a mi memoria aquella adivinanza que mi abuela me canturreaba de pequeña sobre la altabaca. Ante mí, un edificio por cuyos balcones, con barrotes roídos por el salitre, se pasea una musaraña.
    Desde mi posición puedo vislumbrar un enorme hueco en el techo y una gran grieta fragmenta la casona en dos.
    Trato de despertar de la terrible pesadilla, pues aquello no puede ser la hermosa casa junto al mar con exuberante jardín y bellos balcones desde donde contemplar el mediterráneo que había alquilado con el fin de pasar el verano y terminar mi libro de poesía.
  El precio me pareció astronómico, pero la foto del lugar lo merecía.
    Atónita, bajé la mirada al matojo amarillento... Alta me llamo, Baca también, quien no sepa mi nombre, un tonto es. Pues sí, ¡tonta de remate!

Carmen Danna
LA SANADORA Y EL MAR

    Este viaje por la isla había sido por vacaciones. Tal vez no sea casualidad, toda la vida es una serie de acontecimientos llenos de coincidencias mágicas fuera de todo fragmentar racionalista.
    Aquel día, al despertar, tuve prisa en el paseo para la búsqueda de la altabaca, para poder aplicarla en pacientes que trataba en mi consulta. El salitre me llegaba. El mar parece que te habla en sus olores, la vida misma es una ráfaga de olor en el universo, no el tiempo lineal en el que creemos vivir.
    La musaraña rebuscaba entre los matorrales, ella se metió en un hueco dejándome a un lado, como la que deja a un lado un edificio en su camino. Los rayos de sol de la mañana hicieron vislumbrar ante mí la maravillosa planta sanadora. Pedí permiso al universo vegetal y la envolví en un hermoso pañuelo, dándome prisa en volver al hotel, para que no se me muriera.
    Aquel día llevaba dentro de mí toda la energía del mar y las flores que me inundaron de poesía.

Maite de la Cámara
CICATRICES
    María, cada mañana, abría  la ventana de su dormitorio y quedaba impregnada del salitre que desprendía el mar.
    Desayunando, ensimismada en sus pensamientos, le costaba salir del mundo de musarañas que había fabricado desde aquel día en  que Luis desapareciera de su vida sin ninguna explicación.
    Llegaba tarde al trabajo, salió a toda prisa del edificio y, a lo lejos, vislumbró la silueta de alguien familiar. Al intentar alcanzarle, metió el pie en el hueco de una alcantarilla rota. De repente, frente a ella, una mirada cautiva que la sobrecogió hasta llevarla al desmayo.
    En el hospital, cuando despertó, le dijeron que se había fragmentado un tobillo y que la habían traído en una ambulancia. Ella preguntó si le había acompañado alguien hasta allí, a lo que la enfermera respondió que no, que estaba sola.
    Le entregaron una bolsa con sus pertenencias y entre ellas había una nota que decía: 
   "Querida María, ponte altabaca para el dolor del pie y para curarte el alma lee poesía. Cuídate siempre, Luis."