miércoles, 8 de septiembre de 2021

II. ME LO DICES O ME LO CUENTAS

     Ya conocéis uno de nuestros ejercicios más populares, os presentamos este nuevo apartado en el que, utilizando algunas palabras elegidas al azar por varios miembros del Club de Lectura y Teatro, elaboramos microrrelatos, reflexiones, microcuentos, incluso poemas, donde encontraréis originalidad, diversidad y muchas ganas de transmitir.

   El máximo de palabras estará condicionado al número de términos clave a incluir en el texto, pero oscilará entre las 150 y las 180.

   Las reglas siguen siendo las mismas: los verbos pueden utilizarse en cualquier tiempo y persona, incluso en sus formas no personales; los sustantivos y adjetivos pueden usarse tanto en masculino como en femenino, y en singular o plural, según convenga; lo que no se debe hacer es utilizar una palabra cambiándole la función de debería desempeñar en el texto (el adjetivo "amable" no se puede sustituir por "la amabilidad", porque entonces lo convertimos en sustantivo).

   En esta ocasión son diez las palabras propuestas para incluir en las historias: COSMOS, SIBARITA, BASTIDOR, ENAGUA, GRAVAR, CARICIAS, TUIT, CARNE, MESA y MOLDEAR.
 
   Esperamos que disfrutéis de la lectura.


M.ª Jesús Campos Escalona
AUTÓMATA
     En la oscuridad de la noche, moldeo la suave carne de tus pechos.
Como un sibarita, me regocijo en un mar de caricias. El mensaje de un nuevo tuit ilumina mi móvil. ¡Se me acumula el trabajo!
Tras la enagua de la mesa de la cocina aparece un negro felino, me mira con cierto aire de displicencia; salta sobre un bastidor que rueda por el suelo.
     Trato de concentrarme. Con movimientos sublimes, te llevo una y otra vez a la cumbre y, allá en el cosmos más absoluto, gritas de placer, exhausta.
     Me doy una ducha rápida mientras pienso que los del banco, este mes, se hallarán contentos con todo lo que tengo que gravar.
Me miro en el espejo; camisa blanca impoluta, traje negro y mirada que derrite hasta el témpano más indestructible. Mi nueva clienta no puede esperar.


Laura Pérez Alférez
EFECTOS SECUNDARIOS
     Un hambre furiosa me corroe, apenas he comido desde mi dosis de Astrazeneca. Mi habitación es un cosmos vertiginoso que no para de girar, tropiezo con las enaguas de la mesa y el bastidor de la puerta golpea mi cabeza.
     -¡Manténganse tras las vallas!- Oigo sirenas y gritos.
    Una voracidad ciega me empuja a la calle, intuyo que detrás de esa valla está mi comida.
     -¡Deténgase, o abriremos fuego!- Vociferan.
     Me arrastro hacia la gente, necesito mi alimento.
     Unos brazos protectores intentan levantarme, me abraza y acaricia
mi cabeza apoyada en su hombro.
   -¡Paren, es nuestro vecino!- Reconozco la voz de la chica del primero B. Su olor voluptuoso grava sobre mi conciencia, como un tuit, en mi apetito desmesurado, mientras moldeo con mi lengua su carne tierna y jugosa.
    Mis papilas dilatadas manan efluvios de lúbrica saliva, que resbala impúdica desde la comisura de mis labios hasta su apetecible cuello.
   Le clavo una mordida sibarita en su tentadora carne, extasiado disfruto el cálido sabor de su aromática sangre inundando mi paladar.


Benet da Silva
TODO TIENE UN LÍMITE
     Desde niño quería ser astronauta. Le atraía todo lo relacionado con el cosmos. Priorizó sus estudios y cuidar su forma física incluso a las caricias de aquella preciosa joven, sabía que ambos aspectos podían gravar su puntuación impidiéndole alcanzar su sueño.
  Una vez doctorado en ingeniería informática, accedió al entrenamiento donde moldearían ciertas características inherentes a los viajes espaciales, superando cada una de las fases. La dificultad sobrevino al tener que habituarse a una nueva dieta.
      De un bastidor repleto de bandejas tomó varios sobres, tras leer la composición de su contenido, fue hasta la salida del simulador.
Era demasiado sibarita para tragarse aquellas imitaciones.
     Días después se relamía al percibir el aroma del guiso de carne que humeaba sobre la mesa del salón cubierta por una enagua. Por la tarde en su twiter, se podía ver la fotografía de su almuerzo y otra de aquellos sobres, como pie de foto, un tuit que decía:
     "Todo tiene un límite, no hay comparación posible".


Cande Molina Mostazo
LAS ESTRELLAS DE LA CAJITA
     La casa olía a cerrada, abrí las ventanas para que entraran los rayos de sol y la brisa del mar. Comenzamos a quitar las sábanas que cubrían los muebles, el bastidor aún tenía el lienzo de su última pintura, que no pudo acabar. Miré a mi alrededor, sin duda, fue una persona sibarita, con muy buen gusto y admiradora del arte. Siempre tuvo el poder para moldear su futuro según sus pensamientos y filosofía. No comía carne, una total rebelión en su época.
     Veo el tuit del tasador: "la tasa que grava no es excesiva", pero no estoy segura de si quiero subastar los muebles y cuadros, son tan míos como sus caricias, demasiado apego y cariño por la casa.
    Levanté la enagua de la mesa donde solía esconderme y allí estaba la caja mágica, al abrirla, en la oscuridad, se podía ver el cosmos, observé detenidamente la cajita y recordé las palabras de mi abuela: “cuida muy bien de ella, su cielo estrellado es un gran tesoro”. Cómo no me había dado cuenta antes, las estrellas eran diamantes, la casa de mi infancia seguirá intacta.


Montse Martínez Serrano
RELACIÓN CARNAL
    Pégate a mí como si fuese un agujero negro y deja que grave tus caricias para que sellen mi carne caliente. Con yemas sibaritas moldea mi cuerpo de motas de colores y crea un nuevo cosmos sobre mi lienzo desnudo. Paro de escribir, cierro el diario y cojo el teléfono de la mesa. Necesito de ti. Poso para la cámara y subo una foto. Las enaguas virtuales esconden mi deseo prohibido. No respondes al tuit. Desalentada, cojo de nuevo el diario y sigo llamándote con palabras y conjuros para que vengas a mí. Y entonces llega un nuevo whatsapp. Tuyo. Con melodía personalizada, la canción del verano de las vacaciones en familia que pasamos el año pasado. Leo tu mensaje. “Ojalá no haya bastidor que encuadre lo nuestro. Me cansé de darte a like. Vente a mi casa. Te deseo tía”.


M Carmen Jiménez Aragón
A LA ENÉSIMA VEZ… SE DIO POR VENCIDO
Bajo las enaguas de la mesa, en algún lugar al otro lado del universo, un niño jugaba a ser creador. Su sueño era originar un cosmos que pudiera moldear a imagen y semejanza de su mundo conocido, y casi lo había conseguido. Era hora de poner en escena a los seres vivos. Creó al hombre y a la mujer, pero entre bastidores se escondía el mal que los hizo caer en la tentación de la carne, sus caricias gravarían su existencia con el exterminio, pues el niño desechó aquel proyecto de humanidad, no era exactamente lo que él había visualizado.
Decepcionado nuevamente, ya que un sibarita como él no podía
permitirse la autoría de algo defectuoso, envió un tuit:
     “Intento de creación n.º 22: FALLIDO. Mañana más, y espero que mejor”.


Gema Frías Luque
AVENTURAS CÓSMICAS
     Soy de inventar una nueva historia en cada tuit para moldear mis vivencias, ahuyentar al sibarita que llevo dentro, sin mucho éxito. La carne es débil y lo que se me venía encima no era plato de desperdicio. Entre bastidores, me observaba la camarera de piso, hasta que se armó de valor y, con la mirada perdida como quien observa el cosmos, se dirigió a mí llamándome alteza. Le seguí la corriente al ver el gran afecto que profesaba por la monarquía y acabamos dedicándonos caricias sobre la mesa de enaguas rojas. Desperté en el suelo, media hora después, y tras constatar mi onírico desconcierto, aproveché la ocasión para subir un nuevo tuit. Al abandonar el hotel me gravaron junto a la factura un impuesto por hacer publicidad fraudulenta del establecimiento.


Dori Calderón Ramos
UN DESEO
     Abstraído en sus pensamientos no se percató de que Cúrcuma pretendía zamparse la carne que había sobre la encimera.
      Zapeó al gato, que corrió a guarecerse bajo la enagua de la mesa, y una vez más ojeó el periódico dominical, no podía creerlo, quizás el cosmos se alió con él, pero allí estaban sus palabras.
     Ante la insistencia de sus amigos, días atrás moldeó aquel texto para convertirlo en microrrelato y enviarlo al concurso. Él les recordó que era poeta, que las palabras sin caricias emotivas y musicalidad no eran lo suyo; aún así el tesón de sus compañeros gravó sobre él y, sin querer ser sibarita, dibujó en papel sentimientos y alguna idea que le llegó como inspiración, dando como resultado ciento cincuenta palabras para el concurso.
     Un tuit sonó en su móvil y precisó apoyarse en el bastidor de la puerta, era el ganador del concurso.


Mercedes Rodríguez Silvente
ANASTASIO Y YO
     Viajé hasta Melilla, quería adquirir un vehículo, allí los impuestos gravan menos. El avión aterrizó y, al bajarme, lo primero que hice fue observar el cosmos, este estaba estrellado y con una gran luna.
   Me dirigí al hostal concertado, para mi sorpresa al llegar me esperaba un atractivo sibarita. Estaba apoyado en el bastidor de la puerta, me sonrió y me invitó a pasar, cogiendo mi equipaje.
  Entramos al comedor, me encontré con una mesa, la cena preparada, un “tajine” con una deliciosa carne. Mi anfitrión se presentó.
     —Mi nombre es Anastasio, y te envié un tuit.
     —¡Ah! es cierto —contesté sonrojada.
   Cenamos, bebimos y, concluida la cena, comenzamos a charlar. Anastasio, levantando mi enagua, moldeó mis piernas con sus caricias. Hicimos el amor en aquella alfombra marroquí.
    Al día siguiente tenía que marchar, desperté y le dejé una carta a mi seductor anfitrión, donde describía mi bonita experiencia.
Recogí mi coche y embarqué hacia Málaga.
     Al llegar me encontré a mi enamorado esperándome en mi portal.


Jose A. Ortega Cuadra
CENA BAJO EL COSMOS
     Teniendo en cuenta mi ocupación, no pude evitar pensar en los impuestos que tendrían que gravar por el lugar al que fuimos.
     Sentados a una mesa, ella vestida con un conjunto muy pin-up (enagua incluida), esperando, cual sibaritas, un suntuoso plato de carne.
      El local estaba en la azotea de un edificio, con el Cosmos como techo y una claraboya con un bastidor de madera muy bonito. Aunque toda la decoración era maravillosa.
     Mientras esperábamos los platos no quería ser descortés y puse en silencio el móvil, para así dejar de escuchar al pajarito con sus tuits.
Mi mayor placer era su presencia y notar sus caricias en mi mano, moldeando en mí las ganas del mejor final para esa velada.


Rafa Núñez Rodríguez
RUPTURAS
Planetas grises
pintando un cosmos silencioso,
estrellas opacas
que se funden en su triste mirada.
Sus ojos intentan moldear paisajes ausentes de caricias,
una habitación fría,
una mesa con enaguas curiosas,
pero sin secretos bajo ellas.
Mira el teléfono,
ningún tuit refleja su corazón roto,
ni hablan de su carne ausente de sangre.
Un bastidor de huesos y músculo
la mantienen en pie,
nunca pensó que aquel sibarita gravase en ella
los impuestos que se pagan
con los sentimientos perdidos.
Y ahora se siente hipotecada,
pagando eternamente por una relación terminada.

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