domingo, 6 de marzo de 2022

RAFA NÚÑEZ GANA EL CONCURSO DE MICRORRELATOS DE COLMENAR, MÁLAGA

 



Hace unos meses nuestro más activo e intrépido compañero Rafa Núñez participó en distintos concursos literarios de la zona, estamos de enhorabuena ya que ha sido el ganador del concurso convocado en el vecino pueblo de Colmenar. 

A continuación podréis leer el relato ganador.

CORAZONES

Ocho figuras y nueve sillas, se reflejan en una fresca tarde de invierno, peinan canas, algunas ojeras y arrugas llenas de recuerdos surcan sus rostros. Sentados en la terraza de Los Moriscos, entre aromas a café e infusiones.

Este año es raro y triste por muchas circunstancias, pero ellos no han dejado de acudir a su cita para ver a la Candelaria. Y ahora miran hacia las montañas que envuelven, en la lejanía, al pueblo, allá se ve una diminuta mancha blanquecina, rodeada de tierra recién peinada para la siembra, hasta allí llegaba el latido de sus pechos, al cortijo Corazones. Tal vez los juncos más viejos que se arremolinan junto al arroyo, hayan oído hablar de los nueve hermanos que corrían por allí hace años, llenando los campos de vida, de risas e ilusiones.

Era un año diferente, el 59 había dado paso al 60, y era también una semana diferente, ese domingo era la procesión de la Candelaria, y hasta el viento parecía saberlo, los había despertado con entusiasmo.

Los seis muchachos salieron rápidos para los corrales a darle la primera vuelta a los animales; Rafael les iba guiando y siempre estaba pendiente de los demás; Pepe llevaba la cántara de leche tibia que esperaban en la cocinilla, la puerta al exterior era pequeña y ya se tenía que agachar para entrar. Entonces, le llegaba el aroma a café molido y el sonido del molinillo haciendo crujir los granos.

Las tres hermanas se esmeraban en preparar el fuego, algo de pan caliente y manteca colorá. Ellas se miraban con una chispa especial en los ojos, se darían prisa por hacer todas las tareas, y así disponer de un rato por la tarde para terminar de coser la ropa para el domingo. El maestro, que había dicho que iría el martes, quedó en llevarles unos botones que les faltaban para poder terminarlos. Telas de colores discretos, pero con la fuerza de un atardecer, y el pedaleo de la máquina de coser, eran la banda sonora de las últimas tardes.

La procesión de la Candelaria era un día especial, Colmenar se llenaba de todas las personas de los cortijos que se perdían en la sierra, gente con ganas de hablar, de reír, de echar unos vinos y por qué no, enterarse de lo que les pasa a los paisanos.

El martes llegó el maestro, un rato antes de comer, siempre aprovechaba para llenar el estómago antes de darles la lección por la tarde y, discretamente, les dio un paquetito envuelto en papel marrón. Ellas sonrieron y se fueron con las cántaras a por agua. Por el camino, iban hablando de lo bonitos que quedarían los vestidos, que si les podían poner unos lazos… Y así pasaron la tarde, imaginando, ilusionadas, su paseo por el pueblo, subir por la calle de La Ermita, ver a las amigas de los Silva y pasear entre el bullicio de personas conocidas, y otras que no.

Los hermanos no estaban tan ansiosos, ellos de vez en cuando se daban una vuelta por el pueblo después de terminar en el campo, eso sí, más de una hora caminando tampoco es para ir a diario. A ellos les gustaba más la feria, irse a Casapalma y reírse con las vaquillas y los atrevidos que se bajaban a la arena a riesgo de ser revolcados. Pero también les apetecía dar una vuelta por la Plaza de Los Árboles y, por qué no, sonreír a las muchachas que paseaban en grupo.

Ya para el jueves, estaban los vestidos impecables, esperando la caricia que Mari les daba con la plancha. Chaquetas y pantalones de domingo esperaban en cola a que el fuego calentase el hierro. Entre tanto, Camila y Rosa estaban en la cámara, con la complicidad del grano allí acumulado, leían la carta de un pretendiente, sonrojadas y soñadoras, viviendo las palabras tatuadas en el papel.

Para el sábado estaba todo preparado. Paco estaba enfadado porque, al ser más joven, le tocaría acompañar a las hermanas mientras los demás podrían irse a fumar los primeros pitillos y entrar en los bares. Bueno, todos no, seguro que Julián cogería dirección hacia el cortijo Chacón, canturreando, sonriendo, buscándola a ella.

Y llegó el domingo. Los animales comieron, fueron ordeñados, el fuego del hogar revivido y todo lo que había que hacer, se hizo. Pero el cortijo pronto se quedó en silencio. Nueve figuras caminaban carril abajo, Manolo y Ramón iban con paso tranquilo, mirando como Colmenar de vestía de fiesta, con aromas de romero, procesión y alegría. Mientras, los demás, aligeraban el paso, pensando que podía ser un domingo diferente, especial.

Ocho figuras y nueve sillas, recuerdan en 2022, aquellos años, los de juventud y nervios, los de expectativas que fueron logradas, que fueron abrazadas por todos. Y aunque con rincones llenos de dolor, miran hacia la mancha blanca que se ve en la lejanía, el cortijo Corazones, su hogar, y sonríen.

1 comentario:

  1. Una vez más mi enhorabuena por plasmar en tus letras las vivencias, tradiciones y añoranzas de muchas familias, de esa forma tan bonita como lo haces. Gracias!!

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